Preludios al 68 mexicano

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El movimiento estudiantil en México se desarrolló en el marco de una oleada de acciones de masas en diversos países, y tuvo el antecedente de importantes acontecimientos en el país y el mundo.

Esta oleada, iniciada en 1968 y que se extendió por el orbe, señalaba el comienzo de la declinación del período de recomposición del orden capitalista establecido al finalizar la Segunda Guerra Mundial, conocido como el “boom de posguerra”.

Estados Unidos, basado en su supremacía económica y militar, favorecido porque su territorio se mantuvo a resguardo de la guerra –mientras las naciones europeas y Japón terminaron devastados–, impondría sus condiciones para restablecer el nuevo equilibrio capitalista; pero no lograrían el mejor escenario para el “libre juego” de la ley del valor.

Las altas tasas de ganancia se lograban a costa de un creciente gasto del presupuesto estatal en la economía para reducir costos de capital y estimular el consumo. Este enorme gasto estatal para retardar las crisis, aunado a altas tasas de inflación y enorme oferta de crédito, conducirían al estancamiento del modelo económico.

Así, a fines de los sesenta, el centro imperialista era un Estado, enormemente, endeudado y debilitado ante la férrea competencia de Japón y Alemania quienes, con una mano de obra más barata, superaban a EE.UU. en productividad. Mientras, las masas en diversos países manifestaban su hartazgo con las condiciones políticas y económicas a las que había llevado el boom.

Aliento revolucionario

En el periodo de posguerra se dieron distintas revoluciones y procesos de liberación nacional. Años antes del 68 dos acontecimientos de gran resonancia internacional impactaron en la juventud combativa y de izquierda de México y del mundo que, a continuación, se relatan.

Vietnam. Ante el proceso de liberación del colonialismo francés y del combate a la intervención estadounidense por las masas de Vietnam. Estados Unidos, en su papel de hegemón y adalid de la lucha contra la expansión comunista, había enviado sus tropas a combatir al pueblo vietnamita. Para 1967 el número de soldados yanquis muertos ya rondaba los 16 000, además de más de 100 000 heridos, una cifra que se triplicaría al momento de abandonar Vietnam ocho años después,

aceptando lo que sería su primera gran derrota militar de posguerra.

El 31 de enero de 1968, los insurgentes vietnamitas sorprendieron a las tropas yanquis y al ejército colaboracionista sudvietnamita irrumpiendo en la capital, Saigón, con comandos que atacaron la embajada de EE.UU., la estación de radio nacional y tres cuarteles, logrando un impactante efecto propagandístico a nivel mundial. Esto multiplicó y engrosó las manifestaciones por la derrota o el retorno de las tropas imperialistas.

Cuba En 1968 comenzaba el décimo año de la revolución y ésta era referente revolucionario de las masas latinoamericanas y de la vanguardia política europea, así como de otras regiones del globo. La revolución cubana y la práctica del Che Guevara ilusionaban a muchos jóvenes, pues contrastaba con el conservadurismo estalinista que propugnaba “la revolución por etapas” (y, por ende, la imposibilidad de la revolución socialista); en tanto que la perspectiva foquista y guerrillera se fundaba en un escepticismo del movimiento obrero como sujeto revolucionario y su sustitución por una “vanguardia esclarecida”.

Después de que las milicias populares derrotaran la invasión patrocinada por el gobierno estadounidense en Bahía de Cochinos, resurgió el sentimiento antiimperialista latinoamericano en las numerosas manifestaciones a favor de la Revolución Cubana. En México intentó conformarse, en 1961, un Movimiento de Liberación Nacional alentado por el expresidente Cárdenas, que finalmente fue abandonado por éste tres años después, cuando fue llamado por el PRI para apoyar la campaña electoral de su partido.

Las batallas previas al 68 mexicano

El privilegio que tenían los estudiantes universitarios en Estados Unidos para postergar su servicio militar en tanto terminasen con sus estudios, fue anulado en 1965 y comenzaron a ser llamados a filas. Eso cohesionó al movimiento estudiantil y lo impulsó a luchar por el regreso de las tropas, empalmando con los familiares de soldados que protestaban contra la guerra.

