Mercados, volatilidad y crisis: una conversación con Tony Norfield, Michael Roberts y Paula Bach

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Los cambios en los mercados de valores en los Estados Unidos, Europa y Japón la semana pasada han reavivado los temores de una crisis financiera. Discutimos sobre estos acontecimientos y las perspectivas inmediatas de la economía global con tres reconocidos economistas marxistas.

Tony Norfield es un economista británico, autor del libro “The City: London and the Global Power of Finance” . Se puede seguir su blog Economics of Imperialism .

Michael Roberts es un economista británico, autor del libro “The Long Depression: Marxism and the Global Crisis of Capitalism” . Escribe regularmente en su blog The Next Recession.

Paula Bach es una economista argentina especializada en economía internacional, autora de múltiples artículos sobre teoría y geopolítica de la economía global. Es columnista de La Izquierda Diario y miembro del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS).

Es difícil predecir con precisión cuándo ocurrirá una recesión, pero existen ciertos signos, como el achatamiento de la “curva de rendimiento”, que indican que podríamos estar cerca de una nueva desaceleración. El riesgo financiero se ha intensificado la semana pasada por la volatilidad de los mercados de valores en el mundo. ¿Qué perspectivas ve usted para la economía estadounidense?

Michael Roberts: Las principales economías capitalistas parecen estar desacelerándose después de una breve aceleración en 2017, seguida a la pequeña recesión en 2015-16. La tendencia bajista de los mercados bursátiles mundiales refleja la preocupación de que las economías pueden estar desacelerándose al mismo tiempo que la Fed en los Estados Unidos y otros bancos centrales están subiendo las tasas de interés. La curva de rendimiento invertida refleja eso. Y el aumento de la guerra comercial entre Estados Unidos y China es otro factor. Mientras tanto, los niveles de deuda corporativa están de regreso -y por encima- a los vistos antes de la crisis financiera mundial.

Sin embargo, si nos fijamos en las ganancias corporativas, tanto en los Estados Unidos como en el mundo, todavía hay un impulso positivo, en particular el impulso excepcional en los Estados Unidos de los recortes de impuestos corporativos de Trump. Por lo tanto, no espero que esta expansión muy larga (pero muy débil), iniciada en 2009 termine en los próximos seis meses.

Paula Bach: Una desaceleración de la economía estadounidense y mundial en 2018-2019, anticipada desde principios de este año, es prácticamente un hecho consumado. Una fuerte desaceleración o incluso una recesión probablemente ocurrirá en 2020, o antes. Esto confirma que el crecimiento relativamente más fuerte en las principales economías desde 2017 fue un fenómeno cíclico que no cambia esencialmente la debilidad particular que ha sido característica de la recuperación después de la crisis de 2008-2009. También es significativo para los Estados Unidos, donde está claro que el “boom” que ha sido ampliamente anunciado por Trump y varios medios de comunicación tradicionales, es en gran parte una “fake news”. La economía de los Estados Unidos creció a una tasa más alta que la de su promedio desde 2010, pero esto se basó en el efecto a corto plazo de los recortes de impuestos para el 1%. Sin embargo, el grueso de las ganancias obtenidas en el extranjero que se repatriaron hacia los Estados Unidos, alimentaron fundamentalmente la recompra de acciones pero en muy baja proporción, la inversión real y la productividad, que constituyen “fundamentals” de la economía.

Esta conclusión es importante para los trabajadores porque muestra que el capitalismo está estancado en una situación crítica a largo plazo y que, tanto en el “centro” como en los países semicoloniales o dependientes como el nuestro (Argentina), intentará recomponerse a través de ataques cada vez más agresivos a las condiciones de vida de trabajadores y sectores de bajos ingresos a través de reformas laborales, previsionales, recortes de gasto público, reducciones salariales, exigencia de pagos de deuda, etc. Es una conclusión importante porque habla de las imposibilidades de un período “reformista” tanto en los países centrales como en la periferia capitalista. Con respecto a la volatilidad de los mercados de valores, creo se trata de un fenómeno íntimamente dependiente de las cuestiones estructurales de la economía. En el momento actual el aplanamiento de la curva de rendimiento es expresión de varios factores combinados. Entre ellos las deudas corporativas que no han dejado de crecer desde el fin de la recesión, los aumentos de las tasas de interés que vuelven a esas deudas cada vez más riesgosas y las tensiones comerciales con China que amenazan las ganancias de las principales corporaciones.

