Mujeres trabajadoras: inundemos el 25J con nuestra marea verde

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Una docente se acercó y nos dijo: “Buen día chicas, cómo trabajan ustedes, ¿eh?”. La miré y me dieron ganas de llorar, no de tristeza, sino de ver el gesto de solidaridad obrera que había entre nosotras. Que este 25 de junio nos encuentre a todas en las calles, que sea el comienzo de un plan de lucha para vencer a este gobierno.

Es grande la clínica – me digo mientras recorro los pasillos, llenos de gente. Se extiende casi desde una calle hasta la de atrás. Es la clínica por donde me atiendo por la ART, por un leve accidente que sufrí en la fábrica. Una caída, un resbalón que me dejó patas arriba en el piso.

Es grande la clínica, porque así debe serlo para contener a tantos trabajadores, tantos “rotos”. Desfilamos de un consultorio a otro, guardia, rayos, traumatólogos. A mi lado pasan muchachos jóvenes con muletas, sillas de rueda. Algunos con vendaje en los dedos de las manos, otros enyesados. En fin, todas las lesiones que te puedas imaginar. Porque es una Aseguradora de riesgos de trabajo, porque es el lugar donde te envían a recuperarte, en mi caso, de una caída, pero en otros, de las enfermedades profesionales: túnel carpiano, tendinitis, lumbalgias, cervicalgias y todas las “algias” e “itis” que te vengan a la mente, cuando pensás en tu cuerpo dolorido en las líneas de producción.

Es grande la clínica, somos muchos los “rotos”. Todo en su más perfecta proporción. Gimnasio, rehabilitación. En cuanto te querés acordar, ya estás nuevamente en la fábrica, cumpliendo con tus tareas, otra vez estás listo para los ritmos acelerados de las máquinas, inalcanzables para el trabajo manual, otra vez estás listo para el timbre y llegar a horario para no perder el presentismo, el premio y en algunos casos, el incentivo por producción. Te reparan, eso es, un gran taller donde te alinean, te rectifican, chapa y pintura y estás como nuevo. Pensaba: es así como funciona este sistema cruel, irracional. Pensaba: tiene que ser su agonía, no la de los trabajadores. Tiene que ser su fin, y el comienzo de vivir mejor, de que los trabajos no nos dejen tan a la miseria. Nuestra salud no les pertenece, nuestra vida no les pertenece.

Días atrás, en la fábrica, estaba en la línea de uno de los chocolates de Felfort. Uno que cuando alimentás la máquina, ésta va tan rápido que, si mirás fijo la guía, te mareás. Yo estaba del otro lado, a donde sale ya envuelto el chocolate y tenés que envasarlo en la cajita/display, 30 por cajita, cinco en una mano, cinco en la otra, así tres veces, después cerrarla y mandarla por la cinta. Apareció un grupo de niños de una escuela. Casi a diario hay visitas escolares. Los pequeños nos ven mover las manos, ven nuestras sillas incómodas y todo el mundo feliz de Willy Wonka se les desmorona. Una docente se acercó y nos dijo: “buen día chicas, cómo trabajan ustedes, ¿eh?”. La miré y me dieron ganas de llorar, no de tristeza, sino de ver el gesto de solidaridad obrera que había entre nosotras. Ella, una de las que paran por paritarias, que salen a la calle, que les explican a sus alumnos que maestro que para está enseñando, nos dijo a nosotras las obreras “cómo trabajan ustedes, ¿eh?”. Yo le respondí: “Viste, y por poca plata, acá casi todo el trabajo es manual.” Ella me dijo: “Nosotras no estamos mejor que ustedes”, y me sonrió.

Este 25 de junio, hay un paro general, decretado por la CGT: esa casta de burócratas que ya tienen los bolsillos llenos, que viven a costa de transar con las patronales. Un paro dominguero, donde ellos dicen que no se moverá un alma.

Este 25, tenemos que parar y salir a las calles, porque sólo con la movilización vamos a vencer a este gobierno ajustador, que pretende acallarnos mediante la tregua entre ellos y nuestros dirigentes.

Las obreras tenemos sobrados motivos para parar. Vi en la clínica a mujeres como yo, ejercitando sus brazos con gomas que estiraban una y otra vez, levantando mancuernas, masajeando pelotas de plástico, ordenando piecitas pequeñas para movilizar sus dedos. Son las mismas que dejan su vida en las máquinas, en las fábricas y en cada puesto de trabajo donde juegan con nuestra salud.

La marea verde que se vio en las calles el 13J tiene que salir de nuevo a gritarle a este gobierno que ya no queremos más ajuste para nuestras familias, que ya no soportamos los tarifazos mientras nuestros gremios aún no cerraron paritarias. Una gran marea verde, con sangre en las venas, junto a nuestros compañeros, como en cada batalla que damos contra este sistema opresor y explotador.

El derecho al aborto legal se está por votar, pero hay que garantizar que haya presupuesto en los hospitales para que sea una realidad. Por eso todas debemos salir a las calles, las obreras, las trabajadoras de la salud, las docentes, las estudiantes. Con la misma euforia, la misma alegría, de saber que estamos luchando por los derechos de las mujeres, pero también por nuestra clase, para que las mujeres pobres no se mueran, pero también para que no nos despidan, para que no nos ajusten, para poder llevarle el pan a nuestros hijos, por las categorías, para que no vulneren nuestros cuerpos en las líneas de producción.

Que este 25 de junio nos encuentre a todas en las calles, que sea el comienzo de un plan de lucha para vencer a este gobierno y a este sistema que ya no da más.

¡Que la agonía sea del capitalismo, no nuestra! ¡Y que también sea su fin!



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