Nueva Obra Escogida de León Trotsky: El capitalismo y sus crisis

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Aportes de gran profundidad que aún conservan utilidad para interpretar la realidad de nuestros días.

Este nuevo volumen de Obras Escogidas de León Trotsky reúne un conjunto de trabajos (discursos, informes, artículos, entrevistas) que engloban el desarrollo de las ideas del revolucionario ruso sobre la naturaleza y la dinámica del capitalismo entre los años que van desde la toma del poder por los bolcheviques en octubre de 1917 hasta su asesinato en 1940. Aquí presentamos algunos aspectos del prólogo del libro.

Trotsky parte del análisis de la economía mundial como un conjunto interdependiente. Esta concepción general lo aleja de todo análisis evolucionista vulgar, tanto en lo que respecta a las tendencias más generales del capitalismo en su conjunto como en los cambios en las relaciones entre las partes de la economía mundial. Sus análisis contemplan la relación entre los distintos países imperialistas, entre estos y los países semicoloniales y entre la economía capitalista mundial y el régimen de transición establecido en la URSS. Así, la fuerza del método le da una gran capacidad de previsión histórica.

Como plantea Paula Bach en la introducción, León Trotsky buscó permanentemente hallar una unidad en continuo movimiento entre los elementos periódicos del capitalismo y sus tendencias básicas, así como entre los factores económicos y los factores políticos en una época de decadencia capitalista. Sus importantes contribuciones en este campo han formado una parte destacada del acervo teórico de la III Internacional y más tarde de la IV.

En sus múltiples artículos dispersos pueden hallarse herramientas de inestimable valor para el análisis metodológico de la economía política de nuestros días.

Por ejemplo, el concepto de “equilibrio” capitalista ocupa, en el marco temporal de la inestable situación de la primera postguerra y los primeros años ‘20, un lugar privilegiado. Como podrá verse en el artículo titulado “La situación mundial”, la interpretación de las tendencias del capitalismo se realiza a través de la relación permanente entre tres factores a saber: la economía, las relaciones entre las clases y las relaciones internacionales entre los Estados.

Para Trotsky, el equilibrio capitalista, lejos de constituir algún tipo de estado permanente, es la visualización de la totalidad del sistema capitalista como una unidad en continuo movimiento que construye dicho equilibrio, luego lo rompe, lo reconstruye y lo vuelve a romper. En esta visión abarcadora del movimiento de conjunto del capitalismo, la determinación de la economía, en última instancia, no resulta un proceso mecánico sino moldeado permanentemente tanto por los avatares de la lucha de clases como por las relaciones interestatales. De este modo, Trotsky tuvo el mérito de incorporar el rol fundamental del factor subjetivo y de los factores políticos en las tendencias de la economía, en particular durante la edad madura del capitalismo, es decir, durante la época imperialista.

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Las profundas contradicciones entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el límite que les representan los Estados nacionales juegan un rol central en las definiciones de Trotsky de este período como podrá verse en el artículo “El nacionalismo y la economía” donde por ejemplo plantea:

“El siglo XIX estuvo signado por la fusión del destino de la nación con el de su economía, pero la tendencia básica de nuestro siglo es la creciente contradicción entre la nación y la economía”. Trotsky insiste en el hecho que (como ya lo planteaba en los años ‘20) una de las causas más importantes de la Primera Guerra Mundial estuvo ligada a las necesidades expansivas del capital alemán así como que esto “Solo expresaba de manera más intensa y agresiva la tendencia de todas las economías capitalistas nacionales”.

La Primera Guerra Mundial no había logrado resolver estos problemas sino que, por el contrario, atomizó todavía más a Europa. Profundizó la dependencia mutua entre Europa y Norteamérica al mismo tiempo que el antagonismo entre ambas. Impulsó el desarrollo independiente de los países coloniales a la vez que agudizó la dependencia de los centros metropolitanos respecto a los mercados coloniales.

Como consecuencia de la guerra se agudizaron todas las contradicciones del pasado.

