Rechazamos la xenofobia contra inmigrantes venezolanos, denunciamos a los gobiernos de Temer y Maduro

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El pasado sábado hubo ataques a inmigrantes venezolanos en Pacaraima, frontera de Brasil con Venezuela. El Movimiento Revolucionario de Trabajadores de Brasil (MRT) y la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) de Venezuela hacen un pronunciamiento conjunto, que reproducimos aquí.

imagen: sputnik

El pasado sábado 18 fueron desalojados violentamente los inmigrantes venezolanos que se encontraban en Pacaraima (estado de Roraima), quemadas sus carpas y pertenencias, y destruida una estructura de refugio construida por la ONU, esto por parte de habitantes de la localidad, en respuesta a lo que habría sido el asalto de un comerciante brasilero, el cual fue herido durante el robo. Se corrió la versión que el asalto había sido cometido por venezolanos, aunque no hay aún confirmación oficial al respecto. Cientos de inmigrantes debieron volver a las carreras al lado venezolano de la frontera.

Más allá de los detalles que finalmente se sepan, queremos fijar aquí nuestra posición como organizaciones revolucionarias de trabajadores, mujeres y jóvenes de ambos países, contra toda xenofobia contra los y las inmigrantes, develando la responsabilidad de las clases dominantes y los gobiernos a ambos lados de la frontera en las crisis y penurias que se descargan contra los pueblos, así como la responsabilidad del gobierno de Temer y la derecha brasilera en estos ataques.

La bancarrota del capitalismo venezolano se ha descargado con furia contra los trabajadores y el pueblo pobre

El pueblo venezolano viene padeciendo desde hace varios años una profunda crisis de la economía, de dimensiones históricas, que ha llevado la vida los trabajadores y sectores populares a múltiples penurias, a nivel de una verdadera tragedia social. El salario obrero ha sido totalmente pulverizado, llegando en el último período a mínimos históricos de ¡1 ó 2 dólares por mes!, la devaluación del bolívar ha sido gigante. La escasez y la carestía de los alimentos y medicinas son enormes, la crisis del sistema público de salud es aguda. Como consecuencia de todo esto el hambre y la alimentación deficiente se han hecho sentir con fuerza en amplias franjas de la población, la mortalidad materna e infantil han aumentado drásticamente, decenas de recién nacidos han muerto por desnutrición, se viven brotes de enfermedades ya erradicadas o casi inexistentes hace décadas, mueren miles por falta de algún medicamento, vacuna u operación. Los servicios públicos básicos para la vida cotidiana más elemental, como el agua, la electricidad, el gas doméstico y el transporte están en crisis, cuando no colapsados.

Estos son solo algunos datos de la situación catastrófica para los trabajadores y el pueblo pobre de Venezuela, con carencias y dramas como los que deja un guerra, pero sin guerra. El pueblo venezolano no tiene arte ni parte en esta situación, es víctima de una bancarrota del capitalismo rentístico y dependiente, de dimensiones históricas. El modelo de acumulación y distribución capitalista de Venezuela, marcado por su inserción subordinada y dependiente en el capitalismo mundial, y por el rentismo petrolero, entró en una importante crisis estructural desde finales de los 70’s, la cual se arrastró hasta la llegada del chavismo al poder, los momentos de fuerte y sostenido auge de los precios petroleros bajo Chávez solo disimularon y aminoraron temporalmente la crisis, la cual ha estallado ahora con creces.

Una vez cambiaron las condiciones económicas favorables con que contó Chávez y sobrevenida la crisis, el gobierno de Maduro ha cumplido el deplorable papel de hacerla recaer con toda su fuerza sobre los trabajadores y sectores populares, llevando al pueblo venezolano a soportar durante todos esos años una caída brutal de sus condiciones de vida. Incluyendo un duro giro bonapartista en el que ha conculcado derechos democráticos, reforzado la coacción y represión contra el descontento social, profundizando el control militar en la vida social y política del país, al punto de someter a juicios militares a habitantes de los barrios pobres que en medio del drama que se vive han llegado a protagonizar acciones desesperadas de saqueos de bienes y comida.

