"Mi deber es hablar de las que ya no tienen voz"

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Ana Ignacia Rodríguez Márquez “La Nacha”, fue parte del movimiento del 68 que marcó la historia de México. Es sobreviviente de la matanza del 2 de octubre que perpetró el Estado mexicano. Nacha nos invita a recordar lo que se construyó en aquellos días de organización, lucha y un sentimiento de querer cambiarlo todo.

IdZ: ¿Cómo era la situación de las mujeres en los 60 y cómo fue su participación en el movimiento, a partir del Comité de Lucha de la Facultad de Derecho?

Yo soy de Taxco, Guerrero. Mi madre me había prometido que si sacaba buenas calificaciones en el bachillerato y me aceptaba la UNAM, podría ayudarme a venirme a la ciudad. Nunca me imaginé que fuera a ser tan grande y la Universidad tan impresionante. Me vine contra viento y marea porque mis hermanos no querían. Cuando llego a la ciudad, me doy cuenta que vivía en otro mundo. Que realmente la problemática aquí, en México, era bastante difícil. Entrando a la facultad las compañeras que veníamos de provincia comenzamos a sufrir la discriminación.

Nos juntamos, una de Oaxaca, otra de Guerrero, otra de Chiapas. Teníamos el problema de que varios maestros eran muy machos, misóginos. Nos decían que las mujeres no éramos para estudiar, que teníamos que estar en nuestras casas, atendiendo a nuestros hijos, al hogar, entonces, ¿para qué estudiábamos Derecho? Inclusive uno de ellos nos dijo que nos iba a reprobar, que él no estaba de acuerdo en que las mujeres estudiaran y menos esa carrera.

Entonces nos impusimos, dijimos: “ahora vamos a demostrar que podemos”. Pero fue difícil porque todo mundo en ese momento te veía así, como de lado. Entonces sí nos costó un doble esfuerzo. En el caso de las empleadas, las obreras, era la misma

situación o peor. Porque ellas no tenían acceso al estudio, en el trabajo sufrían discriminación muy fuerte y acoso laboral.

Entonces la tarea de las mujeres era participar hasta cierto punto, pero al lado del hombre, sólo como apoyo. En el movimiento del 68, la participación de las mujeres fue más grande; nosotras pensábamos que no sólo teníamos que hacer esas labores propias “de mujeres”. Sino que, si formábamos parte de los comités de lucha, debíamos participar activamente. Y bueno, a mí me tocó conformar el Comité de Lucha de la Facultad de Derecho.

Se han tejido muchos mitos sobre el 68 y uno de ellos era que yo era líder del CNH. No, la representante de nuestra facultad fue Roberta Avendaño Martínez “La Tita”. Ella sí era miembro del Consejo, una mujer muy fuerte, que podía enfrentar discusiones en asambleas muy grandes como la del Consejo Nacional de Huelga.

Mi papel era compilar los medios que nos donaba el pueblo. Básicamente el pueblo nos mantuvo, nosotros boteábamos y creamos las brigadas, porque sin ellas el movimiento no hubiera sido lo que fue. La prensa vendida sólo decía lo que el gobierno quería que se dijera. Nosotros como brigadas, de mujeres o mixtas íbamos a todas partes; aparecíamos en mercados, en las plazas públicas, inclusive en algunas fábricas.

La labor de los brigadistas fue determinante para el movimiento. De allí, de los comités de lucha, salían también los representantes para el CNH. Para nosotras, imbuidas por la juventud, el ánimo de ser mujeres y participar activamente, dar discursos en el brigadeo, nos hacía sentir demasiado emocionadas, diría yo que hasta felices.

IdZ: Todo empezó a cambiar con el movimiento…

Claro, ya no fue igual, nosotros comenzamos a hacer un cambio en nuestras vidas, a decir: “¿Qué pasa? No hay que dejarnos”, y nos tuvieron que respetar, por que veían que teníamos apoyo del mismo pueblo.

