Para Macri no hay "verano" financiero: riesgo país récord y más malas noticias

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El FMI dio el visto bueno para un nuevo tramo del préstamo, pero los inversores no se dieron por enterados. El riesgo país volvió a subir y la bolsa cayó fuerte.

Es 21 de diciembre, pero Macri no puede festejar la llegada del verano. El gobierno de Macri que al igual que el de Fernando De la Rúa de cuya caída se cumplieron ayer 17 años intenta hacer gestos a los inversores con el “déficit cero”, no tiene tregua por parte de los “mercados”.

A pesar de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) aprobó el miércoles en su revisión a las cuentas del país, y liberó un nuevo giro de fondos por USD 7.600 millones que permitirán al Tesoro seguir cumpliendo con el pago de las deudas próximas a vencer, el riesgo país no dio respiro. Esta medida, que muestra la aversión de los acreedores a tomar títulos de deuda del país, y la sobretasa que por lo tanto imponen por encima de lo que paga la deuda de los EE. UU., cerró ayer en 787 puntos, 6 más que en la previa. Durante la jornada superó la barrera de 800. Esto significa que está en niveles récord como los que tuvo durante los meses más álgidos de la corrida que se prolongó entre abril y septiembre. El índice Merval de la bolsa porteña, en tanto, tuvo una caída de 2,4 %.

Más presión de la Fed

El miércoles la Reserva Federal (Fed) de los EE. UU., que regula la política monentaria de ese país, estableció la cuarta suba del año en el rango de la tasa de interés de la política monetaria, que pasó a estar en 2,25- 2,5%, 0,25 puntos porcentuales más arriba. Era algo que se daba por descontado, pero no por eso deja de hacerse sentir. Si bien al mismo tiempo el mensaje fue que el año próximo los aumentos de tasas previstos se reducen de tres a dos, a juzgar por el día después para la Argentina impactó más la suba actual que el menor endurecimiento que ahora se prevé para el año próximo.

Una tasa de interés más alta en EE. UU. aumenta la inclinación de los inversores por volcarse a activos norteamericanos, que aumentan su rendimiento a medida que la Fed endurece su política monetaria. Si bien lo que ofrecen los bonos y otros títulos estadounidenses es mucho menos que lo que pueden ofrecer los activos de países catalogados en la jerga de las finanzas internacionales como “emergentes”, aumenta la inclinación por refugiarse en estos activos, considerados como más seguros, en momentos en que la incertidumbre sobre las perspectivas internacionales va en aumento, como es el caso hoy.

De acuerdo al titular del banco de inversión Puente, Federico Tomasevich, el retiro de capitales de los emergentes sumó este año USD 35.000 millones. Un 20 % de ese flujo negativo correspondería a la Argentina, por la salida de inversores de cartera de los activos nacionales.

Cada suba de la tasa de la Fed le agrega un poco más de presión a los países que se encuentran en situación vulnerable. Y la Argentina está entre los más expuestos, por el endeudamiento serial encarado por Macri este año. Aunque desde enero el país no coloca deuda en los mercados internacionales, los buitres de las finanzas globales tienen en sus carteras más títulos argentinos de lo que desearían, y eso le pone una presión adicional al desplome de la cotización de los bonos argentinos (cuanto menos valen los bonos más tasa, retroalimentando la suba del riesgo país).

El “riesgo Macri”

El gobierno y varios economistas vienen sosteniendo que el riesgo país vuelve a subir por factores políticos. Según esta tesis los inversores se espantan por la posibilidad de que el gobierno pierda las elecciones a manos de Cristina Fernández y retorne el “populismo”.

Pero lo cierto es que para las elecciones falta todavía una eternidad, dada la precariedad en que se encuentra el gobierno. La calma del dólar, sometida a vaivenes, solo se sostiene al precio de una persistente contracción monetaria y tasas de interés de la política monetaria que no bajan de 59 % anual. Aunque el Banco Central (BCRA) elimino hace semanas el piso de 60 %, las tasas no bajan porque de hacerlo estimularía un aumento del dólar, como se vio apenas lo intentó.

Estas tasas vienen son un golpe adicional sobre la actividad económica, que como se conoció esta semana cayó 3,5 % en el tercer trimestre del año. Lo hacen por la vía de la contracción crediticia, que se registra para todas las categorías, pero pega más fuerte en los préstamos personales y de tarjetas de crédito, que en el día de ayer mostraban una contracción nominal en los últimos 30 días de 4,2 %, a la que hay que agregarle el efecto de la inflación. Respecto de un año atrás la caída de préstamos en esta categoría es de más de 15 % en términos reales. Tomando todas las categorías de crédito al sector privado el retroceso es de 8 %.

