Norita Cortiñas y orientación sexual: "Yo quise acompañar también porque fueron perseguidos"

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Esta entrevista a Nora Cortiñas la realicé en octubre de 2009. Quedamos en vernos en la oficina de la calle Piedras y la encontré como siempre suele estar: en mil cosas a la vez y una vitalidad que no se puede explicar por el transcurrir de los años. Yo estaba escribiendo el libro Orgullo. Carlos Jáuregui, una biografía política y era imperioso su testimonio por haber sido una de las primeras Madres que asistió a la Marcha del Orgullo en 1993. Con la franqueza que la caracteriza habló sobre el tenso vínculo que existía en los 90 entre los movimientos de derechos humanos y los de orientación sexual. Por esas casualidades esta entrevista volvió de nuevo a mí. Ahora, es para quien quiera leerla.

¿Cómo lo conociste a Carlos Jáuregui?

En realidad, yo no tuve un trato muy cercano con él, esto me gustaría que quede claro. Conocía a todo su entorno –su grupo si mal no recuerdo eran César y Marcelo, ¿no?–, pero con Carlos yo no tenía un trato personal. Nos veíamos en marchas de derechos humanos y cruzábamos algunas palabras, pero no recuerdo más. En nuestra institución, en las de Madres-Línea Fundadora, siempre fue un tema contradictorio el de la sexualidad y más el de la homosexualidad. Después que se llevaron a nuestros hijos, nosotras nos asomábamos a un mundo de la calle y costaba mucho coincidir con otros grupos.

Si no me equivoco, lo que vos querés decir es que había muchos prejuicios…

Por supuesto, había contradicciones. Recuerdo que a la primera marcha de gays que fui, y que no fui sola, fui con Margarita [Gropper]. Ella estaba muy en contra del Orgullo Gay: “¿Orgullo de qué?”, decía; “Y los heterosexuales también no sienten orgullo”, preguntaba. Es que nosotras, en ese entonces, estábamos metidas en esa ortodoxia familiar, ¿viste? De las enseñanzas machistas, reaccionarias, fascistas. Nada más que una todavía no lo sabía. La institución nunca fue a ningún espacio como institución. Entonces, se decidió eso: ir a las actividades, mesas redondas a título personal. Por eso nunca tocó el tema de la orientación sexual para discutirlo y tener una posición pública. Desde luego que si había persecución, amenaza, entonces sí se salía sin importar el sexo, la edad, nada. Es un grupo que ha decidido tomar opciones sexuales diferentes. Se sale por la defensa de los derechos humanos. Esto también pasa con el tema de la despenalización del aborto. Y con el tema del feminismo: con el Encuentro Nacional de Mujeres. Por ejemplo, fuimos tres o cuatros madres a los Encuentros: Laura Conte, Mirta Garaballo y yo.

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¿Cuándo vos te fuiste dando cuenta que esa causa era parte de tu causa?

A medida que mi militancia fue en aumento, mi opción fue cada vez más clara en cuanto a que yo estaba luchando por la libertad y la justicia, y esos eran los puntos que nos hacía comunes con estos grupos. Los cambios que tuvimos las Madres fueron muchísimos, nos dimos cuenta que también estaban los derechos económicos, sociales, culturales y sexuales, no fue una fecha o un acontecimiento determinado lo que nos despertó. Cuando salimos a la calle y empezamos a ver que había otras formas de demandas, nosotras dos o tres empezamos de a poco a hablarlo entre nosotras. Cuando lo pudimos hablar, no hubo ya reparo, se fue como naturalizando. Creo que yo ya lo llevaba de antes, no de antes de la desaparición de Gustavo, sino de escuchar discusiones, participar en actividades, de estos años de militancia. Además, yo quise acompañar también porque me fui dando cuenta de que fueron grupos perseguidos. Perseguidos por la dictadura cívico-militar, por la Iglesia patriarcal, por una misma civilización en este criterio. Pero no te podría dar una fecha con precisión.

Por ejemplo, vos asististe a la II Marcha del Orgullo en 1993. Caminaste junto con Luis Zamora, Patricia Walsh, Atilio Borón, Silvia Díaz, Chacho Alvarez.

