Santa Fe: basurero a cielo abierto de Humboldt causa serios daños a los vecinos

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La familia Kinen-Vaillard vive asediada por la contaminación. La irracionalidad de este sistema lleva a comunidades empobrecidas a sufrir las consecuencias de una basura que ni siquiera generan.

Imágenes: cortesía de la familia Kinen-Vaillard.

Los basurales a cielo abierto afectan a comunidades empobrecidas y pobladores rurales en especial, ya que suele ser la periferia urbana el lugar privilegiado donde se arrojan los desechos que el sistema continuamente produce y la naturaleza no puede asimilar. Ante este problema, el Estado carga en la propia sociedad los costos ambientales y sociales de esta irracionalidad.

El basurero ilegal de Humboldt

Al sur de la localidad de Humboldt, en Santa Fe, la comuna compró un terreno para implantar un basural a cielo abierto. Pegado a ese lote vive la familia Kinen-Vaillard, con seis adultos y cuatro menores de edad, que tiene un pequeño proyecto agropecuario y se dedica también a la reparación de vehículos automotores.

Hace 31 años que esta familia vive asediada por la contaminación que produce el basural: moscas, ratas, animales muertos, perros asilvestrados, humo por quema de basura, podredumbre, olores pestilentes, envases de agrotóxicos y otros residuos contaminantes. Estos residuos son arrojados tanto por los camiones del municipio como por terceros (de manera ilegal) que ingresan al predio, sin control de ningún tipo. La quema de basura es usual y, además del humo tóxico, el fuego ha alcanzado al lote de la familia, obligándolos a suspender sus actividades productivas en varias ocasiones.

A través del abogado Rafael Colombo, la familia presentó acciones legales para tratar de recuperar su vida normal y su forma de sustento. Así lograron llegar a una audiencia de conciliación con representantes de la comuna, donde los funcionarios presentaron propuestas de remediación y se comprometieron a cesar con la deposición de basura para prevenir el daño a la salud y el ambiente. Por su parte, la familia Kinen-Vaillard se comprometió a suspender la medida cautelar que estaba en marcha.

Sin embargo, a pesar de este acuerdo común nada cambió, ya que se continúa utilizando el predio como basurero. Por este caso está pendiente también una inspección judicial por una denuncia penal anterior en la Unidad Fiscal de Esperanza. La Izquierda Diario intentó hablar con el presidente de la comuna de Humboldt, Duilio Rohrmann (UCR-FPCyS), pero se negó a atendernos telefónicamente para comentar sobre la situación.

Daniel Vaillard y Rosa Kinen compraron este predio en 1977 y desde entonces llevaron adelante su proyecto de vida hasta que el municipio decidió usar el lote lindante como depósito de basura. Y a pesar de que Daniel y Rosa intentaron anteriormente dialogar con el municipio, no recibieron respuestas y la situación siguió igual o peor. Incluso, luego de la audiencia de conciliación la municipalidad sigue arrojando residuos tóxicos en este predio, como lo atestiguan las fotografías que acercaron a este medio. La salud física y emocional de la familia ha sufrido graves consecuencias por vivir al lado de este basurero.

La basura es un reflejo del modelo societal

La irracionalidad del sistema capitalista se expresa sin medias tintas, las ciudades producen toneladas de productos innecesarios o de corta vida, que una vez convertidos en desechos no pueden ser reabsorbidos por el ciclo natural y terminan arrojados en cursos de agua, terrenos desocupados o rellenos sanitarios, que usualmente se emplazan en zonas alejadas de los centros urbanos, generando nuevos problemas sociales y ambientales. La contaminación del agua por lixiviados y la liberación de gases tóxicos a la atmósfera afectan la salud de humanos y ecosistemas, precarizando las condiciones de vida de las comunidades donde estos basurales se emplazan.

El capitalismo está constantemente produciendo nuevas mercancías y necesidades sociales ficticias, siempre de forma creciente y perecedera. Así, cada vez genera más productos que se convierten en desechos. El consumo de bienes está a su vez limitado a lo que cada uno de nosotros puede comprar, dentro de los límites que nos impone la oferta y el salario que nos permite adquirirlos. La oferta está a su vez determinada por la producción de una industria que prefiere crear valores de uso funcionales a la acumulación de capital, o sea, reemplazables constantemente para mantener el ritmo de consumo perpetuo y la acumulación de capital.

Es importante recordar que la crisis de la basura es inducida por el propio sistema capitalista, que necesita producir mercancías para ser consumidas, abaratando costos –y esto lo logra bajando salarios y condiciones de contratación y trabajo– y por ende, es el propio sistema el que está generando la crisis de la basura.

Sin embargo, a nivel de políticas públicas suele cargarse con la responsabilidad de la generación de los desechos a la sociedad, atribuyéndole los costos de su tratamiento o, lo que es peor, sometiendo a comunidades empobrecidas a sufrir además las consecuencias sociales y ambientales de la basura que ellas ni siquiera han generado.



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