Miles de jóvenes y un solo grito

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“¿Dónde está Santiago?” fue la pregunta que inundó la Plaza de Mayo anoche. Es la pregunta que hace un mes se hacen miles de jóvenes.

Ph. Luigi W Morris

“A los millennials no les interesa la política”. “Las nuevas generaciones de jóvenes están todo el día con el celular, metidos en las redes sociales”. “Los millennials no están comprometidos con la realidad”.

Esas son solo algunas de las cosas que se dicen sobre la juventud hoy en día. Los medios no se cansan de repetir, una y otra vez, la idea de que a los jóvenes no les preocupa lo que pasa a su alrededor.

Ayer, miles de pibes llenaron la Plaza de Mayo. Caminar los 100 metros que separan la estación Catedral del subte D y el escenario, en el centro de la plaza, llevaba 40 minutos. La multitud hacía casi imposible moverse.

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Eran estudiantes secundarios, terciarios, universitarios y trabajadores. No fueron para escuchar a una banda de rock. Tampoco porque hubiera algún youtuber famoso. No. Se acercaron hasta ahí porque el gobierno desapareció a uno de ellos. Porque la gendarmería se llevó a un pibe. Y no por cualquier cosa. Se lo llevó por protestar. Se lo llevó por ser solidario con una causa social, la del pueblo mapuche.

“Desaparición forzosa”, es la carátula de la causa. Eso quiere decir que Santiago Maldonado está desaparecido, y que de eso es responsable el Estado. Al menos hasta que pueda probar lo contrario. Pero por las declaraciones que vienen haciendo y la campaña mediática que montaron contra los mapuches, no parece que tengan muchas chances de demostrar nada.

Más de 250 mil personas gritaron anoche por la aparición con vida de Santiago. También exigieron la renuncia de Patricia Bullrich, la ministra que viene negando desde el primer día la participación de la gendarmería en el caso.

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Una gendarmería que sabe mucho de reprimir y perseguir a la juventud. Es la fuerza que se fortaleció durante los años kirchneristas con el Proyecto X de espionaje. La misma institución que le dio palos, balas de goma y gases a los trabajadores de Lear hace solo tres años. La de los gendarmes “carancho” y los coroneles infiltrados en las manifestaciones.


Si a los jóvenes no les importara la realidad social, esa imagen sería imposible. Están comprometidos. Por eso el gobierno toma nota. Por eso la decisión que tomaron después de la marcha, de montar provocaciones y armar un operativo gigantesco para reprimir a aquellos que todavía estaban en las cercanías de plaza de mayo.

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Un canto que ya tiene otras bocas

A tal punto llega la saña de Cambiemos contra la juventud, que hace dos días una diputada del PRO, públicamente, le sugirió a Marcos Peña en el congreso que estaba preocupada por la radicalización de los jóvenes y que había que armar un plan para “prevenirla”.Parece que la escucharon y que anoche pusieron en marcha ese plan. Después de la represión, el jefe de gabinete salió a decir que hay que tener “prudencia, paz y tranquilidad” para resolver el caso. Toda una provocación.

La diputada Cornelia Schmidt-Liermann en el congreso

Pero lo que no entienden es que esta juventud tiene bronca. Está cansada de vivir con los peores trabajos. Está cansada de tener que abandonar sus estudios o ni siquiera poder entrar a la facultad. Está cansada de los ataques a la educación pública, como lo es en estos días el intento de reformar los colegios secundarios. Está cansada de ir a una marcha y que la respuesta sea la represión. Está cansada de que todos los días vayan pibes presos por fumarse un porro, como pasó ayer mismo, horas antes de la marcha, en las puertas del colegio Mariano Acosta, donde entre diez uniformados se quisieron llevar a un estudiante, y solo por la intervención de sus compañeros y los docentes del colegio lo dejaron ir.

Esta juventud no le debe nada a este sistema. Por eso sale a la calle y se planta. Por eso van a ser cada vez más los pibes que pongan el grito en el cielo por la aparición con vida de Santiago. Por eso hoy exige la liberación de todos los detenidos en Plaza de Mayo. Porque ante cada ataque, ante cada ofensiva del gobierno, la respuesta tiene que ser más organización.

El ejemplo de la Facultad de Filosofía y Letras es fundamental. Allí, a propuesta de la conducción del centro de estudiantes, se paró la facultad durante una hora y toda la comunidad educativa se acercó al patio para gritar bien fuerte por Santiago. Los medios lo definieron como un hecho “histórico”. También colgaron una bandera con la cara del joven. La presidenta del CEFyL, Brenda Hamilton, dijo que hay que pelear hasta que se pueda bajar esa bandera, porque aparezca Santiago y porque todos los responsables de su desaparición sean juzgados y castigados.

Iniciativas como esa se pueden replicar en cada colegio, en cada facultad, en cada lugar donde haya jóvenes dispuestos a no resignarse ante esta sociedad injusta.

La pregunta de “¿Dónde está Santiago?” se convirtió en un lema para miles de pibes. Un lema, un grito, un canto. Un canto que ya tiene otras voces. Un canto que ya nadie, ni Clarín, ni Lanata, ni La Nación, ni Bullrich, ni Noceti, ni Macri, ni la gendarmería, ni nadie, lo puede callar.



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