Mendoza: tierra del sol, el buen vino y la precarización laboral

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Suplementos escolares y manuales de historia sobre Mendoza nos han enseñado que la vitivinicultura siempre ha estado signada por las historias de las familias que, sin nada más que su ingenio, con una mano atrás y otra a delante construyeron de la “nada” auténticos imperios del vino. Verdaderos espíritus industriosas si los hay, hoy inmortalizados en nuestras calles principales.

Sin embargo, uno se pregunta de quiénes fueron los brazos que transformaron el desierto en el oasis que hoy conocemos, qué espaldas llevaron los millones de kilos de uva hasta las bodegas o cuántas manos se usaron para etiquetar y embasar semejante cantidad de vino. Verdaderas alquimias de lo que se conoce como la Mendoza capitalista.

Hoy en día, la “nueva vitivinicultura” ahora globalizada, pone valor a nuestros climas, nuestros paisajes y nuestras cepas, lo que se dice nuestro terroir único. La cantidad dejo paso a la calidad. El chabacano consumidor nacional fue reemplazado por el refinado degustador en búsqueda de la última novedad. Cambios también promovidos desde el Estado, han transformado de tal manera a la industria que ya no se trata de sólo elaborar vino. Hoy es una cadena de valor trasnacionalizada que comprende actores locales, nacionales e internacionales y que va desde la producción de vino pasando por las ventas en el mercado internacional y termina por la consolidación de Mendoza como una de las plazas ineludibles del turismo gastronómico y paisajístico internacional. Sin embargo, la copa de vino sigue derramando sólo para las grandes bodegas que avanzan en la concentración económica. Cada año la fiesta se vuelve una celebración entre gobernantes y empresarios por el buen año obtenido.

La COVIAR celebra y nos recuerda los éxitos que tuvo en cumplir con sus objetivos en la defensa del mercado interno, la colación de marcas en el exterior y la integración de pequeños productores a la cadena. ¿Y los trabajadores?, nuevamente no fueron invitados, o están, pero solo para servir y hacer de extras en la fiesta.

Los trabajadores de la viña

Actualmente se estima que la producción primaria comprende cerca de 53.600 trabajadores. Según las últimas paritarias de 2019, un obrero común cobra $14.025,75 y un obrero calificado $14.727,04, muy por debajo de la canasta básica familiar y de la línea de pobreza. La diferencia de remuneración entre un trabajador calificado y no calificado expresa que para el sector patronal las calificaciones de un trabajador de la viña son desvalorizadas como cualificaciones. Recordemos que la vitivinicultura tiene muchas tareas que forman parte de una expertise para obtener un racimo sano, bien cortado y correctamente transportado. Sin embargo, todo este trabajo para un cosechador significa sólo 19 pesos por tacho este año.

Respeto a la estacionalidad, se estima que cerca del 78,1% del trabajo es temporario sobre todo concentrado en la cosecha y acarreo. La fuerte presión a la informalidad del sector que exige la temporalidad del trabajo ahora es profundizada debido a las nuevas formas de contratación por cooperativas de trabajo truchas, empresas de colocación de servicios o por cuadrilleros para abastecer los requerimientos de la cosecha. Lo que impacta fuertemente en la precarización del sector ya que se desdibuja quién es el contratante, con quién se negocia los salarios y a quién se le reclama por las enfermedades y accidentes en el trabajo.

Los últimos anuncios del gobierno nacional sobre el aumento del 150% del mínimo no imponible, significa que sólo a partir de los $17.000 los sectores empresariales comienzan a pagar aportes. Si tenemos en cuenta los bajos sueldos pagados prácticamente las empresas ahorran en toda la mano de obra, lo que representa un ahorro del 20% en la presión fiscal del sector.

Los trabajadores de bodega

Se estima que son 40.000 trabajadores de Bodegas, donde la mitad son trabajadores permanentes. Hoy un operario común de bodega cobra $14.693, lo que representa un 64,8% de la Canasta Básica Total calculada en $22.661,18 para una familia tipo en Enero de este año (DEIE, 2019). No existen datos fehacientes sobre el impacto de la desaceleración de la economía en el nivel de empleo dentro de las bodegas. A partir de algunas entrevistas a operarios, comentan que las bodegas están reestructurando las plantas disminuyendo la cantidad de trabajadores a través del adelanto de jubilaciones aumentando la contratación de trabajadores a través de cooperativas de trabajo fraudulentas o aumentando la intensidad del trabajo de los que mantienen todavía sus puestos de trabajo. Esto invisibilidad la desocupación que funciona como un disciplinador de los trabajadores que por temor a la pérdida del trabajo terminan aceptando el deterioro de las condiciones de trabajo.