Yo participé decidida a apoyar, con las limitaciones que tenía en esa época, que no es lo misma que ahora, ¿se entiende lo que quiero decir? Recuerdo que fui a una Marcha, no me hagas acordar la fecha que había un chico joven que se agarraba de mi brazo me decía: “mirá, si por las dudas salgo en la tele, que en mi casa me vean que estoy con una Madre de Plaza de Mayo”. Para mí, yo sentía que era una carta de apoyo y que éramos como un crédito. Porque en muchas familias tener un hijo o una hija homosexual ha traído y trae muchos problemas. Por ejemplo, nosotras estuvimos muy próximas a Eduardo, un chico de Judiciales, que lo había conocido a María Adela [Gard de Antokoletz] en los Tribunales de San Isidro, y lo cuidamos cuando se enfermó de sida y tiramos sus cenizas en la Plaza de Mayo. La madre no quiso saber nada: eran de 9 de Julio, estaba avergonzada de su hijo no sólo porque era gay sino por su enfermedad.

¿Pudiste entender a estos movimientos a partir de tu vinculación con el feminismo?

Sí, es cierto. Te cuento una anécdota graciosa: cuando se hizo el I Encuentro Nacional de Mujeres, en el 87, en el Centro Cultural San Martín, fui a un programa de Marta [Merkin] y Ana María[Muchnik] “Ciudadanas”, entonces por detrás de los micrófonos yo me acerqué (ahora hasta me da vergüenza contarlo) y les dije: “Miren, yo soy femenina no feminista. Tengo hijos varones, me gustan los varones. Entonces, me miran y se matan de risa, y me preguntan: ¿Vos sabés qué quiere decir ser feminista? Y bueno eso que nada que ver con los varones, que están en contra de todo”. Y me respondieron: “No, no es `en contra de´, estamos a favor de nuestros derechos” Si vos no sabés cuáles son tus derechos, difícilmente podés pelear? Y yo allí caí y entonces empecé a entender, a compartir en ese encuentro con un amplio espectro de mujeres feministas y no feministas.

¿Así Línea Fundadora se acerca a las agrupaciones gays y lésbicas?

Sí, creo que sí. Te diría que en realidad, éramos tres o cuatro Madres que apoyábamos a las actividades de estos movimientos. Renée Epelbaum, Laura Bonaparte, Margarita y yo. Yo le decía a Margarita “acompañémoslos, están solos. Que sepan que los apoyamos” No era desde los organismos de derechos humanos, era básicamente desde las Madres. Los organismos nunca participaron activamente salvo HIJOS que estuvieron desde sus orígenes. Recuerdo ahora que los acompañaba Amnistía Internacional, Familiares se incorporaron más tarde.

Desde los inicios de la democracia, el Movimiento Judío por los Derechos Humanos les tendió un puente

Sí, tenés razón. Les dieron mucha cabida en las marchas; en el periódico Nueva Presencia tenían una columna. Era el modo de solidarizarse con grupos que eran vulnerables. Yo hacía diez años que estaba en la calle cuando empiezo a comprender que existen otras sexualidades, no era nuevo….

¿Qué acontecimiento recordás que te llevó a participar de las marchas del Qrgullo?

Fue dándose de una manera progresiva a medida que estos grupos se hacían más públicos. Mesas redondas, presentación de libros: yo ya estaba atenta. Recuerdo que había un muchachito joven –ahora no me sale su nombre, ya me va a salir– que era muy militante gay y participaba en las mesas redondas y hablaba de su movimiento. Así fue dándose que cuando había una mesa de derechos humanos también entraban estos movimientos. Entonces se fue tomando conciencia que dentro de los derechos humanos había otros derechos, como los de orientación sexual. Ellos también nos buscaban por toda la pelea que había en ese momento por la derogación de los edictos policiales, que eran vergonzosos. Éramos como un apoyo, como un aval por compartir la historia y quizás así serían menos reprimidos, mejor dicho, menos hostigado. Ahora que estoy haciendo memoria, recuerdo que Carlos Jáuregui o la CHA tenían una relación muy estrecha con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Él estaba contactado con [Alfredo] Bravo, [Augusto] Conte. Recuerdo reuniones en la Asamblea y también en el SERPAJ, lo tengo muy claro. Eran reuniones para marchas y actividades.

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Nora, tu acercamiento no fue sólo por el feminismo sino también por agrupaciones de Derechos Humanos.

Recuerdo al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH). Un pastor luterano y una monja asistían a los enfermos de sida en el pabellón del Hospital Muñiz. Pero es cierto que no todos los organismos tuvieron una actitud abierta y no siempre estuvieron compenetrados con el tema como con otros temas que eran tan debatidos. Por suerte, corrió tanta agua bajo el puente…

*Activista feminista queer. Integrante del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES) en el Instituto de Investigación Gino Germani (IIGG)-UBA y de la Cátedra Libre Virginia Bolten de la UNLPlata. Autora

Junto con Emmanuel Theumer Desde la Cuba revolucionaria. Feminismo y marxismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin



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