Tras el actual desastre están los mecanismos de succión de las riquezas venezolanas por parte del capital imperialista (tanto el financiero como el petrolero) y la parasitaria burguesía venezolana. Los grandes pulpos petroleros (y del gas), que históricamente saquearon al país, no dejaron en ningún momento de extraer riquezas de Venezuela, al igual que ocurre con el capital imperialista en otros sectores de la economía venezolana como la banca, telecomunicaciones, construcción, etc. El capital financiero internacional desangra al país mediante la deuda externa, el chavismo la continuó pagando y la duplicó por varias veces, sometiendo al país en el último período a una sangría de recursos por los pagos de esa deuda “eterna” y usuraria, para beneplácito de estos buitres y para desgracia del pueblo venezolano que vio irse recursos que necesitaba para salud, educación, viviendas, salarios. A su vez, la clase capitalista venezolana llevó a cabo un gigantesco desangre del país al fugar cantidades enormes de dólares (se habla de 500 mil millones US$) provenientes de la renta petrolera pública, en uno de los períodos históricos de mayores ingresos petroleros del país.

El chavismo en el gobierno descargó la crisis sobre los trabajadores y el pueblo, con las consecuencias descritas antes. Hoy, el gobierno de Maduro intenta aparecer como preocupado por las condiciones de los inmigrantes, cuando es responsable de la tragedia social que ha causado esta ola migratoria de millones que huyen desesperadamente de las penurias, la más grande en la historia de Venezuela y una de las más grandes en América Latina.

Una emigración forzosa y en condiciones precarias

Es toda esta situación la que ha llevado a cientos de miles de hombres, mujeres y jóvenes de la clase obrera y el pueblo pobre a emigrar, como salida desesperada luego de años de esta crisis, buscando ingresos que les permitan sobrevivir y enviar algo a los familiares que en Venezuela se quedan padeciendo las penurias. La clase obrera y los sectores populares, por lo general, emigran por tierra y a las ciudades fronterizas de Colombia y de Brasil, pues no disponen de ingresos como para tomar un vuelo a otros lugares o para el pasaje terrestre a otras ciudades, en muchos casos tampoco cuentan siquiera con el pasaporte (dados los problemas administrativos para conseguirlo en Venezuela y su alto costo), documento sin el cual no pueden estar legalmente más que en las ciudades frontera. Allí miso, en la frontera norte de Brasil, los habitantes han podido constatar cómo se han dado casos extremos de venezolanos que cruzan la frontera y luego hacen el trayecto hasta Boa Vista caminando, por falta de dinero para el pasaje.

Este conjunto de circunstancias contribuye a que la concentración de inmigrantes venezolanos sea muy grande en Cúcuta y Bucaramanga (Colombia), así como en Pacaraima, Boa Visa y Manaos, donde llegan a buscar desesperadamente algún trabajo para garantizar la sobrevivencia, enviar remesas o conseguir el dinero para avanzar hacia otras ciudades.

En Boa Vista, por ejemplo, los venezolanos trabajan en las fazendas, donde los propietarios les pagan aproximadamente la mitad de los que les pagan a los trabajadores nativos. Algunos comerciantes han conseguido también en los vendedores ambulantes venezolanos una vía de venta más rápida de la mercancía, pues no tienen que esperar que la gente acuda a los establecimientos, ya que los venezolanos van por las calles y de puerta en puerta ofreciendo los productos. Los venezolanos sobreviven también haciendo cualquier variedad de trabajos de “jardinería” en las casas, pintando paredes, reparando cosas, etc. Muchos otros deambulan en los semáforos y avenidas de Boa Vista con carteles de “Procuro trabalho”.