Otro aspecto, es la invisibilidad de la siniestralidad laboral en las bodegas. Para los accidentes laborales no existe una estadística fehaciente ya que los registros de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo subvaloran el número al no registrar algunos accidentes y enfermedades como laborales. Por otro lado, la reforma de la Ley de Riesgo del Trabajo ha quitado una gran cantidad de enfermedades registradas como laborales y ha reformado los procesos judiciales, que bajo la excusa de “agilizarlos”, ha llevado a desproteger y disminuir más aun las posibilidades de litigar del trabajador. El último caso público de 2 operarios de Bodega Chandon que terminó con la muerte de Emiliano Calivares, de 23 años y Maximiliano Tello, de 30 años tras sufrir una caída al realizar tareas en altura sobre un tanque, demuestran que lejos de ser sólo un accidente son parte de los riesgos reales que tiene un trabajador en una bodega.

Trabajadores de la fiesta de la vendimia y del complejo hotelero-gastronómico

Hoy en día la vitivinicultura y la fiesta de la vendimia forman parte de un complejo entramado hotelero-gastronómico y de entretenimiento local e internacional, que cada fin de cosecha se vuelve un importante centro de atracción turística. Desde hace años, el turismo ha sido uno de los principales motores de la economía provincial. En el año 2016, los ingresos por el enoturismo a la provincia fueron de 1.137 millones de pesos.

En el 2018 la principal fuente de ingresos fue el rubro de Comercio, Restaurantes y Hoteles represento el 22,8% del Producto Bruto Geográfico de Mendoza. Sin embargo, como contracara de esta bonanza la rama de restaurantes y hoteles presenta una alta proporción de trabajadores no registrados con un 50%, ubicándose en tercer lugar, luego de Servicio Doméstico y Construcción. Se estima que entre trabajadores formales e informales las diferencias salariales son del 100%, es decir, que los trabajadores no registrados cobran la mitad que sus compañeros en blanco. Este sector, compuesto mayormente por jóvenes son requeridos por poder adaptarse a los horarios flexibles y prolongadas jornadas laborales que aumentan con el requerimiento de la fiesta de la vendimia. En muchos casos la jornada laboral pude llegar a las 12 horas ininterrumpida, siendo uno de los sectores con mayor sobreocupación horaria y peores sueldos. Los horarios rotativos, muchos de noche, hacen que el desgaste físico y psíquico sea muy intenso. Hoy un mozo gana 14.469, mientras que un ayudante de cocina gana cerca de $15.141 de básico.

Por otro lado, está los hacedores de la Fiesta Nacional de la Vendimia, que bajo su gran esplendor esta el trabajo de cientos de actores de piso, acróbatas, traspuntes, utileros, bailarines, músicos, coreógrafos, técnicos, costureras, iluministas y trabajadores que televisan la fiesta, es decir, cerca de 1000 trabajadores. Mientras que a un actor o actriz se le paga 23.400 pesos, solo la fiesta significa la llegada de más de 60.000 turistas a Mendoza. Teniendo en cuenta que la Fiesta forma parte de un entramado de Fiestas municipales, locales, eventos al aire libre, etc son infinitas las contrataciones y diversas negociaciones que tienen estos trabajadores del entretenimiento. Entre sus condiciones de trabajo, se pueden señalar la nula sindicalización de este sector -o su representación segmentada en asociaciones-, la falta de datos fehacientes sobre cuantos y cuantas trabajan en la fiesta, la persecución lisa y llana de cualquier intento de organización. Incluso la exposición a riesgos laborales a los que son expuestos como: escenarios que se caen o están electrificados, la falta de medidas de seguridad como matafuegos o señalización de salidas de emergencia, que recién el año pasado lograron ponerlos tras exigencia de los artistas, los hace uno de los sectores más precarizado y explotado.



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