Tony Norfield: Me tomaré la libertad de plantear una pregunta sobre la pregunta: ¿Qué importa si el ritmo del crecimiento económico de los Estados Unidos es un poco más rápido o lento en el próximo año? Mientras no haya una depresión, creo que es de poca relevancia. De mayor relevancia es la política comercial de EE. UU. Sobre y temas relacionados que tendrán un impacto mayor, tanto a nivel doméstico en EE. UU. como internacional. Si bien Estados Unidos es la economía más grande, más observada y con datos más detallados, sin embargo, representa poco menos de una cuarta parte de la economía mundial. Los países de la UE representan otro 20% aproximadamente, mientras que China -solo- es alrededor del 15%. ¡Lo que hace a Estados Unidos “económicamente” más significativo es cuando sus políticas perturban al resto del mundo!

La detención de la gerenta de finanzas de Huawei, Meng Wanzhou, ha reavivado los temores en torno a la rivalidad entre China y Estados Unidos. ¿En qué dirección ves la guerra comercial?

Tony Norfield: Las preocupaciones de los Estados Unidos sobre la competencia china se han ido acumulando durante algún tiempo. Al principio, se centraban en las inversiones extranjeras chinas en África, América Latina y Asia. Ahora están más enfocadas en la amenaza que China representa para el liderazgo estadounidense en muchas áreas de la tecnología de punta. Huawei es un ejemplo clave de esto, siendo el segundo productor mundial de smartphones (detrás de Samsung y delante de Apple); y el líder mundial en el desarrollo de tecnologías móviles 5G. En esta última área, Estados Unidos no está en ninguna parte. Como resultado, Estados Unidos trata de persuadir a los otros miembros de la Anglo-esfera “5 Ojos”-conformada por Canadá, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, y otros países- de boicotear los productos de Huawei (en realidad, Australia ya lo hizo en 2012). Lo que hace que el ataque a Huawei sea más interesante ahora es que está vinculado a las sanciones de EE. UU. a Irán, algo que a los europeos no les gusta y están tratando de evitar. La política estadounidense contra China es una parte clave de cómo intentará mantener su estatus como la mayor potencia del mundo, y es probable que esto no cambie. Las diferencias políticas entre los principales países también se reflejarán más plenamente en sus políticas comerciales en los próximos años.

Paula Bach: Sin duda, en lo inmediato, el arresto de la CEO de Huawei constituye otro mecanismo de presión de Estados Unidos sobre China para que cumpla con las condiciones de una negociación poco clara que se arregló aquí en Argentina en la reciente Cumbre del G-20. Sin embargo, el ataque a Huawei que es el segundo fabricante de smartphone más grande del mundo e intenta desarrollar la tecnología 5G antes que Estados Unidos, es una prueba también de que la “guerra” de Estados Unidos con China es más por la primacía tecnológica, por los espacios mundiales de acumulación de capital y en última instancia, por la hegemonía mundial, que por el comercio. De hecho, creo que la forma comercial de la guerra -que como se puede ver en los movimientos bursátiles, no es del agrado de las corporaciones norteamericanas más importantes- es en gran parte un engaño a los “perdedores de la globalización” a los que Trump les promete un falso retorno de la inversión, la producción y el empleo de calidad a Estados Unidos. Sin embargo, esa forma comercial esconde un objetivo estratégico que en realidad aúna a toda la élite económica -incluido el Partido Demócrata- que considera que es el momento de una política imperialista más agresiva hacia China, exigiéndole el fin del “robo” de patentes, mayores libertades para la inversión de las corporaciones norteamericanas y mayor apertura de sus mercados. Una cuestión que tiene mucho que ver con la falta de dinámica y oportunidades de ganancia del capitalismo mundial que se expresan en la debilidad del crecimiento, según lo comentado en la respuesta a la primera pregunta.

Michael Roberts: Tenemos esta pausa temporal durante 90 días antes del aumento de la guerra arancelaria entre Estados Unidos y China. Trump habla de un acuerdo un día y al día siguiente de lo opuesto; el arresto de la CEO de Huawei es un indicador de la presión ejercida por los Estados Unidos sobre China. Esto será resistido. Incluso si se llega a un acuerdo el próximo mes de marzo, solo pospondrá una nueva ruptura en el futuro. Estados Unidos esta decidido a detener el avance del control de China sobre la tecnología y el posible movimiento de China a un estatus de uno a uno con los Estados Unidos en los próximos 10 años. A su vez, China buscará formas de resistir y evitar cualquier cambio en su trayectoria. Así que la guerra comercial persistirá e intensificará.

