Primero nuestras vidas: el aborto tiene que ser ley

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La nueva presentación del proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, la primera después de las movilizaciones del 2018, y en medio de un año electoral presenta nuevos desafíos para conquistar la ley sin demoras.

Fotografía: Enfoque Rojo

Hace exactamente un año estábamos dando el debate sobre el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo con expositores en el Congreso, antes de que lo trataran diputados. Nos preparábamos para ese día, sumando compañeres de trabajo, de escuelas, colegios y facultades, en oficinas y en fábricas. Construimos una verdadera “marea verde” y hubo nuevas protagonistas. Ese 13 de junio helado nos encontró organizadas en las calles, nuestro lugar, cuando conquistamos la media sanción.

Ahora, en año electoral, los políticos deben decir claramente cuál es su voto respecto el debate por el derecho al aborto, la demanda más urgente que reclama el movimiento de mujeres.

Las necesidades de las y los trabajadores, y jóvenes están relegados al último lugar de la lista, si están. Nosotres nunca somos prioridad: la urgencia para Cambiemos y para la oposición peronista es quedar bien con la Casa Blanca de Trump, con el Fondo Monetario Internacional de la directora Christine Lagarde, con las patronales agrarias y multinacionales como Clarín, y con el Vaticano del Papa Francisco, que es Bergoglio.

Ellos, junto a los gobernadores de turno, a los políticos clericales y a los funcionarios del Estado, garantizan la precarización de nuestras vidas, producen y reproducen constantemente las condiciones a las que nos somete la violencia patriarcal, y recrean todos los días una desigualdad que hiela la sangre: un sistema donde les pibes son masacrados y perseguidos por la represión policial, como en Monte, o las niñas violadas obligadas a parir, pero no tengan ningún derecho a decidir. Una juventud que baje la cabeza y puedan imponer sus planes.

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En el afán de posicionarse como candidatos “ganadores”, hay sectores con los que no quieren chocar, conscientes de lo difícil que va a ser agarrar el timón de un Titanic. Nos proponen llegar al bote salvavidas, y no cómo evitar chocar con el iceberg.

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Del verde nació el naranja

La jerarquía de la Iglesia católica desde el Vaticano y la “cabeza” del movimiento evangélico mostraron su influencia sobre la clase política ya el año pasado, al lograr frenar el proyecto que venía de tener media sanción en Diputados. Decretos y leyes desde la dictadura siguen otorgando beneficios y prendas de todo tipo a los jerarcas de esta institución: desde jubilaciones de privilegios y subsidios a exenciones impositivas, cesiones inmobiliarias, sueldos que equivalen a los de un funcionario o gerente de empresa.

Eso también explica la relación que sostienen con el Estado. Y es lo que puso al descubierto, precisamente, la marea verde. Por eso del verde nació el naranja, exigiendo la separación de las iglesias del estado, y no el celeste: el color con el que identificaron su mandato las iglesias y los grupos fundamentalistas, que siguen tratando de imponer su moral sobre los cuerpos de las mujeres y niñas. Se vió en Jujuy con el radical Morales, en Tucumán con el ex ministro de salud del Kirchnerismo Juan Manzur, en Cipolletti, con el médico que impidió la realización de un aborto no punible.

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El martes 28 la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto presentará por octava vez su proyecto en el Congreso. Muchas desde aquel momento colgamos nuestros pañuelos naranjas junto a los verdes, porque entendimos que la pelea por nuestro derecho ponía en cuestión a este régimen.

La única fuerza política que levanta la separación de la Iglesia y el estado y una posición sin fisuras por el aborto legal en cada candidato y diputado votando a favor y acompañando cada movilización, es el Frente de Izquierda. Ninguna relación con las instituciones enemigas de las trabajadores, mujeres y el movimiento de diversidad sexual, ni con las empresas que financian a políticos para tenerlos en el bolsillo, porque nuestras necesidades y principios no se negocian.

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Que todos digan qué van a votar

Es preciso que todos digan qué van a votar respecto nuestros derechos. Sabemos que Cambiemos es la lista que más votos aportó para que fracase el proyecto. Los armadores del peronismo federal como Schiaretti, p Lavagna también se visten de “celestes”.

Alberto Fernández afirmó ahora que “no hay necesidad de avanzar tan rápido en la legalización”. La necesidad es innegable, decir que “no es el momento”, expresa la decisión de no enfrentar a quienes se oponen, especialmente viniendo del año donde por primera vez se logró la media sanción a uno de los proyectos. No se pueden atar nuestras vidas al cálculo político. Para el kirchnerismo, cuando fue gobierno y teniendo mayoría en ambas cámaras, nunca fue el momento.

Estos dichos siguen la línea que propusiera Cristina en un Senado que votaba contra las millones de mujeres en las calles: “no hay que enojarse con la Iglesia”, y posteriormente convocando a unir pañuelos verdes y celestes. No es ningún error, es una política que desmoviliza al movimiento de mujeres.

Pero el 2018 mostró que la sociedad está preparada para dar el debate. A las mujeres nunca nos regalaron nada, todo lo conseguimos confiando con nuestras propias fuerzas y pelea.

Legalización o continuidad del aborto clandestino

El ajuste pega con especial dureza en las mujeres, siendo las más pobres y jóvenes las que pagan con su salud y sus vidas las consecuencias de la clandestinidad.

Nuestras vidas no se negocian, el aborto legal tiene que salir sin más demoras.

La estrategia de votar para “sacar a Macri” aunque incluya muchos enemigos en la lista con una mano, y con la otra seguir luchando por el derecho al aborto, ya se demostró fracaso durante 13 años bajo gobiernos kirchneristas donde fue cajoneado. Alberto Fernández dijo que personalmente está por la despenalización pero dejó clara su intención es que no avance el aborto legal, y crece su alianza con muchos anti-derechos. Estar calculando cuántos diputados y senadores entran y se pronunciaron a favor del aborto, tampoco es una garantía para que avance.

La fuerza que demostró el movimiento de mujeres tiene que ir por más, las conclusiones de la derrota legislativa llevar a una organización política que sea independiente de todos los gobiernos, de la Iglesia, y principalmente que pueda desarrollar una alianza con les jóvenes y trabajadores que sufren las consecuencias del ajuste.

La agrupación Pan y Rosas se propone tomar este desafío, junto a Nicolás Del Caño y Nathalia González Seligra que votaron a favor como diputados nacionales, y Myriam Bregman legisladora porteña del Frente de Izquierda, estamos siempre del mismo lado. Buscamos poner cada día las energías en una organización desde abajo, con las miles que llenamos las calles, en cada lugar de estudio y de trabajo por nuestras demandas, con un programa claro por aborto legal, y para ser más las que apoyamos al Frente de Izquierda como la única alternativa propia de las y los trabajadores y juventud.

Este martes 28 te invitamos a marchar con Pan y Rosas en todo el país: primero nuestras vidas.



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