Mujeres y luchas socioambientales: “Ni los cuerpos ni la tierra son territorio de conquista”

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En el taller de Mujeres y medioambiente destacaron que la violencia es parte constitutiva de un modelo civilizatorio que antepone el crecimiento económico ilimitado a las formas de vida prexistentes.

Durante el Encuentro Nacional de Mujeres de este año sesionó el taller Mujeres y medioambiente, con una gran cantidad de asistentes y en donde se trataron diversas problemáticas socioambientales. El intercambio entre las participantes promovió la discusión y puesta en común de diversas situaciones, culminando con varias propuestas.

La Patagonia rebelada

El taller Mujeres y medioambiente tuvo una amplia convocatoria. Participaron del espacio mujeres de Chubut, Mendoza, Entre Ríos, Santa Cruz, Río Negro, Neuquén, Corrientes, Chaco, Santa Fe, Provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Tucumán, Tierra del Fuego y Córdoba.

Algunos de los temas que se compartieron fueron: las fumigaciones y el uso de agrotóxicos, la extracción a gran escala del litio, la remediación de los desechos tóxicos y los pasivos ambientales, la especulación inmobiliaria y su afectación sobre los humedales, la contaminación del agua, los desmontes, las centrales nucleares, la extranjerización de la tierra, las megarrepresas y la expansión del fracking. Por otro lado, la agroecología y la soberanía energética, alimentaria e informacional surgieron como propuestas de desarrollo alternativo.

Entre tantas problemáticas, se hizo fuerte hincapié en reconocer de qué manera las actividades extractivas afectan particularmente a las mujeres, dentro de un contexto global donde las potencias mundiales acceden a los territorios latinoamericanos para apropiarse de los bienes naturales, y de qué formas el colectivo femenino se une para pensar otros modos de vida, enfrentando al saqueo de los cuerpos y los territorios.

En un Chubut en resistencia, donde el gobierno intenta imponer la minería a cielo abierto a pesar de la lucha popular que logró la prohibición total de esta práctica en la provincia, y ante la amenaza aún latente de la instalación de centrales nucleares chinas, las mujeres reunidas en estos talleres resaltaron el espíritu rebelde patagónico y la capacidad del movimiento de mujeres para defender la naturaleza y los bienes comunes.

Depredación y violencia en los territorios

En Mendoza se está librando una durísima batalla para evitar que se expanda el fracking. Al respecto, Karina Castañar informó para La Izquierda Diario sobre algunos de los ataques que las asambleas populares están enfrentando: “Estamos en lucha contra el fracking que comenzó este año en Malargüe, con muchas irregularidades. Se aplicó con un decreto reglamentario del Gobernador Cornejo, ya que algunos de nuestros municipios tienen una ordenanza desde el 2013 que prohíbe esta práctica, como es el caso de Tupungato, por ejemplo. Sin embargo se han realizado adjudicaciones de zonas para fracking”.

“Desde las Asambleas Mendocinas por el Agua Pura (AMPAP), que nuclea a todas las Asambleas de Mendoza, hemos presentado una ley de prohibición de esta actividad que fue acompañada por casi 43.000 firmas. Por otro lado, en las últimas semanas se han presentado proyectos para modificar la Ley 7.722, una ley lograda en el 2007 por las movilizaciones populares y que protege el agua de Mendoza prohibiendo el uso de sustancias tóxicas para la minería. Es una ley que frenó la megaminería metalífera en la provincia, declarada constitucional por la Suprema Corte de Justicia. Además, el mes que viene comenzarán a fumigar las plantaciones de vid para combatir una polilla”.

La criminalización de las protestas y la militarización de los territorios donde se instalan las corporaciones extractivas fue un tema recurrente. En Mendoza este tema está a la orden del día, como relata Karina: “Ante la movilización popular el Poder Ejecutivo mendocino aprobó en la legislatura el Código Civil Contravencional, a pesar de la gran oposición del pueblo, para reprimir todo tipo de protesta”.

Belén Alvaro, de Río Negro, comentó a La Izquierda Diario que en la localidad de Allen la consolidación del fracking crece mientras la actividad frutícola atraviesa un proceso de paulatina concentración en manos del capital transnacional y la expulsión de pequeñas y medianas explotaciones. A partir del descubrimiento en 2010 de las reservas de gas no convencional en el yacimiento Vaca Muerta, en Neuquén, las empresas iniciaron la explotación de los pozos bajo la modalidad de contratos de servidumbre. Además, cuenta que existen 130 perforaciones ubicadas a metros de las poblaciones, con todo el impacto ambiental que eso implica.

“Los vecinos y las vecinas manifiestan tener problemas respiratorios, y señalan que el agua de sus viviendas llega con aceite. También se quejan porque los ruidos de las máquinas nunca se detienen, los siniestros son silenciados y los incendios son usuales. Algunos hogares presentan grandes fisuras en su construcción y peligro de derrumbe a causa del movimiento que producen los vehículos petroleros”, relata Belén a propósito de las consecuencias de este tipo de extractivismo en las poblaciones cercanas.