Cuando entra el Ejército a Ciudad Universitaria, estábamos en la facultad. Fue traumático. Sabíamos que estaban, desde buen tiempo antes, a la espera de entrar. Pero como no entraban, no lo creíamos. Cuando íbamos caminando hacia rectoría, en un prado que hay por ahí cerca, un batallón nos detiene. Y esas son las fotos que circulan de las mujeres sentadas en cuclillas en rueda y los hombres pecho a tierra, con la “V” de “Victoria”.

Nos preguntaban: “¿Cuántas veces has viajado a Cuba? ¿A la Unión Soviética?”, “¿por qué lees los libros de Marx y de Lenin?”, “¿por qué recibes el boletín

de la URSS?”.

El movimiento estaba muy fuerte y oíamos gente afuera gritando que nos liberaran, “presos políticos libertad”. Cuando comienzan a liberarnos, fue una impresión tremendamente fuerte, emotiva, porque salimos y escuchamos gritos y nos cargaban. Ahí yo dije: “ya no me voy del movimiento”.

Entonces en ese ambiente, imagínate todo lo que comenzó a germinar en el movimiento. Porque el movimiento lo conocen en el mundo entero por el 2 de octubre, por la muerte y la tragedia, y no fue así. El movimiento fueron también los 6 meses bellos, lúdicos, con una creación artística fenomenal, un rompimiento de tabúes, con una belleza en tu vida de cómo podías vivir sin tener que tener tantas ataduras.

En una ocasión llegó la noticia de que iríamos a un mitin el 2 de octubre, en la Plaza de Tlatelolco. Nadie se imaginaba lo que sucedería, simplemente nos dijeron: “el mitin se va a dar, hay permiso, mas no para la marcha”. Entonces dijimos “bueno, pues vamos al mitin”.

Recuerdo que los que estaban en el tercer piso comenzaron a decir que nos calmáramos, que no iba a haber problema, porque ya se oía el ruido de los tanques, de las botas militares. Nos decían: “calma, siéntense, está permitido el mitin”. Luego viene el helicóptero y veo que salen unas luces.

Comenzaron a tirar a las demás personas que estaban a mi lado, en ese preciso momento vi que salieron las ráfagas. Cuando pienso que no puede ser real que estén mandando bala hacia los chavos, hacia nosotros, me dice una compañera, “¡córrele porque son verdaderas! ¡Córrele!”.

Lo que hicimos fue irnos hacia las ruinas. Nos lanzamos hacia allí y lógicamente nos lastimamos un poco las rodillas. Mucho susto, muchos nervios y entonces salimos a gatas, porque sentía que las balas silbaban encima de mí. Al llegar a la casa de un compañero iba muy mal; él era doctor y me dijo que me tuvo que dormir, porque yo estaba muy mal.

Cuando despierto al otro día veo que todo está cerrado y nos dicen “no salgas porque es muy peligroso hay orden de aprehensión y está la cosa muy fuerte”. Me quedé con esa sensación de decir “bueno yo no me morí ¿porqué estoy aquí?” ¿Cuál es mi papel? Decirle a la gente lo que viví. De las cuatro mujeres que fuimos detenidas en la cárcel de mujeres de Santa Martha Acatitla, tres ya murieron. Yo soy la única que queda. Entonces mi deber, en este 50 aniversario, es hablar de las mujeres del movimiento, de las que ya no tienen voz.

IdZ: Hoy la mujer vuelve a plantarse en el mundo con sus luchas y sus demandas. México no es la excepción ¿Qué te gustaría transmitirles?

Yo pienso que a raíz del 68 se dio un renacer. Siempre digo que México no es el mismo de antes del 68. Quiero decirles eso. Que las mujeres valemos lo mismo que los hombres. Nosotras debemos seguir empoderándonos, seguir estudiando y seguir conformándonos en organizaciones a la par de los compañeros. Y tenemos que seguir trabajando con nuestras demandas de castigo a los responsables de la masacre del 68, básicamente “Ni perdón ni olvido”.

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