Así lo reflejaba una encuesta de la Universidad de Stanford realizada a mediados de 1966. Aunque el 61 % contestaba que aprobaba la conducción de la guerra por el presidente Lyndon B. Johnson, el 81 % consideraban correcto negociar con el Viet Cong para finalizarla. En tanto que un 71 % apoyaba una tregua a través de la ONU y el 54 % estaba de acuerdo en las elecciones libres en Vietnam, aunque ganase el Viet Cong comunista. [1]

Para 1967 se habían realizado centenares de manifestaciones por todo el país –varias con asistencia de centenares de miles– con diversas iniciativas como el boicot al pago de impuestos de guerra y la quema pública o la devolución de las cartillas de conscripción al ejército.

Eran grupos numerosos de veteranos de guerra quienes acudían a la Casa Blanca a devolver sus medallas. El 26 de abril de ese año, millones de estudiantes universitarios y secundarios hicieron un boicot masivo contra la guerra en sus escuelas.

También reemergió la lucha por la igualdad de derechos de la comunidad negra. Los activistas afroamericanos del norte viajaban al sur a organizar sitings en cafés contra la segregación y se subían a los autobuses para ocupar los asientos de los blancos, lo que desataba fuertes peleas además de la represión gubernamental.

Martin Luther King fue asesinado en marzo del 68 y se desataron 125 motines en 60 ciudades, el gobierno les respondió con la guardia nacional. La figura radical del movimiento negro, Malcom X, había sido asesinado tres años atrás. Sin embargo, a pesar del descabezamiento y las persecuciones del Estado, el movimiento negro cobraba un nuevo auge. El “verano caliente” de 1967 dejó un saldo de 159 disturbios raciales. En Detroit duró cinco días con 43 muertos, 1 189 heridos y 2 000 edificios dañados.

El centro imperialista era sacudido por el activismo estudiantil negro y también de los chicanos: estos se sumaban a las acciones contra la guerra de Vietnam y en defensa de los reclutas de origen mexicano a quienes el ejército no les reconocía derechos ni atención médica al volver de la guerra, justo al norte del río Bravo.

Praga. Socialismo con rostro humano

Desde 1963 se realizaron acciones de protesta por la crisis económica y la represión hacia quienes cuestionaban las medidas del gobierno. Exigían cambios en las condiciones de opresión y desabasto que propiciaba la burocracia, de mayoría checa, sobre el conjunto de la población y, en particular, sobre los eslovacos.

En enero del 68, el Partido Comunista eligió un nuevo secretario general, al eslovaco Alezander Dubcek, en sustitución de Antonin Novotny. El Programa de Acción de Dubcek ofrecía mayor libertad de prensa, expresión y circulación, mayor acceso a bienes de consumo y la posibilidad de un gobierno multipartidista. También limitar el poder de la policía secreta y avanzar hacia la Federación de la República Socialista Checoslovaca con dos naciones, Chequia y Eslovaquia.

Una limitada apertura del espacio democrático permitió la formación de diversas organizaciones y la irrupción de protestas contra Novotny, quien fue sustituido por Ludvik Svoboda que avalaba las reformas.

Estas agrupaciones, propuestas desde fuera de los círculos burocráticos, promovían el debate sobre la democracia socialista y los órganos de autogestión obrera. A la vez, estas ideas encontraron un terreno fértil en las universidades y en las fábricas, alentando la formación de comités obrero-estudiantiles y de nuevas organizaciones gremiales, como el Movimiento Sindical Revolucionario.

Las fábricas se transformaban en lugares de encuentro y debate entre obreros, estudiantes e intelectuales; lo cual representaba una cuestión preocupante para el dominio de la burocracia soviética sobre los países del Pacto de Varsovia.

La respuesta fue contundente: a 8 meses de iniciada la apertura, el 20 de agosto, la URSS encabezaría la invasión a Checoslovaquia apoyándose en las tropas de Bulgaria, Polonia y Hungría. Alemania Democrática presentó sus tropas en la frontera checoslovaca sin cruzarla y Albania y Rumania se negaron a intervenir.

Un centenar de muertos y 500 heridos fue el saldo de la resistencia popular a una ocupación de medio millón de soldados. Las tropas rusas se mantuvieron en territorio checoslovaco hasta 1991, garantizando el retroceso de las reformas hasta el final de la URSS.

El mayo francés

El presidente francés, Charles de Gaulle, quien buscaba compensar la declinación económica, en 1967 decretó medidas de austeridad en perjuicio de los trabajadores a través de la reforma de Seguridad Social.