Una de las principales conclusiones de la cumbre del G20 es que las potencias económicas como Estados Unidos ya no están interesadas en mantener la coordinación y cooperación global. Muy por el contrario, parecen ir en dirección opuesta. ¿Crees que esta postura puede impedir una respuesta vigorosa, como la dada a la crisis de 2008?

Paula Bach:Una de las consecuencias más profundas de la crisis del 2008-2009 se están viendo en las debilidades de la recuperación que desnudó la falsedad de que la “globalización” es una empresa que beneficia a todos los sectores y países. El bajo crecimiento, las limitaciones del crédito para las familias de muchos países centrales que llegaron a la crisis de 2008 con un extraordinario nivel de endeudamiento y el estancamiento o directamente caída de los salarios, hizo que, aunque la crisis económica resultó contenida, la indignación de los perdedores de la globalización se convirtiera en repudio a los “centros” políticos que durante décadas gobernaron en los principales países. Fenómenos políticos de derecha como el Brexit, Trump o la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, son expresión de esa situación. En principio es muy probable que ante una eventual nueva situación catastrófica de la economía, estas expresiones políticas no respondan “ordenada” y “vigorosamente” como lo hicieron los “centros” frente a la catástrofe de 2008/9. Sin embargo, creo que ahora hay fenómenos políticos nuevos que se están interponiendo a los que debemos prestar atención porque podrían cambiar el curso de los acontecimientos. Me refiero al levantamiento de los “giletes jaunes” en Francia que son la primera expresión masiva, activa, progresiva y en las calles, contraria a la avalancha de derechas populistas que parecía avanzar sin límites desde el norte al sur. Atención a los “Giletes jaunes” que son expresión del odio contra las élites en un país imperialista que no levanta demandas xenófobas ni nacionalistas ni está por ahora controlado por ningún movimiento de derecha. Se trata de un proceso muy interesante en el que nuestra corriente en Francia está interviniendo muy activamente. Es un factor de alto riesgo y de alerta para la burguesía mundial que es muy probable que de continuar desarrollándose como fenómeno progresivo -cosa que espero- cambie en buena parte el escenario y las preguntas que debamos formularnos.

Tony Norfield: Vale la pena considerar un poco el contexto para responder mejor a esta pregunta. La crisis de 2008 tomó una forma financiera, con una crisis en los mercados crediticios y un importante pánico financiero que afectó a la mayoría de los países. Aunque fue un gran evento que tuvo un impacto global, fue relativamente fácil resolver lo que yo llamaría la fase “aguda” de esa crisis. Esto se hizo a través de los principales bancos centrales proporcionando liquidez, especialmente la Reserva Federal de los EE. UU., y al tratar de administrar la fusión, la nacionalización o el cierre de las compañías financieras dañadas. Las medidas políticas posteriores, especialmente aquellas para obligar a los bancos a tener balances más sólidos y menos apalancamiento, también habrán ayudado a reducir el riesgo de que otro impacto en el sistema tenga el mismo impacto drástico que antes. Pero los aspectos “crónicos” permanecen. Un claro ejemplo de esto son los altos niveles de deuda comparada con el PBI en casi todas las áreas del mundo que en 2017.

La forma precisa que tomará la próxima crisis / caída tendrá un impacto en la respuesta que se produzca, pero estoy de acuerdo en que es mucho menos probable que se vea como un problema conjunto para que las grandes potencias intenten resolver entre ellas. Es importante darse cuenta de que esto no es solo un fenómeno de Trump, aunque Estados Unidos tiene mucha más libertad para acosar a otros. No solo vemos a Trump en los Estados Unidos, sino también al Brexit en el Reino Unido, y a los sucesos que se están haciendo más comunes en Europa y en otros lugares, para entender que una gran parte de la población respalda las políticas que conducen al conflicto internacional. Un gran problema político que enfrenta la izquierda hoy es el crecimiento del nacionalismo agresivo.

Michael Roberts: En cada uno de los principales problemas mundiales, el comercio, el cambio climático, la inmigración, Estados Unidos se niega a aceptar la cooperación global porque no quiere ser arrastrado a acuerdos que debiliten su participación en el poder global. Entonces, la cooperación en una nueva depresión es muy poco probable, aunque, por supuesto, la mayoría de los gobiernos adoptarán políticas similares para apuntalar el capital. El otro factor nuevo es la posibilidad de que los llamados partidos populistas lleguen al poder, lo que desintegraría cualquier coordinación internacional.

Podes leer la versión original: Markets, Volatility and Crisis: A Conversation with Tony Norfield, Michael Roberts and Paula Bach

Entrevista realizada por Esteban Mercatante y Juan Cruz Ferre



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