Rebelión en Nordelta: "Nos discriminan por trabajadoras y pobres"

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Marcelo Zlotogwiazda entrevista a una de las trabajadoras domésticas que denuncian la discriminación que sufren por parte de sus patrones y la empresa de transporte MaryGo, que se niega a trasladarlas.

La primicia que tuvo La Izquierda Diario no tardó en generar un gran repudio. Muchos medios fueron los que la replicaron. En esta nota compartimos entrevistas realizadas a Mercedes una de las trabajadoras de Nordelta.

“Nosotras hace dos meses estamos sufriendo discriminación. Siempre se viajó en las combis, o en el transfer que se llaman MaryGo. Somos 8 mil empleadas que entramos a Nordelta. Hay 32 barrios. Es el único medio para entrar. Nosotras siempre viajamos en combis que vienen de capital con profesionales o propietarios. Hace dos meses que las de capital no nos quieren dejar subir o nos hacen bajar”, le responde al periodista Mercedes.

Agrega que “los choferes cuando nos hacen bajar nos dicen que tienen ordenes de que no podemos viajar paradas. Pero con las combis internas viajamos todas paradas. Cuando somos poquitas el chofer se anima a bajarnos. Con el corte que hicimos el viernes pasado andan parando los que vienen de capital. El martes se hizo una protesta porque estuvimos dos horas varadas, y los rumores que escuchábamos era de que la gente no quiere que viajemos con ellos de capital porque tenemos olor o nuestras compañeras paraguayas hablan en guaraní. Entonces después de dos horas de espera más esos comentarios detono”.

Recuerda que “hace un año empezaron a haber unos remises que son de otros chicos que están sin trabajo y nos llevan de 4 a o 5. Lo que es remis sale de nuestro sueldo y no lo pagan los patrones. Las combis, algunas tenemos suerte de que nos paguen y otra tienen que pagar ellas. Es un transporte privado que sale 40 para entrar y 40 para salir”.

Explica con entusiasmo que “el corte fue espontaneo, salió de la bronca que teníamos todas. Ahora seguimos enojadas porque en la entrevista que hicieron los cometarios confirman que no quiere que viajemos con ellos por el olor, por cómo nos vestimos. Hay una discriminación hacia nosotras, hacia las mujeres trabajadoras pobres. Éramos 80 empleadas y estábamos paradas hace una hora y media y pasa una combi vacía de capital a Nordelta y ahí se desato la bronca y cortamos unos 15 min. Vino el dueño de las combis, vino la policía. Dijimos que si a los 5 min no venía combis íbamos a volver a cortar y nos mandaron 4”.

Somos 8 mil trabajadoras domesticas que viajamos por dia. Además, hay otra entrada de trabajadoras comunes, el predio tiene tres entradas. Estas 8 mil son con retiro. Y después hay otras con cama adentro. Además de otros trabajadores como los albañiles que por el tema de las herramientas pueden moverse en auto. Nosotras no tenemos otra forma de entrar si no es con las combis.

Cuenta que “hace diez años que trabajo acá y tengo la suerte de no vivir lejos. Pero otras compañeras salen a las 4 am de su casa, porque son de JCP o La Matanza. Yo tengo una relación tranquila con mis patrones pero tengo muchas experiencia de pasar por casas donde las encontré revisándome el bolso, o me despidieron y me pagaron la mitad del mes y después que digan “venite a la guardia” y no me den el ok para entrar a cobrar. A mí y otras compañeras. Te hacen venir 5 o 6 veces hasta que te cansas y no venís mas a buscar el sueldo que te deben”.

Denuncia que “por hora están pagando 100 pesos la hora. El sindicato dice que hay que pagar 80 pesos la hora. En blanco. Las que trabajan en negro cobran 110 o 120. Yo calculo que la mitad cobra en blanco y la otra en negro. Tal vez el 60 por ciento en negro. En algunas casas tienes que estar siempre con uniforme y en otras no. También te prometen que te van a comprar la ropa y nunca lo hacen. Acá hay una complicidad entre todos porque de que tienen sus propias reglas, pueden hacer lo que quieren. Cuando nosotras entramos y salimos nos pueden revolver el bolso. O te pueden decir “anda y volve a cobrar otro dia” y después no te vuelven a hablar. De la guardia a la casa no nos podemos desviar en el camino porque enseguida nos pregunta porque nos desviamos. Hay chicos que repiten o que dicen los grandes cuando nosotras no estamos. Yo he cuidado chicos que me decían “sorete” hasta que me di cuenta que el padre hablaba así. O que el jardinero es “el pelotudo” y para una señora todos los trabajadores eran pelotudos. Yo cuando me iba a mi casa pensaba que seguro ella diría eso de mí, por ser una laburante”.

Para escuchar la entrevista completa



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