PROmesas de campaña: el comercio como salvación y crecer en el segundo mandato

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Después de firmar con la Unión Europea, Macri promete ahora un tratado del Mercosur con EE. UU. La industria confirmó ayer que siguió cayendo en mayo, pero el gobierno promete crece 3,5 % en 2020.

“El canciller dijo también que estamos hablando con Brasil para un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos”, sostuvo Macri el jueves en la sede de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). “Lo que está pasando es que al mundo le interesa relacionarse con nosotros”, remató. Seguramente en buena parte del auditorio, compuesto por representantes de las pequeñas y medianas empresas, que celebraban ayer su día internacional, lo escucharon perplejos. Todavía están digiriendo el anuncio de la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), y el presidente les anticipa que espera agregar a la lista otro con el amigo americano.

Macri no esperó hasta octubre, ni hasta diciembre, para hacer lo que le había prometido al escritor Mario Vargas Llosa que haría en un segundo mandato: “lo mismo, pero más rápido”. Sin garantías de obtener un resultado favorable en la contienda electoral, se propone dejar un legado duradero en otro plano: el de los acuerdos comerciales.

Aunque el mundo desde que asumió Donald Trump en EE.UU. está cada vez más cargado de un discurso proteccionista en la principal potencia imperialista, replicado por fuerzas de extrema derecha que vienen ganando peso en Europa en los últimos años, y de “guerras comerciales” que se agudizan y quedan en suspenso a un ritmo frenético, esto no significó el fin de los acuerdos de libre comercio. Pero sí cambió su carácter: de acuerdos multilaterales, implementados a través de rondas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) o empresas ambiciosas como el Acuerdo Trans-Pacífico, el acento pasó a estar más en establecer o reforzar los pactos bilaterales o regionales, o entre regiones como en el que pactaron el Mercosur y la UE. Trump renegoció con Canadá y México (aunque ahora nuevamente está presionando). Ahora, Bolsonaro (que acentúa a más no poder su alineamiento con EE. UU.) y Macri ambicionan rubricar la firma del libre comercio con el país del Norte.

Los versos de la apertura recíproca

Con el correr de los días, se va conociendo la “letra china” de lo acordado con la UE. Que fue pública desde un primer momento… para los europeos. Mientras en Brasil y la Argentina se difundió sin detalles un informe que destacaba los logros alcanzados de apertura de los mercados de la UE para el agrobussines regional y negaba que las empresas multinacionales europeas vayan a poder venir a competir de igual a igual en licitaciones con las firmas locales, lo difundido por la Comisión Europea manifestaba exactamente lo contrario. Finalmente, el documento de 16 páginas que difundieron desde Itamaraty y Buenos Aires reconoció todas las concesiones realizadas para rubricar el principio de acuerdo.

“Tenemos que abrirnos a la competencia”, que “subsistan los viables”, repiten por estos pagos los entusiastas del libre comercio que festejan el “éxito” de Macri. Pero lo cierto es que la UE, claramente quien cuenta con las mayores ventajas para competir, ha hecho todo lo contrario. La cuota adicional que podrá vender de carne, la región, si bien podria permitir que la Argentina duplique hoy lo que puede vender a la UE con Cuota Hilton (según como termine siendo el reparto de las 99 mil toneladas), son poco más que tres hamburguesas por habitante europeo por año, si nos guiamos por lo que decía Luis Miguel Etchevehere hace unos años, cuando tenía libertad para criticar la propuesta que hoy, como funcionario, celebra con ganas impostadas. En todos los rubros donde la UE tiene intereses que defender, lejos de competencia libre primarán las restricciones: aranceles preservados y cuotas, que impedirán cualquier “inundación” de productos europeos.

Lo contrario aseguró el Mercosur para los rubros en los que la UE puede hacer pesar con todo sus ventajas competitivas. Si bien los plazos finales de implementación son de tres lustros desde la aprobación del acuerdo, numerosos sectores de la economía estarán sometidos a una presión enorme: la baja productividad (y por ende elevados costos) que caracteriza a muchos de ellos, sumada al elevado costo financiero que impone el negocio de la bicicleta y el desorden macroeconómico, plantean una cancha inclinada en favor de la UE, que supo evitar que lo mismo ocurriera en aquellos sectores en los que se encuentra desfavorecida.

A cambio de una amenaza que empiezan a ver como de difícil reversión, los empresarios han salido a exigir compensaciones: el presidente de la CAME, Gerardo Díaz Beltrán, pidió bajar las tasas de interés, la rebaja de impuestos, y “modernización laboral”. Cuando se habla de “modernización”, lo sabemos, es una forma encubierta de apuntar contra los derechos de los trabajadores. Pretenden que los trabajadores sean el pato de la boda del atraso económico argentino y la apertura a ultranza que busca Macri. Lo mismo que ocurrió en los años de Menem. Cuando las papas queman, grandes y pequeños patrones se unifican para convertirnos en la variable de ajuste, tenemos que evitarlo.

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Vender humo

El mismo día que se conoció que en mayo continuó cayendo la industria (-6,9 %) y la construcción (-3,4), el equipo económico de Nicolás Dujovne giró ell primer anticipo de Presupuesto 2020, en el que vierte proyecciones que desbordan de optimismo: espera que el PBI crezca el año que viene 3,5 % y que la inflación se ubique debajo del 27%. Esto va en línea con la proyección que hoy realizan las consultoras encuestadas por el BCRA y para su Relevamiento de expectativas de mercado (REM). El REM destaca por errar casi siempre en las perspectivas de mediano plazo, con un sesgo optimista que raramente se da.

El 3,5 % excede con creces el crecimiento del año más próspero del ciclo de Macri (2017), en el que la economía creció 2,9 %. Dujovne promete que esto podrá alcanzarse mientras continua la disciplina fiscal para alcanzar un superávit primario (sin incluir los intereses de la deuda), lo que exige un recorte adicional en el gasto (o más impuestos) de al menos el equivalente a un punto del PBI.

Considerando que la tranquilidad financiera de estos días fue lograda manteniendo un dólar planchado, que preanuncia un nuevo ajuste del tipo de cambio después de las elecciones, suena difícil que pueda concretarse el sendero de baja de inflación previsto.

Llegando al final de mandato habiendo dejado a la Argentina en el Fondo, con el fracaso de la “lluvia de inversiones” a cuesta y una economía que no termina de salir de la recesión, las improbables mieles del libre comercio para un futuro todavía lejano, y las promesas de volver a crecer en el “segundo mandato”, son todo lo que Macri tiene para ofrecer al cabo de sus 4 años con el “mejor equipo”.



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