Rosana y Nadia: las compañeras que perdimos en Cuba

0
119


El jueves pasado, siete personas fallecieron en un accidente de autobús en la provincia cubana de Guantánamo. Dos de ellas militaban en la organización Marabunta, en el Bachillerato Popular Simón Rodríguez y en la Universidad Nacional General Sarmiento. Sus compañeros y compañeras enviaron este texto para recordarlas.

Los medios que tomaron la noticia reprodujeron hasta el hartazgo que, en el fatal accidente ocurrido en ese país, “dos turistas argentinas” habían perdido la vida. Estos medios que se especializan en brindar información pormenorizada sobre la identidad y la vida íntima de las víctimas de violencia de género, para culpabilizarlas, deberían esmerarse al menos un poco para nombrar a nuestras compañeras. Si supieran lo llenas de vida que habitaron este mundo Nadia y Rosana… Si conocieran algo de la entrega con la que aprendieron, construyeron y enseñaron durante todos estos años… “Dos turistas argentinas”: ¡con cuánta impersonalidad y desconocimiento se atrevieron a mencionarlas!

Ro y Nadia fueron dos guerreras, de esas que portan la más grande de las sonrisas en cada tarea que emprenden, no importa de cuál se trate. Nos perseguían sus sonrisas al dar clases en cada aula, al discutir en una asamblea, al limpiar un baño del Bachillerato o pintar una pared. Fueron dos compañeras, decíamos, que pisaron la isla con la misma responsabilidad que mostraron en nuestro Bachillerato Popular: la de aprender de las historias de lucha y resistencia, con el deseo de compartir anhelos de pueblos emancipados y de combatir cualquier tipo de opresión.

Viajaron como quien anda en busca de un mundo distinto, con una manera diferente de habitarlo. Siempre con nuevas preguntas en el horizonte: ¿Cómo enseñar matemáticas? ¿Cómo ser una educadora popular y feminista? ¿Cómo trasformar este mundo injusto? Poniéndole el cuerpo a todo lo que hacían, involucrándose con sensatez y coherencia. Abriendo caminos de revolución desde la Educación Popular y el compromiso intelectual con las luchas de lxs de abajo. Con la praxis, fruto de la construcción y la reflexión colectivas, a cuestas.

Hicieron vida en la Universidad y su museo, pero no para volver la ciencia un trampolín al progreso individual, material. Con la sabiduría, por el contrario, de quienes comprenden que lo que le da sentido a la ciencia son las luchas que se apropian de sus herramientas para transformar la realidad que oprime a lxs trabajadorxs. Ellas tenían la convicción de que esos conocimientos perdían todo valor si no lograban ser atravesadas por los saberes populares y de que su difusión era una tarea militante de primera hora. Descreían de la ciencia que no se reconociera en función de los intereses y las necesidades del pueblo trabajador. Todos estos “sentipensamientos” guiaban a nuestras dos hermosas compañeras.

Sus sonrisas y sus palabras, sus gestos y sus ideas nos envolvían como un pañuelo verde, sororo y cálido. Nos invitaban a entendernos compañeras, hermanas, amigas. El feminismo fue otra de las trincheras en las que coincidieron, para denunciar y hacer caer el patriarcado en todas sus expresiones. Con ellas, compartimos el espíritu, la mística, el baile, los debates y reflexiones de los Encuentros Nacionales de Mujeres, las luchas por el Aborto Legal, las movilizaciones contra las violencias machistas. Llenas de alegría y de furia feminista, caminamos junto a ellas en los últimos años.

En los espacios de trabajo, no dejaron de luchar por sus propios derechos laborales y los de sus compañerxs, organizándose también contra las lógicas del sistema capitalista.

Ro y Nadia soñaban y luchaban por un mundo distinto para todes, especialmente para sus sobrines, a quienes amaban profundamente.

En cada rincón que ocuparon, las acompañaron sus ideales, su compromiso y su amor, rasgos que rescatan, al pensarlas, quienes fueron sus estudiantes y que ellas mismas señalaban para describir el significado del Bachillerato Popular.

Algo de todo esto queríamos que supieran quienes no tuvieron el privilegio de conocerlas. Por eso, la importancia de nombrarlas.

Y algo de la tristeza que nos recorre el cuerpo al despedirlas cede un poco al recordar que se fueron sonriendo en tierra revolucionaria, en un lugar que ellas admiraban y de cuyas historias se habrán sabido apropiar con el amor y el compromiso de siempre.

Seguramente se nos habrán ido con un mate bajo el brazo, un libro y un pañuelo verde en la mochila. Nosotras nos juntaremos una y mil veces a matear la vida recordándolas, abrazándolas cargadas de tantos hermosos recuerdos.



Source link