Pichetto: el lado misógino del candidato a vicepresidente de la Nación

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El candidato peronista, que integrará la fórmula junto a Mauricio Macri, también esconde su lado misógino.

El senador Miguel Ángel Pichetto, que hasta este martes integró el ya disuelto Peronismo Federal, aceptó conformar la fórmula presidencial junto a Mauricio Macrí, “el feminista menos pensado”, según lo bautizó en su momento Fabiana Túñez, a cargo del Instituto Nacional de las Mujeres.

Pichetto, que presidió hasta el martes el bloque mayoritario de la Cámara alta, Argentina Federal, aceptó así la jugada que le propuso el actual oficialismo de cara a las presidenciales. Su bloque, que garantizó las principales leyes del macrismo, quedará a cargo ahora del radical antiderechos Mayans, un activo militante -junto a la senadora tucumana Silvia Elías de Pérez (UCR/PRO)- de los grupos fundamentalistas “pro-vida”.

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No es la primera vez que Pichetto abandona una presidencia de bloque. De hecho, habiendo ingresado de la mano del Frente para la Victoria a la Cámara alta, presidió ese bloque durante la gestión de Cristina Fernández, y no tuvo nunca un pelo de progre.

Conocido entre otras cosas por su rabiosa xenofobia y por su apoyo a diversas represiones impulsadas por Segio Berni, como en el Indoamericano o en la autopartista Lear, donde las mujeres jugaron un rol de avanzada en reclamo de la tierra y del trabajo, Pichetto esconde también una misoginia que muchas veces no consigue ocultar.

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Aunque durante el debate de aborto en el Senado promovió la despenalización, Pichetto se destacó por sus constantes maniobras y por “la libertad de acción” que determinó para la votación de su bloque, con varios de sus integrantes militando en contra de este derecho, a tono con los gobernadores y la jerarquía de las Iglesias.

Su misogina, quizá, se hizo más conocida en noviembre de 2017, cuando dio una muestra que, como dice el dicho, valió más que un botón. Mientras la amplia mayoría del oficialismo y de la oposición del peronismo se disponía a votar la reforma previsional, Pichetto se lanzó contra las mujeres que se jubilaron “sin aportes”, como en otros momentos se lanzó contra la juventud plebeya o contra las personas inmigrantes.

“Pagando abogado se pudieron jubilar mujeres que toman el té de la tarde pero que se jubilaron con el sistema ama de casa”, afirmó el ex kirchnerista, luego peronista “federal” y ahora aliado del macrismo de cara a las presidenciales.

Una afirmación que, además, pretende esconder que en todo el país hubo y sigue habiendo decenas de miles de mujeres que pasaron toda su vida trabajando de manera precacaria, sin estar registradas, sin recibir no sólo sus correspondientes aportes jubilatorios, sino también una obra social, un salario igual -al menos- al costo de la canasta básica familiar y otros elementales derechos, como las licencias por maternidad, por embarazo, por enfermedad suya y/o de sus hijes o de sus familiares a cargo.

Nada. Miles de mujeres que toda la vida, bajo todos los gobiernos, fueron permanentemente ignoradas y maltratadas, bajo la mirada de Pichetto, este senador camaleón que es un fiel exponente de esa casta de senadores y diputados que ganan como gerentes y administran los intereses de los empresarios, en contra de los derechos de las mujeres y varones del pueblo trabajador.

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Para este puñado de representantes de los intereses del empresariado, el patriarcado es siempre un amigo indispensable. Por eso para Pichetto las mujeres no merecen si quiera el derecho a jubilarse si no hicieron “aportes”, como si todo ese trabajo no generara una enorme ganancia para la clase capitalista.

Pichetto es un camaleón, un panqueque, igual que Massa y muchos de los que en estas horas buscan venderse al mejor postor, caer más o menos bien parados en el armado electoral, ya sea junto al macrismo, ya sea junto al kirchnerismo, pero jamás, jamás, del lado de las mujeres y varones del pueblo trabajador.

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