Panorama económico de AMLO a 100 días de gobierno: contradicciones en el horizonte

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A 100 días del gobierno de Obrador, pesa el apriete del mercado y el lento crecimiento de la economía internacional.

El gobierno de López Obrador llega a sus primeros cien días con claroscuros en materia económica, ante un apriete de los mercados internacionales, de las calificadoras de riesgo y la gran burguesía y algunas medidas que busca llevar adelante distintas a las de los gobiernos neoliberales anteriores.

Un bajo crecimiento en un mundo estancado

El primer dato que salta cuando se analiza el desempeño de la economía mexicana bajo los primeros cien días del gobierno de AMLO es una tasa de crecimiento que se ajusta a la baja y que no sale del rango de los gobiernos anteriores.

La baja de ventas minoristas y de automóviles son factores preocupantes, según el Financial Times, ya que los analistas consideran estos datos como “barómetro clave” en México porque en los últimos años fue el gasto de los consumidores el principal impulsor del crecimiento.

El proyecto de nación obradorista planteaba la meta de crecer a una tasa del 4%. Sin embargo, los organismos financieros internacionales estiman que para 2019 el PIB estará por debajo del 2%, esto es, debajo de las estimaciones del equipo de Obrador cuya meta económica, apunta a un crecimiento entre el 1.5 y 2.5%.

Esto se inscribe en el contexto de una descenso del pronóstico de crecimiento de la economía mundial. El Fondo Monetario Internacional acaba de reducir su pronóstico de crecimiento del PIB global de 3.7 a 3.5% para este 2019, debido tanto a tensiones comerciales internacionales como a la reducción del crecimiento del PIB chino. Por su parte, el Banco Mundial prevé que será hasta el año 2020 cuando la economía mexicana conseguirá una expansión de 2.4%.

El propio AMLO ha planteado que va a ser difícil revertir la tendencia remontando la inercia de bajo crecimiento de los sexenios anteriores. Durante 2018 por ejemplo se creció apenas al 1.98% -la tasa más baja desde 2013-. A esta realidad se suma la situación de la economía estadounidense, para la cual se pronostica una recesión para el 2020 o al menos una desaceleración que necesariamente impactaría a la economía mexicana.

El gobierno señala que le dejaron la tarea de “pagar los platos rotos” y compara lo que está llevando adelante con “mover un elefante”. Quizá busca prevenir sobre los límites de la política económica que busca implementar.

La burguesía imperialista aprieta

Las calificadoras internacionales son instituciones que chantajean a los gobiernos y a los países con reducir su calificación (y por tanto reducir la inversión) si es que no se ajustan a los estándares que plantean.

Así, Standard & Poor’s, Moody’s o Fitch, aprietan por una parte para que se abran las inversiones en sectores estratégicos como el energético, y por otro para que se cumpla con los acreedores internacionales de deuda -los grandes bancos o instituciones bancarias.

Esto es así porque una baja calificación de la deuda soberana o pública -que se compone de todas las deudas que tiene un Estado con otros países o con entidades privadas, como los bancos o los fondos de inversión-, pone en duda la capacidad de un país para solicitar más crédito para sus planes económicos financieros (lo que llaman prima de riesgo). Y ahuyenta al capital sea que se trate de inversión extrajera directa o indirecta.

En el caso de Pemex, es claro que lo que buscan las calificadoras (es decir la burguesía), es que el gobierno de AMLO mantenga la apertura al capital para poder sacar ganancias con la explotación del petróleo. De ahí que hayan reducido la calificación de la paraestatal de estable a negativa. Lo anterior en un momento donde el precio del barril del petróleo se ubica en 58.50 dólares por barril, un alza del 10% de su valor desde noviembre del año pasado.

Variables macroeconómicas estables, por ahora

Por otro lado, distintas variables macroeconómicas se mantienen estables o muestran comportamientos positivos, lo cual “da confianza” por ahora a la burguesía.

Por un lado, la cotización del dólar al menudeo subió a 20.80 pesos tras la toma de posesión el 1 de diciembre, pero bajó paulatinamente al darse a conocer el Paquete Económico 2019 y llegó a un mínimo de 19.20 pesos el 16 de enero, pese al desabasto de gasolina por el combate al huachicoleo.

Por otro lado, datos de financieras nacionales indican que hay una evolución positiva del Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) lo cual se explica en buena medida por la situación política. Según Banorte, por ejemplo, la impresión en los integrantes del hogar de que hay mayor facilidad para comprar bienes no perecederos –como electrodomésticos y muebles– y la creencia de que en un año la situación económica del país será mejor que la actual.

Por su parte, la inflación se no solo se mantiene en niveles bajos, sino que la inflación del mes de febrero fue la más baja en 17 años según el Inegi. Por último, las reservas internacionales continúan acumulándose llegando a este primero de marzo a la cifra de 175,646 miles de millones de dólares.

No obstante, este comportamiento, la economía muestra señales de desaceleración, situación que puede profundizarse si las medidas del gobierno no satisfacen los requerimientos de los mercados.

Medidas tibias que no enfrentan al capital, impotentes

La burguesía financiera quiere todo y no está dispuesta a ceder nada. El jueves 8 de noviembre, cuando la bancada de Morena en el Senado presentó una iniciativa para eliminar el cobro de diversas comisiones bancarias -las cuales son mucho más elevadas que en los países de donde son los bancos que operan en México-, que limitarían las ganancias de los grupos financieros, el mercado accionario castigó, por lo cual la bancada de Morena presentó una iniciativa aún más moderada.

También los títulos accionarios en la bolsa de las mineras se depreciaron luego de comentarios hechos por el hoy senador, Napoleón Gómez Urrutia, sobre que las mineras estas gozaban de muchos privilegios y prometió “que revisará las concesiones en esta industria”.

Algo similar ocurrió con el anuncio de la cancelación del Nuevo Aeropuerto, ante lo cual el gobierno de López Obrador se apresuró a asegurar a los accionistas la compra de los bonos de deuda y así calmar a los mercados.

En el contexto de la desaceleración económica mundial, el capital exige aumentar la explotación de la fuerza de trabajo para recomponer su tasa de ganancia, con un gobierno como el de AMLO casi cualquier noticia genera volatilidad en los mercados accionarios y provoca que flujos entren y salgan.

La única alternativa realista para mejorar las condiciones de vida de la gran mayoría trabajadora en el país, es poner la economía al servicio de las necesidades sociales y no del capital. Conciliar tiene muy poco margen de acción y más pronto que tarde el capital se impone ante gobiernos que no llevan un enfrentamiento hasta el final.

A 100 días del gobierno la economía no parece repuntar y el crecimiento es bajo, la inestabilidad es grande y el capital no va a ceder, solo una política anticapitalista le puede hacer frente a su sed de ganancia.



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