¡#MiraComoNosPonemos las trabajadoras del ferrocarril!

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El valiente testimonio de Thelma Fardin, rodeada de cientos de sus compañeras de la organización Actrices Argentinas, fue debatido esta semana en todos lados. Y el ferrocarril no fue la excepción.

El machismo y el acoso es vivido por las trabajadoras todos los días y se expresa de distintas formas. En el ferrocarril, las mujeres sólo podemos acceder a unos pocos puestos de trabajo: boletería, evasión, limpieza, algunas pueden ser guardas y en el Sarmiento, banderilleras. Esto quiere decir, que no sólo que estamos en los puestos que más contacto tienen con el público usuario dónde muchas veces nos encontramos con más de un misógino que nos insulta, queriendo desprestigiar las tareas que desarrollamos todos los días sólo por el hecho de ser mujeres y se creen con el derecho a acosarnos, sino que también vemos desde los puestos que ocupamos, el límite de no poder acceder a otros sectores con mejor categoría y mejores salarios, como si pueden hacerlo nuestros compañeros varones.

Leé: Thelma y Actrices Argentinas levantan el telón contra la opresión patriarcal

Pero nosotras no sólo vemos esta asimetría con el tema de los puestos de trabajo, sino que nuestras condiciones laborales en general son notablemente más precarias. En muchas estaciones hubo que pelear a regañadientes por tener ¡un baño!; no tenemos día femenino y no contamos con lactarios para las compañeras que están aún amamantando y por aguantar las horas de trabajo se han manchado camisas y chombas de trabajo y no tenemos juegotecas que también harían más sencilla la vida a nuestros compañeros que son padres.

Una de las demandas más sentidas, esa la de la licencia por violencia de género. En el Roca, una trabajadora denunciaba a La Izquierda Diario: “Estoy harta de ver la impunidad que tiene la empresa cuando coloca los carteles de la línea 144 que se pueden ver en algunas estaciones.

Yo me pregunto: ¿con qué cara pueden ponerse la camiseta contra la violencia de género cuando no cambian nuestras condiciones laborales?”.

Y es que muchas de nuestras compañeras van a trabajar para no tener descuentos o ser sancionadas, porque tienen que mantener a sus niños y niñas, a pesar de , quizás la noche anterior haber sufrido violencia de género. La empresa no tiene ningún tipo de reparo en hacerlas soportar la jornada laboral donde muchas veces también reciben maltrato de algún supervisor. El caso más brutal en este sentido fue el de Gisela Herrera en el Sarmiento, que fue despedida. La empresa sabía que Gisela era violentada por su pareja y que este era el motivo de sus faltas, que de existir una licencia por violencia de género ni siquiera serían tales. La respuesta lejos de la contención fue echarla. Violencia también es despedir a las mujeres, eso también lo sabemos las cientos de trabajadoras de la ex Ferrobaires que Vidal dejó en la calle.

Cuando las actrices denunciaron las relaciones de poder dentro de su ámbito laboral, fue imposible no sentir empatía. Además, en nuestro caso no es solo la empresa la que impone esa relación de desigualdad, la misma es avalada por nuestros sindicatos que están a años luz de la realidad de las trabajadoras. Por ejemplo, La Fraternidad, que se negó a abrir los cupos femeninos para la conducción de trenes porque a los directivos de este gremio les preocupaba que “la sensibilidad de las mujeres” no pudiese soportar los accidentes arriba de la máquina. O bien en señaleros donde el gremio no acepta mujeres por ser un trabajo “rudo”.

Sensibles les dicen a las que todos los días ponemos el cuerpo en el trabajo, en la casa y en las calles…

Capítulo aparte es la Unión Ferroviaria. La conducción de la lista verde a nivel nacional, no sólo es cómplice de los despidos en todas las líneas, no sólo no tiene ningún tipo de iniciativa en lo que respecta la defensa de los derechos de las ferroviarias más que hacer jornadas a puertas cerradas que hablan sobre dietas y se dan almuerzos saludables, sino que también evidencia su machismo en respuestas como la de Karina Benemérito, dirigente de la línea Roca, que ante la pregunta de si el gremio se adhería al paro por el caso de Lucía Pérez, aquel 19 de Octubre donde miles en todo el país salimos a las calles, dijo: “no estoy informada”.

Muchas compañeras también han manifestado su repudio y denunciaron haber sido acosadas por algunos delegados. Pasados unos días de la conferencia de actrices, salen con total demagogia a sacarse fotos con carteles contra la violencia, hacen lo mismo que los legisladores que votaron contra las jubiladas, a favor de la UNICABA, incluso contra el derecho al aborto, hasta Macri y Vidal quisieron posar de “sororos” pero nosotras, que sabemos que son oportunistas, les respondemos: ¡no en nuestro nombre, no pueden!

El tiempo del silencio terminó

Hasta ahora y en el relato, parecería que tenemos todas las de perder. Pero sólo es un ejemplo de la alianza que teje el patriarcado con el capitalismo que condena a millones de mujeres a tener que trabajar para sobrevivir en los mejores casos y siempre jugando con nuestras necesidades. Esto sucede en todos lados y por eso, lo vamos a combatir en todos lados. En Nordelta como las trabajadoras de limpieza, en Astillero Río Santiago, como las trabajadoras de SIAM, estatales, y “las pibas de la marea verde”.

Como decían varias laburantes “El tiempo del silencio se acabó. No estamos solas y no nos callamos más”.

Las actrices son un ejemplo público de organización, pero las mujeres trabajadoras de otros sectores también ponemos de pie nuestras organizaciones que tienen el poder de frenar el país para hacernos escuchar y de joderle los bolsillos a los que juegan con nuestras vidas parando las fábricas y hasta en algunos casos, como las mujeres de Madygraf, poniéndolas a producir ellas mismas junto a sus compañeros varones, porque claro, la lucha es codo a codo también con ellos.

Si nos organizamos podemos no sólo dar una pelea contra el machismo y contra las condiciones laborales, sino por todas las demandas de los sectores más oprimidos, sobre todo en estos momentos dónde la crisis se agudiza, este es el tipo de comisiones de mujeres y sexualidades que necesitamos levantar en todos lados, dónde podamos coordinar con trabajadoras de diferentes lugares, y desde dónde seamos el faro para todas aquellas que todavía no pueden alzar su voz, abrámosle la puerta de nuestros espacios. Despedidas, tercerizadas, contratadas, estudiantes, familiares, del barrio, la lucha es una sola: contra la opresión y explotación. Estoy convencida que, lo vamos a tirar.



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