Primavera cambiemita: paraíso especulativo para pocos, infierno para muchos

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El Gobierno celebra la estabilización del dólar. En contraste, se hunde la economía, aumenta la desocupación y la recesión puede extenderse por un largo período. Se viene el paro nacional.

En un viernes a pleno sol, en una suerte de regalo por la inauguración de la primavera, la cotización del dólar se ubicó alrededor de $ 38. La baja de la divisa estadounidense es motivo de festejo para el Gobierno. Pero descorcha champán prematuramente.

Las causas de la estabilización son circunstanciales. El equipo económico logró frenar la presión sobre la cotización del dólar potenciando la fiesta especulativa.

Está pagando tasas de interés que no se consiguen en ningún lugar del mundo por las Letes (Letra del Tesoro) en dólares que emite el Ministerio de Hacienda. No sólo eso.

La cartera que dirige Nicolás Dujovne lanzó la novedosa Lecap (Letra Capitalizable): se trata de una máquina de generar ganancias para los especuladores con intereses mensuales que se capitalizan.

Se aplica en favor de los especuladores el mecanismo similar al que debería regir, pero es negado, para que los salarios no pierdan poder de compra: indexación mensual por inflación.

Al ritmo de Washington y Wall Street

La tranquilidad de los “mercados” también está sustentada en un secreto a voces: el FMI estaría dispuesto a ampliar el crédito otorgado al país en unos U$S 20 mil millones, elevando el préstamo total a U$S 70 mil millones.

En la negociación con el Fondo se discute un nuevo mecanismo para el “control” del dólar: consistiría en una “banda” dentro de la cual habría flotación libre. Si la cotización se sale de la “banda”, el Banco Central interviene.

Es decir, una revisión de la política previa de supuesta no intervención que mientras se aplicó implicó dilapidar casi U$S 20 mil millones en reservas del Banco Central. Gajes del oficio del banquero central: si fuera médico iría preso por “mala praxis”.

La ampliación del crédito del FMI es una garantía para que los grandes bancos, los fondos de inversión y especuladores buitres de todo color y empresarios de todas las especies puedan seguir ganando y fugando a gran escala.

El juego es conocido: el Fondo presta para pagar deuda previa; los vaciadores aprovechan el ingreso de dólares para apropiarse de las reservas del Central en poco tiempo; y, luego, queda una deuda enorme que paga el pueblo trabajador por generaciones.

Pero en estas pampas los dueños de todo gastan a cuenta. El nuevo acuerdo con el Fondo no está cerrado. Incluso, no hay homogeneidad dentro de los que deciden en el organismo sobre cómo tratar el caso argentino.

Esta contingencia podría estirar el momento de una fumata blanca hasta que se apruebe el Presupuesto 2019. De ser así, se van a necesitar altas dosis de ansiolíticos en la city porteña para digerir el “siglo” que falta hasta entonces en el país más cortoplacista del mundo.

Mientras tanto, vale recordarlo, fracasó el primer plan acordado el 20 de junio: como está caído, esta semana no ingresó un desembolso de U$S 3 mil millones acordado con el organismo internacional.

Mauricio Macri estará desde el domingo en Nueva York para participar en la Asamblea Anual de la ONU. También se reuniría con Donald Trump.

De paso, aprovechará la visita a esa ciudad para rendir pleitesía al altar de las finanzas internacionales. Hay encuentros varios con los lobos de Wall Street en agenda: BlackRock, Templeton, J.P. Morgan, entre otros.

Una reunión con el presidente es lo que exigieron semanas atrás los fondos de inversión cuando fueron visitados por una delegación encabezada por el ahora exfuncionario Mario Quintana: “queremos hablar con el dueño del circo”, exclamaron los especuladores.

El lunes el presidente podría concretar una reunión con Christine Lagarde para anunciar que se avanza en el segundo acuerdo en tres meses. Pero lo más importante para un acuerdo, que es la aprobación del Directorio del FMI, llevará más tiempo.

La cotización del dólar atravesará estabilizaciones parciales y nuevas convulsiones al calor de los vaivenes coyunturales.

