Salud Neuquén: trabajadoras y pacientes contra la violencia hacia las mujeres

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En el Centro de Salud Almafuerte el oeste de la ciudad de Neuquén, funciona desde hace cuatro años, un grupo de mujeres que han padecido situaciones de violencia. Actualmente, en el sistema de salud neuquino no hay equipos interdisciplinarios especializados para atenderlas a ellas y a sus hijos, una demanda permanente de trabajadoras y pacientes.

El Centro de Salud Almafuerte está ubicado en el oeste de la ciudad de Neuquén, en los barrios mas alejados de la capital de la provincia de Vaca Muerta, que hoy cuenta con alrededor de 50 trabajadores. En él, funciona el grupo de mujeres llamado “Alma Libre”, que es uno de los sólo 3 dispositivos grupales para la atención de las mujeres víctimas de violencia que existen en una ciudad que no para de crecer al calor de las expectativas en la actividad petrolera.

El grupo existe desde el año 2014 y se creó para poder garantizar el acceso a los tratamientos y espacios necesarios para que las mujeres sean asistidas y contenidas en el proceso difícil de reconocer los padecimientos de las vivencias de violencia. Mientras las cifras en la provincia no dejan de acrecentarse y según el último relevamiento del Observatorio del Ministerio de Ciudadanía, hoy se reciben en Neuquén un promedio de 25 denuncias diarias en sedes judiciales y/o administrativas, más de una denuncia por hora, desde la Secretaría de las Mujeres del Hospital Castro Rendón, entrevistamos a 7 valientes mujeres y a Emilia Nimis, trabajadora social del Centro que nos abrieron las puertas de sus historias y peleas cotidianas frente a la falta de respuesta por parte del Estado y su Justicia.

Actualmente asisten al Grupo entre 12 y 15 mujeres, de una amplia brecha etarea, hoy la mas joven tiene 18 años mientras que la mas grande llega a los 63. El dispositivo funciona todos los días martes, y en forma paralela tiene lugar en el mismo Centro un grupo de niños, para que mientras ellas cuentan con un espacio propio, sus hijos realizan actividades recreativas.

Describen que las mujeres transitan por el espacio con idas y vueltas; “mujeres que ingresan, otras que se han ido, otras que continuamos”; “hay algunas que venimos hace 3 años, otras 2, la ultima que ingreso fue hace un mes”.

Cuentan que todas son del oeste de la ciudad, una de ellas relata que vive cerca del Hospital Heller pero como éste, no cuenta con un equipo interdisciplinario para la atención de mujeres víctimas de violencia, y como no podía conseguir turno para psicología, se entero de este espacio por su compañera de trabajo que también asiste y decidió sumarse ante la necesidad de contar con un acompañamiento.

Emilia, trabajadora social del Centro de Salud, cuenta que “este año venimos con un proceso de trabajar el tema de la comunicación; y se armaron tres talleres de Comunicación y Radio, ahí surgió lo de armar spots publicitarios que hoy circulan en la radio, a partir de las denuncias permanentes que traían las mujeres sobre situaciones de violencia en los ámbitos laborales, en el juzgado, en la oficina de violencia, violencia cotidiana de sus parejas”

Todas las pacientes afirman que el grupo “es un espacio donde podemos llorar, hablar de muchas cosas, nos sentimos contenidas, te vas a tu casa más tranquilas, solas cuesta mucho”.

“Nosotras entendemos que la violencia no es algo que se pueda atravesar sola o salir sola, sino acompañada de cualquier mujer que te tienda una mano. En este grupo somos así, todas nos tendemos una mano entre todas”; “las mujeres vivimos bajo esta opresión, no es que se va a solucionar el problema y nunca más va a venir otro, siempre vamos a sufrir violencia, en el trabajo, en el barrio; una vive la violencia en todos lados”.