Trotsky visualiza tanto en el fascismo como en los intentos de la diplomacia europea de procrear “los Estados Unidos de Europa” los deseos reaccionarios de las burguesías imperialistas de superar la contradicción entre la pujanza expansiva de las fuerzas productivas y el corsé de las fronteras nacionales que han alcanzado un grado extremo en la época de decadencia capitalista, manteniendo, por supuesto las relaciones capitalistas de producción que son las que le dan origen. De este modo para Trotsky:

“Los intentos de salvar la economía inoculándole el virus extraído del cadáver del nacionalismo producen ese veneno sangriento que lleva el nombre de fascismo”.

A su vez, sobre los intentos burgueses de crear los Estados Unidos de Europa plantea que significan un intento de “por la fuerza, subordinar la economía al superado Estado nacional”.

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Más tarde Trotsky considera al New Deal desarrollado por el presidente Roosevelt en los Estados Unidos como otra forma de intervención del Estado sobre la economía para salvar a un sistema moribundo. En el “El marxismo y nuestra época” de 1939 Trotsky va a definir que: “Actualmente hay dos sistemas que rivalizan en el mundo para salvar al capital históricamente condenado a muerte: son el Fascismo y el New Deal”.

Según la definición de Trotsky, mientras

(…) el fascismo basa su programa en la disolución de las organizaciones obreras, en la destrucción de las reformas sociales y en el aniquilamiento completo de los derechos democráticos… La política del New Deal, que trata de salvar a la democracia imperialista por medio de regalos a la aristocracia obrera y campesina solo es accesible en su gran amplitud a las naciones verdaderamente ricas, y en tal sentido es una política norteamericana por excelencia.

A Trotsky le cabe el mérito de haber comprendido el desarrollo de la economía capitalista en la época imperialista no a través de un simple cálculo de la producción sino ligado a las posibilidades /imposibilidades internacionales de expansión de las fuerzas productivas. De aquí que su análisis sea inseparable de las tendencias a la confrontación entre los principales Estados imperialistas. Este método le permitió identificar no solo de forma muy temprana la creciente hegemonía norteamericana desde los primeros años ‘20, sino que esta se desarrollaría como un conflictivo proceso en permanente confrontación con Europa y las restantes potencias capitalistas. La lucha por la hegemonía de EE. UU. se manifestaría como un largo proceso a través de los años ‘20 y ‘30, caracterizada tanto por la continuidad del crecimiento norteamericano a costa de una Europa devastada como por el desarrollo de las inevitables tendencias al militarismo y finalmente por la inexorabilidad de una Segunda Guerra Mundial, condición necesaria para el afianzamiento de la hegemonía norteamericana.

Ya en 1933, Trotsky pronostica claramente el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Luego, en el año 1939, en su artículo “El marxismo y nuestra época” definirá que:

“La lucha furiosa y desesperada por una nueva división del mundo es una consecuencia irresistible de la crisis mortal del sistema capitalista”. Es en esta misma dirección que definía que la consolidación del poderío norteamericano estaba indisolublemente ligada a la imposición de la “paz americana” inseparable de la participación de Estados Unidos en la guerra.

La contradicción planteada aparece en Trotsky a las puertas de la Segunda Guerra Mundial como “socialismo o imperialismo”. Para él, el camino a la guerra había sido despejado por una serie interminable de derrotas y traiciones pero la guerra a su vez, abriría nuevamente el camino a la revolución, de cuyo triunfo o derrota dependía el hecho de que el capitalismo en descomposición lograra o no restablecer su dominio.

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En el final de la introducción Paula Bach, además de analizar brevemente el período de posguerra hasta nuestros días, ensayando la utilización del método planteado por Trotsky, plantea que muchos de los elementos analizados por Trotsky, tales como las tendencias a la ruptura del equilibrio capitalista o la contradicción entre las tendencias expansivas de las fuerzas productivas y el protagonismo de los Estados nacionales, juegan en el sentido metodológico en el curso de procesos muy distintos desde hace ya muchas décadas y son aportes de gran profundidad que aún conservan utilidad para interpretar la realidad de nuestros días.

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En pocos días “El capitalismo y sus crisis” estará disponible mediante la web de la editorial, en locales del PTS en todo el país y pronto también en librerías.



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