En las últimas semanas el gobierno de Maduro viene avanzando en un paquetazo antipopular, con semidolarización de la economía, legalización de los precios hiperinflacionarios al nivel del dólar paralelo, aumento de impuestos al consumo obrero y popular (al tiempo que amplias exoneraciones al capital nacional e internacional) y aumento de la gasolina “a precios internacionales”, que con seguridad profundizará los problemas de las familias trabajadores y pobres, generando probablemente nuevas oleadas de inmigrantes.

La xenofobia aprovecha hechos puntuales, reales o sin confirmar, para desencadenar la ideología reaccionaria contra estas familias trabajadoras y pobres que huyen de una crisis brutal. Dividiendo más aún a nuestra clase.

El gobierno de Temer y la derecha son responsables

En el ataque que hubo a los inmigrantes venezolanos, el ejército brasileño, que tienes meses en la zona en “misión humanitaria” para atender a los migrantes, se abstuvo de intervenir, es decir, dejó correr conscientemente la situación. Esta actuación vergonzosa es responsabilidad del gobierno golpista de Temer. Las autoridades locales también se abstuvieron de intervenir, mostrando el rostro de la política del Partido Progresista (PP), el partido de la candidata a vicepresidenta de Alckmin y de la gobernadora de Roraima. La propuesta totalmente reaccionaria de Bolsonaro de expulsar a los inmigrantes, gira más a derecha el discurso político, y el partido de Alckmin quiere ganar espacio entre los votantes de derecha, por lo que comienza a tener guiños con esa política.

La empresaria Suely Campos, gobernadora de Roraima por el PP, quiso prohibir que los inmigrantes venezolanos sin pasaporte pudieran ser atendidos en los hospitales, política reaccionaria que solo se frenó porque la justicia en primer grado del estado de Roraima lo negó, aunque al mismo tiempo indicaba al gobierno federal a distribuir por otras ciudades del país a los inmigrantes. Posición ratificada por el Supremo Tribunal Federal (STF).

Las clases dominantes y sus partidos aprovechan las circunstancias para alimentar ideologías reaccionarias, atrasadas, mediante las cuales los desgraciados de un país busquen culpables en los desgraciados del otro, mientras los empresarios y políticos hacen grandes negocios entre ellos allende las fronteras. El caso de Odebrecht es emblemático, hizo enormes negocios con la construcción de obras públicas bajo los gobiernos de Chávez, en un esquema marcado por la corrupción, alrededor del cual se sirvieron tanto estos exponentes de la burguesía brasileña como empresarios y políticos venezolanos, tanto del gobierno como de la oposición.

En Brasil también se está en los primeros momentos de descargar brutalmente la crisis capitalista sobre los hombros de la clase obrera y el pueblo pobre, con la carga de necesidades y problemas sociales que esto trae consigo. Buscar en los inmigrantes un “culpable” de los problemas sociales generados por su propio sistema de explotación y brutales desigualdades, es una opción reaccionaria que toma la clase capitalista. La propagación de la mentira de que son los inmigrantes los responsables por la miseria y el desempleo que sufrimos en Brasil sirve apenas para enmascarar que los capitalistas, el gobierno golpista y sus aliados son los verdaderos responsables por eso. Es que la xenofobia sólo puede favorecer a la derecha reaccionaria de Bolsonaro, que busca seguir con todos esos ataques neoliberales contra los trabajadores mientras se lanza contra los negros, las mujeres y los LGBTs en nuestro país. La alianza entre los trabajadores y el pueblo brasileño y los trabajadores y el pueblo venezolano es fundamental para imponer salidas que ataquen a los verdaderos enemigos, es decir, las clases dominantes que se siguen enriqueciendo.

