“O mito chegou”: Bolsonaro y las iglesias evangélicas en clave argentina

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Ante la actual coyuntura electoral brasilera han surgido muchos interrogantes sobre la articulación entre religión y fundamentalismo religioso. Sin embargo, la adhesión explícita de gran parte de las iglesias evangélicas a la plataforma electoral de Jair Bolsonaro, estaría expresando más que nada su rechazo moralista a lo que perciben como un sistema viciado de corrupción. ¿De qué se trata este fenómeno de larga data en Brasil? ¿Puede repetirse en la Argentina? ¿Cuáles son las reflexiones que podemos darnos desde la izquierda sobre el lugar de la espiritualidad y la religión?

Guillermo Barón

Licenciado en Comunicación Social – Doctor en Ciencias Sociales

Ana Carolina Luz

Licenciada en Comunicación Social – Maestranda en Estudios Latinoamericanos

Iglesias y política en Brasil y Argentina, algunas diferencias y coincidencias

La historia de las iglesias (católica y evangélicas) en Brasil y Argentina tiene importantes diferencias que es preciso tener en cuenta. Mientras que en la Argentina la Iglesia Católica tuvo durante todo el siglo XX un papel de cercanía y connivencia con el poder, en Brasil la relación fue distinta. El catolicismo fue la ideología que con más fuerza penetraría en las Fuerzas Armadas en Argentina y la Iglesia Católica tuvo un rol protagónico en las dictaduras. En Brasil en cambio, si bien existieron núcleos católicos reaccionarios de influencia como la TFP (Tradición, Familia y Propiedad), los militares fueron más proclives a las ideas de cuño cientificista y positivista.

Es en este escenario en el que hay que entender las distintas derivas que en un país y otro tuvo la eclosión liberacionista de los años ‘60. Mientras que en Argentina el movimiento cristiano liberacionista fue marginal en la Iglesia Católica, con experiencias importantes pero efímeras como el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, en Brasil, la Teología de la Liberación llegó a convertirse, al menos durante un periodo, en la fuerza dominante. Así, la Iglesia Católica en Brasil se convirtió en uno de los espacios más fuertes de oposición a la dictadura. Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB’s) estuvieron en el origen de muchas de las organizaciones políticas y sindicales que surgirían luego, como por ejemplo la CUT (central sindical) y el PT. El MST (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra) tiene también su origen en la Pastoral de la Tierra de la Iglesia Católica.

Sin embargo, hay quienes señalan que la teología de la liberación, con su politización y tal vez excesiva racionalización de la fe y con su insistencia en la liberación como proceso histórico y colectivo, terminó dejando un espacio vacante que sería llenado por las denominaciones pentecostales que crecerían fuertemente en los años ‘80. A diferencia de la teología de la liberación, el pentecostalismo propone una religiosidad mucho más centrada en lo sobrenatural y lo milagroso que otorga una respuesta más individual y focalizada a la angustia existencial de las masas desposeídas (como dijera Marx, la religión es “el suspiro de la criatura oprimida”). A esto se le debe sumar la teología de la prosperidad que es propiciada por muchas (pero no todas, ni la mayoría) de las iglesias pentecostales, según la cual el éxito económico individual es una meta legítima, algo de lo que es necesario enorgullecerse ya que refleja la bendición y predestinación divinas.

En la Argentina, sin embargo, la cercanía al poder fáctico de la Iglesia Católica y su mayor penetración en el aparato estatal le jugarían a favor a la hora de contener a la competencia evangélica y mantener su monopolio religioso. Por otro lado, su influencia ideológica en los grupos nacionalistas le sirvió siempre para estigmatizar y perseguir a los protestantes como uno de las tantas caras de una conspiración internacional que junto a judíos, masones y comunistas buscaban desvirtuar la esencia del “ser nacional”.

La historia de los evangélicos también tiene sus particularidades en la Argentina. Los grupos de fieles se reducían, inicialmente, a aquellas familias que provenían de países de mayorías protestantes (alemanes, ingleses, escoceses, etc.). En general, eran iglesias que no tenían una actividad proselitista y que sólo peleaban por su derecho a existir, lo que implicaba dar la pelea legislativa por la libertad de culto en franca oposición con la Iglesia Católica. Ya en el siglo XX llegaría a nuestro país el pentecostalismo, una corriente más misticista y centrada en una lectura literalista de la Biblia, pero también más plebeya y de mayor inserción entre las masas populares. Habría que esperar algunos años más para la aparición de lo que se conoce como tele-evangelismo, con fuerte irradiación desde los Estados Unidos, con un uso central de los medios electrónicos de comunicación (Jimmy Swaggart, el Club 700), con una teología que otorga un importante papel a la prosperidad económica y con una notable tendencia a intervenir en política.

¿De dónde viene la identificación de la comunidad evangélica con Bolsonaro?

Según el censo del IBGE (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística) de 2010, la comunidad evangélica en el país creció más de 60% en 10 años. En 2010 era de que 22,2% de la población era evangélica; hoy se estima que el número de fieles corresponde al 30% (en la Argentina es un 12%).

¿Cuáles son las principales organizaciones de esta comunidad evangélica? Por un lado, la “Assembleia de Deus” que es la reunión de decenas iglesias evangélicas pentecostales. En elecciones anteriores las iglesias divergían en relación a los candidatos. Actualmente todas se han unido en el antipetismo, adhiriendo consecuentemente a Bolsonaro que “por suerte” es también evangélico, bautizado en el Río Jordán. Si con eso no bastara, el segundo nombre de Bolsonaro es “Messias”, lo que hace que muchos fieles crean que se trata de un “hombre predestinado”.

