Salud en containers: la respuesta de Larreta ante el incendio del Centro de Salud 14

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Hace más de 7 meses se prendían fuego las instalaciones del centro de salud del barrio Cildañez, al suroeste de la Ciudad de Buenos Aires. Al día de la fecha continúan sin una salida de fondo.

Los trabajadores y usuarios del Cesac 14 del barrio Cildañez, dependiente del área programática del hospital Piñero, se encuentran organizados y aguardando una solución definitiva por el incendio del 25 de agosto del año pasado, que destruyó totalmente las instalaciones del lugar.

El Cesac tenía más de 40 años de antigüedad y había sido construido con material precario y tóxico para la salud, como el asbesto – material presente en las placas de las paredes del edificio – que es cancerígeno, motivo por lo cual desde el año 2003 está prohibido en el país su utilización para la construcción. Los restos de infraestructura incendiada continúan en la zona, demorando su demolición por desidia del gobierno.

Desde entonces, producto de la organización de los trabajadores, se puso en pie un “plan de contingencia” para garantizar la atención a la población, ubicada en una de las zonas más carenciadas de la ciudad (Villa Lugano), a la par que se exigía la reanudación de las obras del nuevo Cesac cuya construcción había sido concesionada al Grupo VIARSA por $105.154.463,25 en junio del 2018.

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Desde la Subsecretaría de Atención Primaria, Ambulatoria y Comunitaria del GBCA cuyo responsable es Gabriel Armando Battistella, se comprometieron a finalizar las obras para diciembre de 2018 y mientras tanto, a garantizar la atención poniendo a disposición instituciones como un CPI o Club de barrio cercanos a las inmediaciones del Cesac 14 para la atención no médica y tareas administrativas, al igual que otorgar containers para la atención médica.

Los plazos no se cumplieron, al día de la fecha las autoridades afirman que para junio de este año se finalizarán las obras. Mientras tanto, los trabajadores continúan atendiendo de forma precaria en trailers muchas veces sin luz y sin agua, sin servicio de farmacia para brindar los medicamentos a la población que lo requiere así como tampoco leche para las mujeres embarazadas y niños de hasta 6 años como refuerzo alimentario.

Algo que se vuelve más brutal cuando por efectos de la crisis económica y social digitada por el FMI, 4 de cada 10 niños son pobres en Argentina y un 8,6% vive en hogares que no alcanzan a cubrir la canasta básica de alimentos, según reciente informe de Unicef.

Cuando el 28% de la población de Capital Federal depende del sistema de salud público, quienes no pueden acceder a una prepaga ni obra social por no poseer trabajo en blanco en medio de los altos índices de desempleo y precarización laboral; la comunidad de Cildañez se ve afectada por la reducción de turnos, la disminución de prácticas y prestaciones que no son posibles de llevarse a cabo en estas condiciones y por la ausencia de una sala de espera digna, teniendo que esperar parados en la calle, con casi ninguna protección a lluvias o calor extremo como al tránsito (autos que transitan a altas velocidades en calles de acceso a los trailes y al CPI).

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Por su parte las bancas de Patricio del Corro y Myriam Bregman del PTS-FIT están a disposición de los trabajadores de la salud y la comunidad del barrio Cildañez.

No puede ser que en la ciudad con más recursos del país se esté brindando un servicio de salud en estas pésimas condiciones. El pueblo trabajador necesita una salida de fondo. Se necesita que los recursos vayan a la salud y educación pública y no a la deuda usurera.



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