Por plenos derechos sociales, laborales y políticos para los inmigrantes

Desde que acontecieron los criminales ataques en Pacaraima, el golpista Temer presentó las típicas respuestas: represión y restricción a la entrada de los inmigrantes. Su primera acción fue el envío de 60 hombres de la Fuerza Nacional que, a ejemplo de lo que acontece en Río de Janeiro con la intervención federal que militarizó aún más el estado y elevó la muerte de negros y pobre, no tiene como objetivo garantizar la seguridad de los inmigrantes víctimas de los ataques. Con la pésima repercusión que se desencadenó, Temer afirmó que está en contra de “actos de vandalismo contra cualquier ciudadano de cualquier nacionalidad”, sin nombrar siquiera claramente quiénes fueron las víctimas de ese caso inadmisible de xenofobia.

Y después de la Unión General de Abogados afirmar que está en contra del pedido de la gobernadora de Roraima de cerrar las fronteras, como fue pedido por ella al STF (Supremo Tribunal Federal), ahora el portavoz del golpista Temer en el Senado, Romero Jucá acaba de presentar el día 20 de agosto un proyecto de ley para cerrar la frontera de Roraima a los inmigrantes venezolanos y condicionar su entrada. Este proyecto altera la Ley 9.474 de 1977 que implantó el Estatuto de Refugiados y la Ley de Migración en el país, concediendo la entrada a los inmigrantes en situación crítica como la que viven hoy los venezolanos, legitimando así que sean tratados como criminales.

Se trata de un absurdo ataque a los derechos de los inmigrantes, y una flagrante violación de los más básicos preceptos de los Derechos Humanos en nuestro país, algo que se suma a la lista de los ataques que Temer, aplaudido por la derecha de Bolsonaro, viene desencadenando contra los venezolanos, y también contra los trabajadores y el pueblo brasileño. Al contrario de esa reaccionaria respuesta del golpista Temer, y de la derecha, los trabajadores y el pueblo brasileño deben defender los más amplios e irrestrictos derechos sociales y políticos a los inmigrantes de Venezuela. Y esto comienza por rechazar el cierre de las fronteras, y el proyecto de Jucá.

Los venezolanos deben tener la libertad para transitar e instalarse en cualquier ciudad del país, y garantizar sus derechos básicos a la salud (tratamiento médico y medicamentos), educación (infantil, de jóvenes y adultos) y transporte de manera gratuita. Además de esto, deben contar con la posibilidad de un empleo digno, con todos los derechos de la CLT y sin tercerización, hermanándose con los trabajadores brasileños para fortalecer la lucha contra la nefasta reforma de trabajo y la unificación de las filas obreras. Se debe garantizar a los inmigrantes el derecho a repatriar a sus familias al territorio brasileño, sin la humillación de ser detenidos en la frontera en centros de internación, y por el pleno derecho a residencia automática para los inmigrantes venezolanos apenas pisen territorio brasileño, incluso el derecho a la ciudadanía si así lo prefieren, con iguales derechos de todo brasileño nativo. Repudiamos la intención del gobierno golpista de crear centros de detención para los inmigrantes. Estas demandas deben ser tomadas realizando una gran campaña impulsada por los sindicatos, organizaciones de izquierda, de derechos humanos y de la juventud.

La clase obrera es una y sin fronteras

Los trabajadores y trabajadoras, mujeres, negros, negras y jóvenes que militamos en el Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) de Brasil, y en la Liga de Trabajadores por el Socialismo (LTS) de Venezuela, integrantes de la Fracción Trotskista por la Cuarta Internacional (FT-CI), llamamos a rechazar firmemente todo acto de xenofobia, toda ideología reaccionara que busca dividir y enfrentar las fuerzas de nuestra clase, y denunciamos a las clases dominantes y gobiernos de nuestros respectivos países, que descargan el fardo de las crisis y de las injusticias consuetudinarias sobre los pueblos a ambos lados de la frontera, con su carga de miserias, dramas y descomposición social.

Llamamos al internacionalismo proletario, a la solidaridad y hermandad entre las clases trabajadoras y pueblos pobres de ambos países.



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