Sobre el impacto del fracking en la población de mujeres, Belén detalla: “Los bienes comunes para el alimento y el cobijo que hasta hace unos años eran de libre acceso, como la leña, verduras, fruta, agua potable, se vuelven mercadería u objeto de la asistencia estatal, lo que genera una vulneración de la autonomía económica y una progresiva mercantilización de las necesidades básicas. Respecto de la soberanía alimentaria, es notable la lucha por seguir sosteniendo prácticas alimentarias no mercantilizadas, como la cría de animales y las huertas, que forman parte de los hábitos alimenticios de estas mujeres, aún en este contexto adverso que empeora la calidad de la tierra y el agua”.

Noel Miranda, de Santa Cruz, es periodista y activista por la tierra y los derechos de las mujeres. “Las mujeres somos representantes de estas luchas y ponemos el cuerpo”, comenta. Y resalta el protagonismo de las mujeres originarias en estas luchas y la necesidad de acompañarlas en la defensa de sus modos de vida: “Las mujeres cumplimos un rol fundamental en todas las luchas socioambientales y de ahí nace la propuesta de cambiarle el nombre al taller y llamarlo Mujeres, ambiente y luchas socioambientales. En esta lucha estamos todas unidas y, si bien el enemigo es grande, la organización social y popular de base está a la altura del problema y marcando el camino para cambiar y transformar nuestra relación con la tierra”.

Noel participa del movimiento por el Río Santa Cruz Libre, que se opone a la construcción de dos megarrepresas sobre este río patagónico. El proyecto está fuertemente cuestionado por los daños ambientales irreparables sobre un ecosistema único que provocarán las represas.

Durante el taller Noel contó que las comunidades no fueron consultadas ni hubo ningún tipo de participación o diálogo con la población que se verá afectada si estas obras se llevan adelante. Además, el Río Santa Cruz provee de agua potable a tres localidades y cualquier afectación sobre su calidad pondría en riesgo la salud de sus pobladores.

Ni los cuerpos ni la tierra somos territorio de conquista

La violencia sobre la tierra y los cuerpos que viene de la mano de las actividades depredatorias capitalistas fue un tema importante del intercambio entra las participantes. Por eso en los documentos finales que circularon puede leerse: “Entendemos que las explotaciones territoriales están estrechamente vinculadas a la violencia de los cuerpos feminizados en el marco del sistema capitalista/patriarcal/colonial, es decir, todo aquel sistema opresor de los derechos”. Los asesinatos de luchadoras por el ambiente, como el caso de Berta Cáceres en Honduras, estuvieron presentes durante todo el taller. “Alzamos las voces por todas aquellas mujeres que han sufrido femicidios ambientales y empresariales, que están siendo asesinadas y perseguidas sistemáticamente, todas las mujeres indígenas, campesinas, estudiantes, trabajadoras. Mujeres que proponen una lucha integral, la unión en defensa de la autonomía de los pueblos”, expresaron.

Además se destacó que la violencia no existe en el vacío, sino que es parte constitutiva de un modelo civilizatorio que antepone el crecimiento económico ilimitado a las formas de vida y comunidad preexistentes: “Nuestros territorios y pueblos sufren la violencia y represión del entramado y complicidad existente entre las grandes corporaciones colonizantes, los gobiernos y las clases dirigentes, los medios de comunicación hegemónicos, todos funcionales a un modelo de producción extractivista, capitalista, racista y patriarcal, que mercantiliza y atenta contra la vida”, concluyeron.

Mujeres en lucha

Las conclusiones que circularon luego de terminar con la puesta en común y discusión entre las asistentes, manifestaron propuestas tales como la defensa del agua como derecho humano, la soberanía alimentaria, la agroecología, la autodeterminación de los pueblos, la protección de la biodiversidad y el equilibrio ecológico, la necesidad de una reforma agraria, la promoción de una educación ambiental integral popular, el fomento del consumo responsable, la urgencia de un cambio de paradigma científico y la formación con perspectiva ambiental integral y transversal, con integración de la perspectiva de género y ambiental.

También denunciaron la responsabilidad de las empresas en la generación de basura y la complicidad de los gobernantes que votan el ajuste, resaltaron la necesidad de continuar realizando talleres de forma asamblearia, exigieron que las universidades públicas sean al servicio de las necesidades de los pueblos y no de las corporaciones, y se declararon a favor de la salud de los pueblos, los bienes comunes y el buen vivir. Propusieron utilizar la expresión “bienes comunes” en reemplazo de “recursos naturales”, que implica la objetivación/mercantilización del ambiente. También se criticó al paradigma antropocentrista de concebir la relación sociedad-naturaleza como la de dos entes separados y desiguales, y se enfatizó en la noción del ‘buen vivir’ como síntesis superadora igualitaria y latinoamericana.



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