“Quisimos saber si el cura Lorenzo es un abusador y terminamos con la casa allanada”

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Por primera vez Roxana y Alejandro cuentan su historia. En 2009 supieron que el cura del colegio de sus hijos fue denunciado por abusos sexuales. Cuando quisieron saber más el cura los denunció. Desde 2010 tienen su computadora secuestrada en un juzgado.

A principios de enero Tolosa se vio sacudida por una noticia. El sacerdote Eduardo Lorenzo, párroco de la iglesia Inmaculada Madre de Dios de Gonnet (y desde hace décadas capellán general del Servicio Penitenciario Bonaerense) asumiría al frente de la parroquia del colegio Nuestra Señora del Carmen, institución histórica del barrio platense.

Casi un mes después el Arzobispado de La Plata frenó el traslado. Si bien nunca reconoció públicamente que Lorenzo es un abusador de menores, semejante retroceso fue la clara respuesta a un petitorio (acompañado de dos mil firmas) entregado ante la Curia por un grupo de madres y padres del colegio Del Carmen. Allí rechazaban el traslado del cura porque, afirmaban, cargan sobre él denuncias de abuso sexual que no fueron debidamente investigadas y que fueron cerradas judicialmente en tiempo récord.

Cuando Roxana Vega y Alejandro Disalvo supieron de lo ocurrido en Tolosa no lo podían creer. El mismo cura que hace diez años les hizo la vida imposible, ayudado por el silencio cómplice de una porción de la feligresía de Gonnet, ahora sufría un inesperado revés. Él, que en 2008 fue denunciado por los tutores de un menor del hogar Los Leoncitos pero logró en pocos meses quedar con “falta de mérito” y que la causa por abuso sexual fuera archivada en pleno proceso de instrucción.

Roxana y Alejandro son papás de tres jóvenes, quienes asistieron y asisten al colegio Concilio Vaticano II de Gonnet, cuya parroquia Inmaculada Madre de Dios está al mando del cura Eduardo Lorenzo desde hace doce años. La pareja compartió con el sacerdote misas y otras tantas actividades religiosas. Hasta que todo se transformó en su contrario. Por primera vez, relatan ante periodistas una historia que tiene tanto de fellinesco como de temerario.

Una década atrás

En agosto de 2008 los padrinos de un adolescente de 17 años denunciaron penal y eclesiásticamente a Eduardo Lorenzo por abuso sexual. Llamativamente la causa fue archivada de una manera rapidísima el 9 de enero de 2009 (sobre esa denuncia en breve habrá novedades importantes).

Ese mismo año, Roxana y Alejandro tomaron conocimiento de la existencia de esa causa (Nº 25601/08 radicada en la UFI Nº1 a cargo de Ana Medina), por lo que en una reunión de madres del colegio plantearon el tema. Era el 26 de mayo de 2009. “El edificio no me preocupa tanto, lo que más me preocupa es que el padre Lorenzo tiene una denuncia penal”, relató Alejandro.

A los pocos días, el 9 de junio, Alejandro recibió una carta documento de Eduardo Lorenzo donde lo intimaba a que ratificara o rectificara los dichos planteados en la reunión de madres: “Ud. habría manifestado: ´El padre Eduardo tiene una causa por abuso de menores´”.

“No lo podíamos creer”, dijo Alejandro. Sorprendido por la situación, respondió con otra carta documento, rechazando que esas hayan sido sus palabras y manifestando sus palabras textuales de la reunión: “el padre Eduardo tiene una causa penal Nº 25.601 en la Fiscalía Nº1”.



Cartas documento entre Lorenzo y Disalvo

Cartas documento entre Lorenzo y Disalvo

Pasaron los meses. Roxana y Alejandro recuerdan que algunos papás sacaron a sus hijos de la escuela y que otros ya sabían del tema pero preferían mantener el silencio. Por eso decidieron difundir masivamente su historia a través de mails para que se conociera y a su vez pidiendo ayuda. Nada de lo que decían esos correos, aseguran, podía ser considerado “extorsivo” ni “amenazante”.