La vinculación del candidato con las iglesias evangélicas es claramente instrumental. Otro de los principales líderes religiosos en Brasil es el tele-evangelista Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios y propietario del Grupo Record, un conglomerado de medios de comunicación del cual es parte el tercer más grande e influyente canal de televisión del país, Record TV. Controlar un medio de comunicación es tener el poder y Macedo lo sabe. Tanto sabe de poder que en 2008 publicó su “proyecto divino de nación” en el libro intitulado Plano de poder. Es autor también de Orixás, caboclos y guías: ¿dioses o demonios? en el cual acusa las religiones de matriz africana y afro-brasileña de maniobras satánicas responsables por los males de la humanidad. El discurso de Edir Macedo es violentamente racista y coincide con el de Jair Bolsonaro. Concuerdan también en la homofobia, la misoginia, el machismo y todo lo que es anti-derechos humanos. Es más: coinciden en una clase de anti-dignidad humana.

Es importante señalar que el Congreso Nacional de Brasil cuenta con un Frente Parlamentar Evangélico que en el campo moral tiene fuerza e influencia de forma general, es decir, independiente de la religión. En estas elecciones, la bancada evangélica creció aún más (también se eligieron más mujeres en general y particularmente de partidos de izquierda, entre ellas también negras y trans). Otro punto a señalar es que Bolsonaro no era el único evangélico entre los candidatos a la presidencia: Marina Silva del partido Red Sustentabilidad y Cabo Daciolo del Patriota también son fieles pentecostales, pero no tienen la fuerza de Bolsonaro porque aparentemente su discurso no es tan conservador.

Una semana antes de las elecciones la campaña virtual #elenão tomó forma en las calles, en lo que fue la más grande movilización de mujeres autoconvocadas de la historia del país. Las encuestas después de las manifestaciones decían que Bolsonaro se había fortalecido. ¿Sería un efecto backlash, es decir, de reacción contraria a lo que reivindicaban las mujeres? Algo parecido con lo que puede haber pasado con Donald Trump en EE.UU: hagamos lo opuesto a lo que reivindican las mujeres porque a las mujeres les tenemos rechazo. ¿Puede ser que esa movilización histórica haya provocado tamaño rechazo en los “ciudadanos de bien” que consecuentemente decidieron votar a quien ellas decían que no votaran? Lo que sí sabemos es que en el mismo fin de semana de las manifestaciones en Brasil, el mismo período entre las encuestas, Macedo anunció públicamente su voto a Bolsonaro.

Y en la Argentina ¿qué?

Mucho se ha especulado con la repetición del fenómeno de la bancada evangélica brasilera en nuestro país. De hecho, luego de la campaña anti-derechos a la que muchas de las iglesias pentecostales se volcaron durante la discusión sobre la legalización del aborto, se llegó a hablar del lanzamiento de un partido anti-aborto que candidateara a la mediática Amalia Granata y a la cual los fieles de estas iglesias le apostarían la militancia y los recursos. En Mendoza, el tele-evangelista Héctor Bonarrico, llegó al Senado Provincial como parte de la alianza anti-política que encabezó el olvidable José Luis Ramón. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla y sería una torpeza entender que estas iniciativas representan a toda la feligresía evangélica sin más.

A diferencia del tele-evangelismo y su receta conocida de fuerte apuesta a los medios electrónicos de comunicación, las iglesias pentecostales más tradicionales tienden a no manifestarse políticamente en tanto tales, dejando libertad de elección a sus miembros y en general no predican la teología de la prosperidad. Lo que sí las caracteriza es una profunda sensibilidad social e inserción territorial, lo que llevó a algunos de sus miembros a simpatizar con las políticas sociales de los gobiernos kirchneristas, y un fuerte moralismo que se lleva bastante bien con el discurso anti-corrupción que tanto éxito ha tenido tanto en Brasil como en la Argentina.

Solidaridad con Brasil y algunas preguntas a la izquierda

Este sábado 20 hubo en varios puntos del país actos contra Bolsonaro, con la participación tanto de argentinos como de brasileros y también organizaciones feministas locales, junto a la izquierda. Los participantes entienden que la elección de Bolsonaro en Brasil es un nuevo escalón en la derechización mundial que no dejará de tener efectos en un país vecino como la Argentina.

Sin embargo, hablando de religión y política en los contextos de Brasil y Argentina, una diferencia se hace evidente. Mientras en las izquierdas argentinas es muy fuerte la oposición a todas y cualquier tipo de religiones, en Brasil, si bien las izquierdas son críticas en relación a las religiones y el rol que cumplen social y políticamente, hay también una gran participación de creyentes entre la izquierda. Difícilmente haya una identificación religiosa con la Iglesia Universal, por razones obvias, pero sí se identifican católicos, evangélicos, espiritistas, budistas e iniciados en el candomblé y en la umbanda.

No se trata de decir o decidir si esto está bien o está mal, pero simplemente presentar un dato e invitar a la reflexión, a la desconstrucción y a la tolerancia, tratando de trascender interpretaciones que ven a las religiones sólo como “anestesia mental” que muchas veces demonizan o subestiman a los creyentes. En la Argentina también fueron muchos los creyentes que aportaron a la lucha de trabajadores y mujeres. Valga aquí entre tantos el ejemplo de Alieda Verhoeven, primera pastora metodista de la Argentina, feminista y lesbiana y pionera en la Argentina del movimiento de mujeres y de la lucha para la legalización del aborto.



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