Pero todos los factores que conducen a su alza son estructurales: fuga de capitales, exorbitantes pagos de la deuda externa, envío de ganancias de las empresas imperialistas que actúan en el país a sus casas centrales, atraso del aparato productivo doméstico y el consecuente, déficit comercial.

Eso no tiene solución con ninguna alquimia financiera.

Ficciones

El presupuesto expuesto por Nicolás Dujovne en el Congreso está plagado de proyecciones macroeconómicos ficcionales hacia 2019: caída de la actividad de 0,5 % (sería un milagro), dólar a $ 40 e inflación de 34,8 %.

Surge una pregunta evidente: ¿cuál sería el nivel de inflación si el dólar no se sostiene a $ 40? Todo argentino de a pie sabe que cuando sube el dólar sube la inflación.

En todo caso, hay discusión sobre en qué proporción se traslada la suba de una variable a otra. El dólar planchado también es una quimera. Mucho más en un año electoral.

Alguien con buen sentido del humor llamó “DibuJovne” al ministro de Hacienda.

De lo que no hay dudas es que la economía ingresó desde abril de este año en una recesión profunda que no se descarta que extienda hasta 2020.

Aun dando por válidos los supuestos presentados por el ministro de Hacienda, Cambiemos concluirá su mandato con menor nivel de producción que el vigente cuando asumió.

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Lo que no resulta una ficción es el ajuste y las prioridades que establece el presupuesto. La partida que más crece es la correspondiente a los desembolsos para intereses de la deuda pública: casi 50 %.

Son unos $ 600 mil millones que van a manos de los especuladores. Equivalen a 4 presupuestos de salud, 2,5 de educación y cultura o 13 de ciencia y tecnología.

Infierno terrenal

El derrumbe de la actividad económica fue graficado en números por las estadísticas del Indec difundidas esta semana: retrocedió 4,2 % en el segundo trimestre del año (abril-junio) en relación al mismo período del año pasado.

Aunque la principal explicación es la sequía agropecuaria, también caen la industria manufacturera, la pesca, el comercio minorista y mayorista, restaurantes y hoteles y el transporte. Incluso, en varias ramas de la producción se habla del peligro de la interrupción de la cadena de pagos.

El hundimiento de la producción también se refleja en otros guarismos como la desocupación, que se aproxima peligrosamente a los dos dígitos: Indec informó que pasó de 8,7 % en el primer trimestre de 2017 a 9,6 % en el mismo período de 2018. Se trata de 250 mil personas más que buscan empleo y no lo consiguen.

El Gran Buenos Aires ya sufre los dos dígitos de desocupación hace tiempo, pero siguió subiendo hasta alcanzar a 12,4 % entre abril y junio de este año.

El panorama de deterioro en las condiciones laborales se completa con más precarización e informalidad. Como así también, con mayor desigualdad de género: la tasa de desocupación crece más entre las mujeres. Más aún entre mujeres y hombres jóvenes de entre 14 y 29 años.

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La semana próxima Indec informará los números de la pobreza del primer semestre: se anticipa que estará por encima del 30 % de la población. Allí se siente el efecto tenaza de la desocupación y de la destrucción del poder de compra del salario con una inflación que vuela.

Un nuevo round de la pelea entre capital y trabajo se desarrollará la próxima semana al calor del paro nacional. La CGT hará como que combate para descomprimir el malestar. Se trata, en los términos de la conducción sindical, de una pelea donde el resultado está arreglado de antemano para que gane la política de ajuste.

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En oposición a los objetivos del triunviro, para la mayoría de las trabajadoras y trabajadores es la oportunidad para asentar un verdadero golpe a los ajustadores. El sindicalismo combativo y la izquierda van con esa perspectiva al paro general.

A lo largo y ancho del país hay muestras de que cuando hay voluntad de luchar seriamente, el Gobierno de los CEO se va al rincón del ring en busca de una bocanada de aire: allí está el ejemplo de Astillero Río Santiago o antes de los mineros de Río Turbio, o la persistente pelea de trabajadoras y trabajadores de prensa del Télam.

El infierno al que empuja Cambiemos a la mayoría no es el único destino. El paro dejará en evidencia quienes producen todas las riquezas y merecen el paraiso.



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