Allanamiento, secuestro y silencio

El primer día del ciclo lectivo 2010, mientras almorzaban junto a sus tres niños antes de ir al colegio, Roxana y Alejandro observaron a tres camionetas de la Policía Federal y de la Bonaerense rodeando su casa. Venían con una orden de allanamiento, buscando la computadora desde donde se habían enviado mails “de tono amenazantes y extorsivos”.

“Los hicimos pasar, verificaron que teníamos sólo una computadora y hasta les dimos acceso para que vieran lo que tenía”, recuerda Alejandro.

  • Veo que son una familia normal, yo pensé que era otra cosa -dijo el oficial-. Si fuera por nosotros te damos vuelta la casa.

    Un abogado amigo les dijo por teléfono que sacaran fotos de todo lo que hacía la Policía.

  • ¿Qué vas a hacer flaco, sacarme fotos? Yo te digo una cosa, si me sacas fotos yo te doy vuelta todo asique vos elegí.
  • No, está bien– expresó Alejandro y guardó su cámara.

    En ese momento se enteraron que habían sido denunciados por el cura Lorenzo en la causa Nº 529 (IPP Nº 22899/09) radicada en el Juzgado de Garantías en lo Penal Nº5 de La Plata, a cargo del juez Jorge Mateos, quien ordenó al fiscal Marcelo Romero (gran amigo de monseñor Héctor Aguer) secuestrar “cualquier tipo de computadora desde donde se haya enviado mensajes mediante correo electrónico de tono amenazante y extorsivo”.



    La orden de allanamiento de la casa de Disalvo y Vega

    La orden de allanamiento de la casa de Disalvo y Vega

    “Nosotros sentimos una persecución muy evidente”, expresa Roxana. “No teníamos nada que ocultar, podrían haber hecho un back up y devolvérnosla pero no lo hicieron”. Hasta el día de hoy la computadora de la familia sigue “capturada” por el Poder Judicial. “Sentimos un claro mensaje intimidatorio para que nos callemos la boca”.

    Cuando Alejandro fue al Juzgado y pidió acceder al expediente vio que lo primero que “aparecía era una especie de currículum de Eduardo Lorenzo, donde constaba toda su carrera eclesiástica y se daba fe de su buen nombre y honor”. Entre mediados de 2010 y 2012 realizó cinco pedidos formales para que le restituyan su computadora: “hasta que nos cansamos y no la pedimos más. Hasta donde sabemos la pericia nunca se hizo”.

    Roxana recuerda que “en charlas con otros sacerdotes, donde les contábamos esta historia, nos llegaron a recomendar que con la computadora hagamos una especie de ‘ofrenda’, es decir que no la reclamemos, ‘por nuestra sanación’”. Además les aconsejaban ellos mismos que por el peso que tiene Lorenzo, “siendo capellán del Servicio Penitenciario, no nos convenía seguir con el tema porque nos podían pasar cosas peores, que no nos metiéramos más en problemas”. ¿Será que todos ya conocen lo que sucede dentro de la Iglesia católica? “Nosotros no nos callamos nunca, lo único que queríamos era saber la verdad”, asegura Roxana.

    Las huellas del padre Eduardo

    Cuando ocurrieron estos hechos, los tres hijos de Alejandro y Roxana iban a la primaria del Concilio Vaticano II. La integración familiar a la comunidad religiosa de Gonnet era profunda. “Siempre fuimos de la Iglesia, éramos cursillistas”, detalla Roxana, quien conocía a Lorenzo desde antes de que llegara a la parroquia del barrio. “Él estaba en Lourdes y yo iba todos los domingos a su misa. Era supercarismático”, recuerda.

    A fuerza de animar con carisma la vida parroquial y hasta de hacer el locro de los 9 de Julio en el patio del colegio, Lorenzo logró tener mucha influencia en la comunidad. Por eso, cuando un par de años después, en uno de los encuentros de los cursillos, una mujer se le acercó y le contó que el cura tenía una causa por abuso de menores, Roxana quedó shockeada.

