"Me siento un varón": visibilidad de la existencia trans en 100 días para enamorarse

0
118


Los hombres trans no existimos a partir de la serie, pero si, fue un puntapié para poder debatir una realidad sobre una identidad de género que tiene un promedio de vida de 35 años.

Durante buena parte de la trama prefiere que le digan Juani en lugar de Juana. Es un adolescente transexual y además es un personaje de ficción. Su presencia no solo pone en la pantalla la existencia trans masculina sino que ubica en un lenguaje televisivo hallazgos y realidades desde la existencia de la ley de identidad de género argentina hasta la resistencia en los colegios a impartir educación sexual.

Una vida afuera de las estructuras, así es la vida de Juani (Maite Lanata). Un adolescente que, cuando no está en el colegio, pasa sus días en longoboard por la Ciudad de Buenos Aires. “Mujer”, dijo la partera cuando nació. Pero él sacó la “a” de su nombre y lo reemplazó por una “i”. Así exige ser nombrado: Juani en los primeros capítulos. Su madre Antonia (Nancy Duplaá) y su padrastro Coco (Pablo Rago) lo acompañan, tratando de no ser invasivos, pero con una preocupación genuina.

Su transición jugó a las escondidas en los primeros capítulos; no está verbalizada, pero es manifiesta. Pocas veces se suelta el pelo, es introvertido y en ningún momento se refiere a sí mismo en femenino. No así el resto de los personajes, quienes escogen no ver o esquivar las señales que da el adolescente. Sin embargo Juani tuvo voz: “Me siento un varón”, le dijo a su madre cuando ya no se podía o mejor dicho, él no podía seguir negándolo. Es así como ahora exige ser llamado Juan.

La serie tiene el mérito de visibilizar cómo es la vida de una persona trans, aunque cae en algunos clichés que, si bien parten de una realidad, no todos los trans vivimos de la misma manera. Juan enfrenta con valentía las patoteadas de Tommy, un rugbier de su curso, pero tolera el desdén de las meangirls que tiene por compañeras. Situaciones así viven miles de adolescentes cotidianamente. La novela tiene el mérito de ponerlas sobre la mesa pero, en cierto modo, las naturaliza: a la violencia hay que combatirla en todos los ámbitos.

Juan no recibe educación sexual en la escuela. Sus directivos están en contra, como sucede en algunos colegios en la realidad. No es casual. La ESI encontró implementación durante el kirchnerismo pero su artículo 5 permitía la incidencia de la Iglesia ya que dejaba en manos de los directivos aplicarla o no. A pocos días de asumir como primer mandatario, Macri modificó el Decreto N° 357/2002 que reglamentaba la creación del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable. Su único propósito fue la disolución del programa y el despido de sus trabajadores.

En la ficción, como en la realidad, las leyes que supimos conseguir siguen estando en el plano de la igualdad legal. El joven se enfrenta a sus profesores cuando, en repetidas oportunidades, dividen las actividades para hombres y mujeres. Lo hace cuestionando heterónoma, que no refleja su identidad y tampoco su deseo.

El docente Fidel (Michel Noher) es un sostén con el que cuenta y juega un rol positivo incentivando a Juani y sus compañeros a través de la lectura de diversos autores. Uno de ellos es Manuel Puig, quien sabía hacer maravillas de la miseria cotidiana, los prejuicios y la definición de cada uno desde los otros, y tiene una influencia particular sobre Juani. En la mirada de Juani se ve el miedo, pero también una imaginación que vuela; es un Hombre T millenial que transita un camino con poco acompañamiento, mientras los prejuicios y los chismes proliferan en las redes sociales. Es discriminado, pero tiene oportunidades y una rebeldía que, en el desarrollo de la serie, veremos si aprovecha.

Él no es expulsado de su casa cuando su madre descubre la incomodidad con su cuerpo, o cuando se enteran de que le gustan las chicas. Juani tiene la posibilidad de ir a una escuela, no tiene que prostituirse para subsistir. Juani sabe leer y escribir, y también sabe cómo defenderse, aunque a veces dude. Se impuso al bullying y le dijo a una chica que le gustaba. No se come los mocos. Vale aclarar que no todas las adolescencias trans son como la de Juani porque la identidad es autopercepción –depende de cada persona y su deseo–; y, en ese sentido, la construcción que se haga de la misma en un momento socioeconómico determinado será tan infinita como personas existan.

No es un dato menor que el joven viva en Argentina. Un país reconocido mundialmente por ofrecer las leyes más progresivas en materia de diversidad sexual, aunque ello no responda a una igualdad ante la vida. La serie constituye una versión progresista de relaciones liberales que Sebastián Ortega supo producir con solvencia y que vende.

Es discriminado y enfrenta resistencia de su propio abuelo (Osvaldo Laport) y de la directora de su escuela, Molfino, que lo tiene entre ceja y ceja y decide expulsarlo cuando se entera de que Juan empezó a usar el baño de hombres. Ahí es cuando sus compañeros, encabezados por su amigo Rodrigo, toman la escuela y reclaman libertad y respeto a la diversidad sexual. Su madre y Laura, su mejor amiga y abogada, aprovechan para darle a Molfino una lección, con la lectura de la letra de la Ley de Identidad de Género que estaba violando por ignorancia y prejuicio. Juan es reincorporado.

Mientras Juan sigue explorando su identidad, descubre que su verdadero padre es Diego Castelnuovo (Luciano Castro). Un médico ginecólogo, quien había dejado Antonia sin saber de su embarazo. Recién vuelto al país y enterado de la noticia sobre su paternidad, decide ser parte de la vida de Juani.

Hasta que se escolarizan, pocas personas viven su identidad como algo angustiante. Recién en la escuela primaria, donde los tabúes de género están más arraigados, lxs chicxs comienzan a sufrir. Padres, docentes e incluso alumnos desconocen cómo abordar el tema y suelen responder desde los prejuicios –cuando no, desde la violencia–.

En la serie, es Juan mismo quien acude a Castelnuovo para hablar sobre su sexualidad. En la vida real, el escenario suele ser diferente. Según explican distintos profesionales de la salud, la mayoría de las niñas y niños que llegan a las primeras consultas por “dudas” sobre su identidad tienen entre 3 y 5 años.

En la novela –con muy buenos actores–, la ficción le hace algunos guiños a la realidad. Juani sigue explorando con miedo, pero sin culpa. Sin embargo, en su colegio no hay pañuelos verdes, ni se vivieron los debates sobre el 13 de junio y la legalización del aborto. Aunque con mucho tiempo de cámara, el joven es un personaje secundario de esta novela del prime time. En las calles, en cambio, miles de pibes y pibas de su edad son verdaderos protagonistas de una pelea histórica.

Esta pelea involucra también la exigencia de separación de la Iglesia y el Estado, un enemigo acérrimo de las mujeres y la diversidad sexual, que hace lobby contra nuestros derechos. La crítica a esta institución reaccionaria financiada por todos los gobiernos, al Estado o a los grandes medios de comunicación que reproducen la violencia machista, está ausente en la tira.

En resumen, la historia de Juan es novedosa para una de las grandes apuestas televisivas del momento, en uno de los principales canales de aire. La empatía se da porque la consigna del #AbortoLegalYa atraviesa a miles de jóvenes, que al igual que Juani se enfrentan a medievales instituciones.

La reflexión final que no puede faltar es que me gustaría que a actores trans se les de trabajo para poder interpretar a personajes trans.

*Publicada previamente en Página 12



Source link