Pedidos Ya: la precarización oculta

0
160


La Izquierda Diario Córdoba entrevistó a trabajadores de la empresa uruguaya, que denuncian que estar en blanco no garantiza mejores condiciones laborales.

Dentro de las aplicaciones de delivery, como en muchos otros rubros, hay escalas. “Los trabajadores de Uber son la aristocracia obrera de las aplicaciones. Incluso la catalana Glovo, principal competidor de Rappi, parece más benévola con pagos por minutos de espera o incremento de las ganancias por kilómetros. La uruguaya Pedidos Ya, con sus trabajadores en blanco, pago extra de mil pesos por tener bici propia y otros beneficios, es la más deseada entre los repartidores”, dice Emiliano Gullo en Anfibia, luego de trabajar diez días en Rappi para experimentar lo que viven miles de jóvenes en Argentina y otros países del mundo.

Con 1.800 “riders” y 5.000 restaurantes en todo el país –según datos de noviembre–, Pedidos Ya tiene a sus empleados en blanco, enrolados en el sindicato de Comercio, con contratos de 15, 24, 36 o 48 horas semanales, aportes jubilatorios, obra social y ART. Hasta ahora.

A fines del año pasado, la empresa empezó a despedir gente y a tomar empleados con monotributo, por ahora solo con moto. Les paga por viaje y un plus según los kilómetros recorridos, como las otras apps. Los despedidos en Córdoba suman 13; a ninguno le llegó el telegrama de despido. Simplemente los bloquearon, como hacen las otras apps. Pero quienes siguen trabajando en blanco cuentan que no es oro todo lo que brilla.

Te puede interesar: Rappi y el gran bigote: el “futuro” de la precarización juvenil llegó hace rato

La Izquierda Diario Córdoba dialogó con tres trabajadores de Pedidos Ya, uno de Rappi y uno que divide su tiempo entre Glovo y Uber Eats. Por cuestiones de seguridad, no se difunden sus nombres.

Con respecto a los problemas que tienen en Pedidos Ya, cuentan que tienen ART, pero ni siquiera les dan la tarjeta para llevar en la billetera por si pasa algo. “Nos dicen que tenemos que ir a la obra social, no nos reconocen las carpetas médicas prolongadas. Una chica se fracturó dos vértebras, estuvo con carpeta y al tiempo le dijeron que le dejaban de pagar el sueldo y le reservaban el puesto. Si hubiera podido ir a la ART, eso no pasaba”, explica E.

Además, los horarios son rotativos, por semana. No siempre les dan horarios fijos a quienes estudian. D. agrega que no les pagan la nafta a quienes tienen moto. “Con el tema de las sanciones, si te aperciben o te suspenden no te dan ni un papel que lo acredite, directamente te bloquean. Si te suspenden dos días o más, te sacan el presentismo porque consideran que son faltas injustificadas, son como $ 3.000. Lo peor es que no hay nadie a quien recurrir ante cualquier reclamo: nos dan un mail de recursos humanos que nunca responde y el gerente de Córdoba se encarga de muchas áreas, no hay modo de llegar más arriba”, enumera.

Son muchos los ítems del Convenio colectivo de trabajo que la empresa no respeta. “Según el CCT, nos tienen que dar uniforme, pero lo pagamos nosotros. Y antes te daban un celular para usar, ahora ya no, pero lo mismo lo ponen en el contrato”, dice H.

Midiendo el compromiso

Quienes trabajan en la “economía colaborativa” se saben de memoria las distintas modalidades de pago que tiene cada empresa. En Glovo y Uber Eats pagan un extra por los kilómetros recorridos y por el tiempo de espera al buscar un pedido. Pero cobran por el uso de la aplicación. M. es un experto haciendo números: trabajó en Rappi, cuando lo bloquearon se pasó a Glovo y Uber Eats. “Yo ahora saco $ 30.000 pedaleando 8 horas por día, tengo muchas deudas. En Rappi estaba más de 12 horas para sacar lo mismo. Me bloquearon por quejarme de la política de cancelación de pedidos. Cuando un cliente cancelaba un pedido, nos hacían dárselo a una persona en situación de calle, sacarle una foto y mandarla. Ahora, lo que se cancela lo llevan a la oficina. A veces, la persona que te lo recibe se come el pedido enfrente tuyo, no importa si vos no pudiste parar a picar algo en todo el día. Si no lo llevás, te lo cobran”.

La manera de medir el “compromiso” de los empleados es el “porcentaje de aceptación”, es decir, los pedidos que aceptan (o no). “En Rappi, cuando entra el pedido, ven dónde es el retiro y la entrega. Si cancelás más de dos pedidos por semana, te bloquean por tiempo indefinido, salvo que llames a soporte. En Glovo y Uber Eats es más complicado. Para cancelar sí o sí tenés que llamar a soporte, perdés tiempo además de ‘crédito’. Uber Eats se instaló hace poco en Córdoba y ya empezó a bloquear gente por tener un porcentaje de aceptación bajo”, agrega.