Pero este impacto sobre la actividad es lo que menos importa a los especuladores internacionales. Lo que observan con alarma es el impacto que las tasas que fija el BCRA tienen sobre el balance del organismo. Para mantener a raya el dólar y librar una batalla contra la inflación (que viene perdiendo) mediante el congelamiento de la base monetaria, la entidad paga a los bancos arriba de 59 % al año. Esto significa que las Leliq, los pasivos que el BCRA contrae con los bancos, crecen con la tasa actual en un 5 % acumulativo cada mes (que es lo mismo que decir un 80 % en un año). Se trata de una bomba tan explosiva como la de las Lebac, que fueron un ingrediente central en la crisis iniciada en abril.

Si sumamos el déficit en el que incurre el BCRA por estos títulos (llamado “cuasi fiscal”) con la tasa vigente y el déficit financiero proyectado por el tesoro por los pagos de deuda en 2019 (equivalente a 3,2 % del Producto Bruto Interno, PBI), el déficit total generado por la explosiva política monetaria y los pagos de la deuda será de nada menos que 7,5 % del PBI.

Es este rojo, y el requisito de lograr el refinanciamiento de al menos el 60 % de la deuda de corto plazo (Letes) para poder cumplir el programa financiero del año próximo aun contando con el aporte del FMI, lo que espanta a los inversores. Después de haber ganado jugosas ganancias durante los dos primeros años de gobierno de Macri, el plan sigue siendo por ahora sacarse de encima los títulos argentinos.

¿Cosecha salvadora?

Agroindustria proyecta para el año que viene una cosecha récord: 140 millones de toneladas, algo más que hace dos campañas (136 millones), y bien por encima de la última, devastada por la sequía.

Pero la expectativa de una cosecha salvadora para 2019 podría resultar prematura. La Cepal advirtió en su último informe que por las adversas condiciones globales, los precios de los productos básicos (minerales, granos, hidrocarburos) podrían retroceder 7 % en promedio el año próximo por el menor crecimiento de la economía mundial, la suba de tasas y el consiguiente fortalecimiento del dólar, y los riesgos financieros y geopolíticos.

“Los minerales y las materias primas agropecuarias se verían afectados por la desaceleración en la actividad económica mundial, en particular, de un importador clave como China. En el caso del petróleo, además de los factores de desaceleración de la demanda, se han relajado algunas restricciones a la oferta”, dice la Cepal. Para 2019, “se prevé que, lejos de disminuir, las incertidumbres serán mayores y provenientes de distintos frentes. No se ven motores para que el crecimiento en 2019 muestre mayor dinamismo en la economía mundial”.

Adiós a los PPP

Esta semana el asesor presidencial Gustavo Lopetegui dio de baja los polémicos proyectos de Participación Público Privada (PPP), andamiaje con el cual el gobierno pretendía mantener en marcha obras de infraestructura a pesar del ajuste. La suba del riesgo país terminó de imposibilitar la ingeniería financiera necesaria para ponerlas en marcha.

Irónicamente, el ejecutivo se vio obligado a tomar esta decisión en la misma semana en que la justicia dio un blindaje judicial para los empresarios involucrados en la causa de los Cuadernos de Centeno. La Cámara Federal, que el jueves confirmó el procesamiento de la expresidente Cristina de Kirchner y del exministro de Planificación Julio De Vido, entre otros, en la misma resolución dejó afuera de la acusación de asociación ilícita a empresarios como Angelo Calcaterra, Aldo Roggio, Luis Betnaza, Gabriel Romero, Juan Chediack y Enrique Pescarmona. Apenas podrían quedar implicados por cohecho, un delito con una pena menor.

Pero este salvataje de los empresarios llega demasiado tarde para intentar revivir el andamiaje de las obras para mover la economía.

El verso de la “luz al final del túnel”

Macri y su gabinete responden a la presión de los mercados financieros acelerando el ritmo del ajuste. Si el gobierno ajusta y muestra capacidad de cumplir con sus compromisos volverá la credibilidad, el crédito externo, la entrada de capitales, y se reactivará la rueda de la “felicidad”, nos dice el relato oficial, que se completa con el lema “haciendo lo que hay que hacer” en cada publicidad.

Pero este intento de construir una épica del “déficit cero” y la austeridad terminó de manera catastrófica hace 17 años para los trabajadores y sectores populares. No hay razones para esperar que hoy sea distinto. Por eso es urgente desarrollar la fuerza política y social capaz de imponer un programa para frenar el saqueo en curso y que esta vez la crisis la paguen los capitalistas.



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