    Para Alejandro también la noticia fue shockeante. Además lo conocía desde mucho antes que su esposa, desde los 90. “Cuando yo era jefe de un grupo scout de Los Hornos un dirigente tuvo un episodio relacionado con un posible abuso sexual de chicos. Él era capellán del movimiento scout y encabezó una reunión en la que activamente impulsó el apartamiento del denunciado”, recuerda.

    Desde entonces Alejandro y Lorenzo se encontraban siempre en actividades de scouts. Hasta que agarró otros rumbos, dejó el grupo y perdió contacto con el cura. Cuando se casó con Roxana se mudaron a Gonnet. Años después, Lorenzo desembarcó en la parroquia y se reencontraron.



    Eduardo Lorenzo

    Eduardo Lorenzo

    Haciendo cosas raras

    Un día de 2007, después de una misa, el cura le propuso a Alejandro integrarse a la parroquia para organizar un grupo de jóvenes. No costó mucho convencerlo, siempre le gustó mucho el trabajo con jóvenes.

    Pero a Alejandro desde el principio algunas cosas le llamaron la atención. Las reuniones para formar el grupo no se hacían en el salón parroquial sino en la casa del cura. Además “los participantes eran todos adolescentes. Los únicos mayores éramos él y yo, lo que no encajaba con la idea de formar adultos para coordinar un futuro grupo juvenil”. Y encima notaba “una extraña confianza entre Lorenzo y los chicos, un trato como de amigos. Hasta me invitó a juntarnos en una quinta, donde pasaba las vacaciones y organizaba asados y reuniones los fines de semana”.

    Roxana recuerda que también les extrañaba que a las reuniones concurrieran solamente varones. “Y lo otro raro es que invitaba a los pibes de 15 o 16 años a cenar a restaurantes y parrillas caretas del Camino Centenario”. Para Alejandro esa es “la metodología de este tipo de personas, comprarlos a través de favores, invitarlos a comer, comprarle ropa”.

    Tiempo después llegarían a la conclusión de que Lorenzo había transformado su casa parroquial en un centro de ceremonias descontroladas. O sólo controladas por él. Ceremonias cuyos invitados de honor serían el puñado de adolescentes “elegidos” a su gusto de entre el rebaño de jóvenes misioneros.

    Caen las fichas

    Cuando Lorenzo ya había convertido a la pareja en su enemiga pública (cartas documento y allanamiento mediante), Roxana y Alejandro empezaron a recibir otros datos que no harían más que afirmarles las convicciones. “Unos años antes yo había escuchado que Lorenzo tuvo un episodio en Berisso, en el Barrio Obrero, relacionado con algo sexual. Pero en ese momento, tan metido en la Iglesia, intenté convencerme de que no podía ser. Después empezás a hilar y a juntar todo y te das cuenta de cómo son las cosas”.

    Aunque no pueden dar por cierto ninguno de esos rumores, también les llegaron comentarios de hecho similares ocurridos en otros lugares donde estuvo Lorenzo, como Lourdes y Olmos.

    Efecto Tolosa

    En enero, cuando se enteraron de que las madres y los padres del colegio Del Carmen frenaron el traslado de Lorenzo, Alejandro y Roxana no lo podían creer. “Se ve que en diez años la sociedad cambió”, reflexiona ella, a quien le sorprendió “gratamente la valentía de esos padres que comprendieron que no se puede mirar para otro lado”.

    A quien cuestionan con dureza es a la jerarquía eclesiástica. Para Roxana “evidentemente la medida que termina tomando el arzobispo, de que Lorenzo no se mude a Tolosa, es para evitar el escándalo con la gente en la calle reclamando (el 11 de febrero estaba convocada una marcha en Tolosa). A la Iglesia si hay algo que no le gusta es el escándalo y con el silencio tapa todo”.

    Para ellos fue “una falta de respeto total” la difusión en el diario El Día de La Plata de las cartas que se enviaron mutuamente Lorenzo y el arzobispo Víctor “Tucho” Fernández. “Vuelven a revictimizar a la víctima, no dándole la importancia que tiene a un hecho así. Toda una falsedad”, afirma ella. “De parte de Lorenzo no esperaba otra cosa, cuando se ven acorralados se victimizan usando todo el poder del que disponen”, agrega él.