Los chicos de Pedidos Ya tampoco la tienen fácil en ese punto. Si quieren cancelar un pedido, tienen que llamar a soporte. D. cuenta que “a veces te dicen que todo bien y otras veces te dicen que lo tenés que llevar igual. Teóricamente hay una delimitación de zonas que no figura en ningún lado y no la respeta nadie. Por eso también tenemos nuestros propios grupos de emergencias mecánicas y de monitoreo por zonas peligrosas, además de los que son de las empresas. Nos compartimos la ubicación en tiempo real y la dirección donde vamos así los demás te siguen por el GPS”.

Nuevas aplicaciones, vieja precarización

Según datos que recabó La Voz del Interior,en diciembre pasado había 2.000 trabajadores y trabajadoras de aplicaciones de delivery en Córdoba. Los datos son difíciles de chequear por la informalidad del empleo. El principal motivo de este crecimiento explosivo es la dificultad de encontrar un trabajo estable y bien remunerado, sobre todo en la juventud.

“En las aplicaciones hay muchos chicos que trabajan en otros lugares al mismo tiempo, o que estudian. Es muy difícil estar 8 horas arriba de la bici, pero yo trabajé en una fábrica y tenía que trabajar 12 horas sí o sí para sacar un sueldo bueno. Es llamativo para el que está desempleado porque en un día estás trabajando. Si tenés una entrevista de trabajo, te desconectás un rato y vas”, opina M.

Para F., lo de buscar otro trabajo es relativo. “Te venden que podés trabajar de esto mientras buscás otra cosa mejor, pero casi nadie encuentra. No hay ningún trabajo bueno. A las personas inmigrantes no les piden el DNI definitivo, eso también atrae gente”.

D. trabajó ocho años en gastronomía y considera que no hay mucha diferencia entre trabajar en un bar hasta altas horas de la madrugada y pedalear todo el día llevando comida. “Yo no lo veo diferente a cualquier otro rubro, como comercio o gastronomía, donde generalmente te tienen en negro y las condiciones de trabajo y de sueldo son malas. Es como cualquier trabajo en negro que toma gente joven por una cuestión de rendimiento físico, pero hay muchos más pibes trabajando en negro en gastronomía que en las aplicaciones. Sí hay una clara publicidad de que sos tu propio jefe, que no hay en otros lados. Pero no sos tu propio jefe, no sos independiente, tenés represalias por no tomar pedidos, por quejarte”.

“Todos miran para otro lado”

El año pasado, en el Concejo Deliberante de Córdoba se discutieron varios proyectos para regular la actividad de las empresas de delivery. En general, se planteaban el uso de medidas de seguridad, como casco y chaleco refractario, además de exigir que las empresas les aseguren ART y obra social a los “colaboradores”. A las reuniones de la comisión de Servicios Públicos, Transporte y Tránsito asistió también el ministro de Trabajo de la Provincia, Omar Sereno. El funcionario expresó en una entrevista que “estamos ante una nueva forma de relación laboral, de subordinación laboral o trabajo dependiente, que hay una ajenidad, si bien el trabajador tiene cierta autonomía para entrar al proceso de vinculación y desempeñar su tarea”. Sin embargo, agregó que hay problemas para regular a las compañías internacionales que consideran que es trabajo autónomo. A esta carencia “seguramente la deberá suplir el Congreso, que es quien tiene la potestad de regular las cuestiones de derecho de fondo”, sostuvo.

Al parecer, ni al ministro ni a los concejales se les ocurrió pedir alguna opinión a quienes se ven afectados por esta “carencia legal” de la que habló Sereno. La opinión general de quienes trabajan en las aplicaciones es que, en algún momento, la tarea se tiene que regular. “Por el momento no hay voluntad de hacerlo por parte del Ministerio de Trabajo de la Provincia, ni de ninguna de las tres jurisdicciones. Tienen la opción de intervenir o mirar para otro lado y están eligiendo lo segundo. En el Concejo Deliberante discutieron algunos proyectos para regular un poco la actividad, pero a nosotros nadie nos llamó para preguntarnos nada”, dice D.

H. agrega que con el sindicato pasa lo mismo. “En Pedidos Ya estamos con convenio de Comercio, pero la empresa no nos deja afiliar. En el gremio no nos dieron solución a ese problema. Cuando fuimos a consultar por el tema de los despidos, nos dijeron que, como no se mandaron telegrama de despido, no pueden hacer nada. No nos ofrecieron ayuda legal ni nada. Todos miran para otro lado”.

D. cierra la idea: “Si hasta ahora no hubo una clara intervención del Estado, ni del Ministerio de Trabajo, ni los sindicatos, la solución tiene que surgir de nosotres mismes a partir de acuerdos de los cuales participemos. Con la creación de mesas de trabajo activas para no dejar todo en las manos de quienes hasta ahora miraron para otro lado”.



Source link