Mataron a una travesti: alevosía, ensañamiento y odio de género en el crimen de La Chicho

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Marcela Garmendia es la jueza de Garantías que afirmó todo lo actuado por el fiscal Marcelo Romero y le agravó al acusado Tomás Cerletti el dictado de la prisión preventiva. La travesti fue asesinada de 16 puñaladas por decirle “lindo” a Cerletti.

Lejos de ser algo exclusivo de las veredas tropicales, la sangre de las locas suele salpicar también los adoquines sureños. Se recordará la serie de ejecuciones desatadas cuando los estertores de la última dictadura, a la luz odiosa del perdido fiord. O, asimismo, el ametrallamiento de los travestis que exhibían, en la Panamericana la audacia de sus blonduras. En ambos casos, se impone la pregunta: ¿se trata, en verdad, de conspiraciones de inspiración fascista (estilo Escuadrón de la Muerte o Triple A)? ¿O, más bien, de cierto clima de terror contagioso que tensa hacia la muerte los ya tensos enlaces del submundo (“cuando uno mata, matan todos”, condenó un taxiboy durante la ola de crímenes porteños)? Néstor Perlongher

Hace poco más de tres semanas se difundió el video del travesticidio de La Chicho, en un primer distintos medios de comunicación no sabían de la identidad de ella así que una vez más no respetaron su identidad. Su crimen instalado en la sección policial fue sacado de allí cuando su nombre se volvió consigna de la Marcha del Orgullo del 2 de noviembre y sigue siendo bandera porque se sigue escuchando el grito: ¡ni una travesti menos!

Desde hacía años La Chicho esperaba un trasplante de riñón, le gustaba la música pop y tenía dos pensiones por discapacidad. Tenía 49 años cuando fue asesinada por Tomás de 22.

“Ella vivía siempre en pensiones o habitaciones por esa zona: la Estación, 1 y 38, Tolosa. Solía vestirse “al estilo de Michael Jackson” pero también le gustaba “la onda Madonna, con el short bien cortito. Él jodía por lo que le pasaba en las patas: al tener tanto tiempo de diálisis tenía muy hinchado, las venas, todo. Estaba esperando desde hacía 20 años. Desde que lo conocí”, dice Víctor un amigo de La Chicho para P12.

Lindo

La Chicho le habría dicho a Tomás Cerletti: “que lindo que sos”. Esas palabras fueron suficientes para que Tomás la corra, la ataque por la espalda, la tumbe, e de patadas en el piso y le propicie 16 puladas que fueron la causa de otra muerte màs por odio de género.

El fiscal encuadró el caso como homicidio agravado por alevosía y ensañamiento. La jueza mantuvo esas dos agravantes y le sumó la de odio al género u orientación sexual para encuadrar “el hecho como homicidio triplemente agravado, delito que acepta como pena única la de prisión perpetua”, según informó el portal 0221.com.ar.

Ni un trans, ni una trava menos por violencia machista

“67 personas murieron en Argentina en 2018, como consecuencia de crímenes de odio basados en la identidad sexual y falta de acceso a derechos básicos. La mayoría de las víctimas fueron mujeres trans. La cifra surge del informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en articulación con la Federación Argentina LGBT. Once mujeres trans y seis varones cis gay fueron asesinadxs, mientras que 43 mujeres trans murieron por ausencia y/o abandono estatal. También el informe releva siete suicidios (cinco de mujeres trans, un varón gay y una lesbiana)”, informó la Agencia Presentes.

En lo que va de 2019, treinta son los fallecimientos: una muerte cada 96 horas. Las defunciones registradas fueron por causa de asesinatos, suicidios y travesticidios o transfemicidios sociales, siendo estos últimos los más numerosos.

El Observatorio Nacional de Crímenes de Odio hacia Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans -creado por la Defensoría LGBT, la Federación Argentina LGBT (FALGBT) y la Defensoría del Pueblo de la Nación- publicó su informe anual 2018 sobre crímenes de odio hacia la disidencia sexual. El relevamiento muestra que las mujeres trans son las más afectadas, con 59 muertes. Sin embargo, el informe refleja que los datos recolectados muestran números muy por debajo de los reales dado que existe un subregistro al que no se accedió porque muchos casos no son denunciados o, en otros tantos, no se registra a la persona asesinada como trans porque no se respeta su identidad de género.

Odio

El odio hacia la diversidad sexual se sustenta de insituciones medievales como las distintas iglesias – que son avaladas y financiadas por el estado – y que siguen difundiendo mensajes de odio. Bergoglio tratando a las personas trans como bombas nucleares, Agüer tratando a las personas trans como antinaturales o los propios evangelistas oponiéndose a la educación Sexual Integral, que entre otras cosas, enseña el respeto por la diversidad.

Pero no solamnte se trata de la Iglesia o de la constante y resonante persecución policial. Esa misma que esta en cada esquina de las zonas rojas prestas a ejercer su odio de género. El intendente de La Plata, Julio garro no solamente prohíbe sistemáticamente las marchas del orgullo sino que en una entrevista radial del 2015, declaró: “No se me ocurre darle un trabajo a un travesti, cuando hay madres y padres de la ciudad con hijos que tienen hambre”, dejando en claro su pensamiento discriminatorio hacia las personas trans, que sostuvo durante los dos años que lleva de gestión, negándoles la posibilidad de empleo y no generando políticas concretas que mejoren la calidad de vida.

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Cabe recordar que es la provincia donde Magario se proyecta provincialmente y va a querer avanzar con el modelo que ya implementó: no solo deja la deuda y el ajuste sino una estrecha relación con las iglesias católica y evangélica. Ha destinado fondos del Estado para crear una secretaría de Culto mientras niega la creación de una secretaría de la Mujer, la implementación del cupo trans que ella tanto se jactaba de implementar, la creación de refugio para las mujeres en situación de violencia.

Luchar

La pobreza y la discriminación está creciendo al compás del Fondo Monetario Internacional, eso se expresa en cada vez más gente saliendo a la calle a hacer changas, vender productos a bajo costo y demás rebusques para incrementar un poco (muy poco) sus ingresos. También se ve en los recortes que se sufre en el área sanitaria como en la falta de antirretrovirales o la entrega de hormonas. Y desde el Estado esa realidad es respondida con “no hay que salir a la calle”, “hay que esperar”. Ya estamos en el 2019 y sin embargo seguimos peleando contra una política de ajuste que implementó Cambiemos pero que votaron también los peronistas.

La única que queda es no dar nada por sentado, no confiar en Instituciones y Gobiernos que sólo nos quieren dar migajas a problemas estructurales y organizarse de forma independiente, porque la muerte de La Chicho no fue en vano y porque en las calles “somos muchos más que dos”.



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