Mari, paciente, dice “yo, en cambio, vine por una situación diferente, yo estaba sufriendo violencia económica, vine a pedir ayuda, hasta ahora lo sigo sufriendo estoy en la búsqueda de trabajo todavía”; “la violencia no es solo el golpe, hay varios tipos de violencia; lo bueno de venir a este grupo que ahora lo reconocemos, antes no lo hacíamos, lo naturalizábamos”.

La revictimización del Estado y sus instituciones

Recuerdan algunas de sus experiencias del transitar por distintas instituciones con su problemática, intentando buscar una respuesta y cuentan “haces la denuncia y el Juzgado te cita a una hora, entonces tenés que arreglar en tu trabajo para poder ir; llegas y te tienen más de 3 horas esperando para la atención”; “es violencia institucional, cuando el Juez te da la resolución y te da bronca, en la comisaria solo te dejan hacer exposición no te toman la denuncia y no te asesoran”; “por eso venir acá nos ayuda, en el grupo se asesora sobre los procedimientos legales”; “hoy la justicia es injusta”.

Una de ellas, cuenta que se sienten contenidas por el centro de salud, “Vos venís al centro de salud por cualquier consulta y te das cuenta del interés personal que tienen los profesionales y trabajadores de acá; interconsultan, eso ha ayudado a que muchas mujeres puedan participar y hablar de su situación”; pero también reconoce que “también tenemos que renegar permanentemente por la falta de insumos, no sabemos qué presupuesto tenemos y en que se destina”.

“Hay una falta de respuesta desde el Estado, no le importa, no se preocupa por las mujeres que son violentadas, en saber si tiene trabajo, si tiene donde vivir, es asistida en lo psicológico y social, porque la vergüenza tiene que ser nuestra?”.

Resaltan que en el grupo “tenemos talleres sobre anticoncepción, asesoramiento legal con abogados, sobre enfermedades, violencia obstétrica, etc”; “nosotras sabemos que todos estos talleres se dan gracias a una organización entre trabajadores de todas las especialidades del centro, hacemos seguimiento y acompañamiento individuales, tenemos el dispositivo grupal, que funciona por el esfuerzo de trabajadores y pacientes”.

Clarita relata que hace muy poco que se sumó al grupo, que le costó mucho tomar la decisión, y cuenta que la crisis económica también la violenta, dice “antes con $100 te alcanzaba; yo antes tenía siete trabajos, ahora tengo dos”; “todo aumenta el pasaje del colectivo, hay patrones que no te lo reconocen y todo sale de tu bolsillo”; “no hay viviendas, varias vivimos en tomas”; además todas coinciden en que nadie reconoce ese trabajo invisible, no remunerado que es el trabajo doméstico.

Todas acuerdan que “cuesta al principio, porque cuesta hablar, da vergüenza; en el grupo tenemos trabajadora social, medica general, psicólogas, “activistas”, acompañantes; pero es cada vez más grande porque el proceso de cada una se respeta, acá tenés tu espacio; acá es libre”

Trabajadoras y pacientes al grito de #NiUnaMenos!

Neuquén es una provincia rica, todos los medios de comunicación resaltan lo ostentoso del presupuesto que el MPN logró aprobar en la Legislatura para el próximo año, sin embargo, el permanente cajoneo de cualquier iniciativa para la adopción de medidas paliativas, transitorias y oportunas contra la violencia machista, deja en evidencia el rol del Estado y sus instituciones en el sostenimiento, la garantía y reproducción de la violencia contra las mujeres.

Desde la Secretaría de las Mujeres del Hospital Castro Rendón, estamos convencidas que la clave es unir los reclamos de quienes todos los días sostenemos con nuestro trabajo y nuestra lucha el derecho a la salud de la población, con los de aquellos que todos los días padecen las políticas que privan de derechos y de una vida que merezca ser vivida. Continuaremos exigiendo un Plan de Emergencia contra la violencia machista, por equipos interdisciplinarios especializados en cada hospital, en cada Centro de Salud.



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