    A Alejandro lo que más le molesta “es el silencio de todos aquellos que saben la historia y la complicidad y el encubrimiento de quienes tienen la posibilidad de hacer algo, como el mismo Arzobispado. Este arzobispo está haciendo lo mismo que hizo monseñor Aguer, que en todo momento cobijó y tapó a Lorenzo”.



    Uno de los reclamos judiciales de Disalvo para recuperar su computadora

    Uno de los reclamos judiciales de Disalvo para recuperar su computadora

    Hipocresías

    No hace mucho tiempo Roxana y Alejandro decidieron, como miles de personas en los últimos tiempos, apostatar. No quieren que nunca más la Iglesia hable en sus nombres. “Traté de justificar mucho tiempo a la Iglesia. En la secundaria te decían ‘no al aborto’ pero tu compañera quedaba embarazada y se iba de la escuela. Cuando mi mamá se divorció de mi papá alcohólico la excomulgaron. Todas cosas que no me cerraban por ningún lado y yo seguía intentando sostenerla”, confiesa Roxana.

    La guerra que les declaró Lorenzo fue la gota que rebalsó el vaso. No estaban dispuestos a ser cómplices. “En estos delitos hay un gran abuso de poder, a la víctima la destruyen y la revictimizan todo el tiempo”, sentencia Alejandro. Él siempre supo “que en la Iglesia pasaban esas cosas”, pero un día le tocó vivirlo en carne propia y comprobó la magnitud de la impunidad.

    La alta jerarquía eclesiástica de La Plata dice que quienes hablan de las denuncias contra Lorenzo no buscan verdad y justicia sino “perseguir otros intereses”. Alejandro se enoja. “Mienten. ¿Qué fin vamos a perseguir?”, se pregunta. “Si yo no estoy más adentro de la Iglesia ni me interesa seguir formando parte. Es irrisorio. Lo único que queremos es que se sepa la verdad y que dejen de encubrir a una persona a la que de mínima deberían apartar del contacto con chicos, para que no le pase a nadie más”.

    A Roxana le genera mucha impotencia “que te callen quienes detentan el poder. Es horrible. No poder hablar, no poder decir la verdad. ¿Qué interés puedo tener yo como madre común y corriente, que no soy nada? Solo quiero saber la verdad. ¿Tan calumniosa soy? Te apuntan, personalmente, diciendo que estas difamando y atacando a la Iglesia. Pero yo no me levanté un día y dije ‘quiero destruirlos’. Sé que lo dicen para cubrirse, pero la imaginación que tienen es para escribir un libro. Por suerte creo que la sociedad cambió. No nos callamos más, se empieza a no tener más miedo”.

    ¿No mentirás?

    Entre el 21 y el 24 de febrero, a instancias del propio Francisco, el Vaticano reunirá a todas las conferencias episcopales del mundo en una “cumbre” para “ahondar en las consecuencias del drama del abuso sexual en la Iglesia”.

    Para la pareja de Gonnet no es más que “una cortina de humo. Y quien menos puede hablar es Bergoglio, teniendo el caso más emblemático, el de Grassi, que con una condena firme no fue excomulgado. Además de todos los casos que hay en Argentina y nunca hizo nada. Si siempre ocultó, ¿por qué haría lo contrario en el Vaticano?”, se pregunta Alejandro.

    Luego de leer las cartas de Lorenzo y Fernández y luego de leer la carta abierta con que los denunciantes desmintieron varias cosas escritas por Lorenzo y Fernández, la pareja tomó nuevo impulso en su búsqueda de la verdad. Nunca conocieron al joven denunciante de Lorenzo pero sienten que comparten una misma historia, vivida desde sitios diferentes.

    Ahora van a pedir explicaciones a las autoridades del colegio (al que con los años Lorenzo prácticamente dejó de ir). Quieren saber qué van a hacer de una buena vez sobre el tema. “Ahora nosotros somos padres de la secundaria, y muchos ya no quieren saber nada. Pero en la primaria sí. Cuando se enteraron de la causa querían pedir explicaciones, son muchos papás que no saben”, dice Roxana con la expectativa de que otras tantas madres y padres del colegio levanten la voz.



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