Con los recortes a la educación universitaria dificultó a decenas de miles el acceso a la universidad. Previendo el descontento estudiantil, también modificó los reglamentos internos en bachilleratos, buscando restringir el activismo político.

Por si esto no bastara, la manifestación en favor del pueblo vietnamita del 22 de marzo del 68 fue duramente reprimida. Los estudiantes respondieron tomando la Universidad de Nanterre, desatando la lucha contra la represión. El gobierno clausuró la Sorbona, principal centro universitario del país, y el movimiento estudiantil convocó a una huelga general.

Avanzó la organización estudiantil, los combates callejeros y las barricadas, que iban a llegar a su punto culminante el 10 de mayo, con la “noche de las barricadas”. Las centrales obreras se vieron obligadas a llamar a una huelga general para el 13 de mayo. Allí se expresó la unidad obrero-estudiantil derivando en la mayor huelga de Francia: 10 millones de trabajadores, miles de estudiantes y obreros se manifiestan en París y decenas de ciudades contra De Gaulle y su política.

Batallas previas en México

“Porque vuestro impetuoso movimiento, vuestras ejemplares jornadas de París, Estrasburgo, Lyon, Marsella, Touluse, Besancon; vuestra toma de las fábricas, vuestra libertad de palabra en el teatro Odeón, vuestro rechazo terminante de las transacciones y componendas con los patronos y el gobierno, constituyen la Revolución en marcha”. [2] Así saludaba José Revueltas a los obreros, estudiantes e intelectuales de las jornadas del Mayo francés, sin imaginar que pronto estaría involucrado en un movimiento similar, que lo arrastraría a participar tanto del ascenso de la movilización como de su desenlace, en la cárcel de Lecumberri.

Este notable escritor marxista planteaba la lucha ferrocarrilera de 1958/1959 como antecedente directo del movimiento estudiantil mexicano. Ésta, aunque finalmente reprimida, había mostrado la potencialidad de superar el cerco de la burocracia sindical priísta para dar cauce al descontento por los bajos salarios y la enorme inflación que el Estado ya no podía controlar, cortando la racha de crecimiento constante (6% anual promedio) del llamado periodo de sustitución de importaciones.

Ya en 1958, los estudiantes de la UNAM, en unión con habitantes capitalinos, organizaron un movimiento contra el pulpo camionero ante el intento de elevar las tarifas; retuvieron 600 camiones en CU. También realizaron movilizaciones como respaldo a la lucha de los ferrocarrileros en ese año y al movimiento magisterial del 60-62. Algunos sectores que reivindicaban la unidad obrero estudiantil organizaron huelgas de hambre en el campus universitario poco antes del estallido del movimiento del 68, exigiendo la liberación de los líderes ferrocarrileros Valentín Campa y Demetrio Vallejo. Inclusive un sector más radical logró que la facultad de Ciencias Políticas se fuera a la huelga por la misma razón.

En el período 1961-66 hubo notables luchas estudiantiles en Guerrero, Sonora y Michoacán. El gobierno desactivó los conflictos introduciendo el ejército a los campus universitarios. En 1965, las escuelas de Medicina del país hicieron paros o huelgas en solidaridad con el movimiento de los médicos, que fue reprimido con los mismos métodos.

Luego, en 1967, el movimiento estudiantil del Politécnico hizo huelga en apoyo a la escuela de agricultura Hermanos Escobar de Chihuahua, la cual se extendió a Chapingo y a todas las normales del país, lográndose la estatización de dicha escuela. El desarrollo del movimiento lograría conformar un incipiente Consejo Nacional de Huelga y Solidaridad, antecedente inmediato del CNH del 68.

En el 68 mexicano, el movimiento estudiantil tenía ante sí un panorama amplio de ideas y situaciones planteadas en diversos escenarios de lucha en el mundo donde los jóvenes, en unidad con el proletariado, empujaban múltiples jornadas contra diferentes expresiones del orden capitalista, así como contra la burocracia estalinista.

La acumulación de experiencias en el plano nacional se enriquecía con las noticias que constantemente llegaban del extranjero; una juventud estudiantil, que veía la necesidad de ligarse al movimiento obrero para enfrentar la represión y los ataques económicos de los gobiernos de turno, se ponía de pie.

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[2] José Revueltas, “Prohibido prohibir la revolución” en México 68: Juventud y Revolución, Ediciones Era, México, 1978.



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