Si nadie me calla, me van a escuchar gritando

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Un miércoles distinto, como cada día desde que desapareció Santiago.

Llegó el #MiercolesPiñatero, que muchos de los que seguimos a De La Gran Piñata entendemos como “un cielo en medio de la semana”, un día en que nada puede salir mal, un día casi de festejo. Miércoles, por alusión al primer álbum de la banda, miércoles que este 30 de agosto iba a ser una fiesta en La Trastienda, San Telmo.

Con mis amigos teníamos las entradas con un mes de anticipación, sabiendo que rápidamente se iban agotar; el teatro tiene poca capacidad y la banda show a show crece en convocatoria.

Sin embargo, este miércoles fue diferente, como lo es cada día hace un mes, desde que desaparecieron a Santiago.

Me levanté temprano y fui a cursar. A la tarde, junto con mis compañeros de agrupación hicimos algunas intervenciones en la Facultad de Arquitectura, por Santiago Maldonado, para más tarde asistir a la asamblea y discutir cómo organizarnos para exigir por su aparición con vida.

Todo terminó alrededor de las 20:00 horas, fui corriendo a la terminal para poder llegar a tiempo a lo que iba a ser una linda distracción con unas birras y amigos cortando la semana.

Llegué justo con la primera canción, saludé a los chicos, y nos quedamos escuchando y agitando las canciones.

Durante el tercer o cuarto tema, se empieza ver entre la gente, brazos que levantan bien alto fotos de Santiago Maldonado. En el intervalo entre tema y tema un canto: “Dónde está… Santiago Dónde está? “, se empezó a escuchar en todo el teatro. Claro, toda esta juventud no es indiferente ante la desaparición de un pibe, igual a nosotros, en plena democracia.

Después de unas palabras del guitarrista, Lucas Martínez, llamando a la más amplia unidad por Santiago, porque no queremos más desaparecidos en democracia, sonó el tema “30.000 LUCES”,

canción que quizás muchos estábamos esperando, para expresar la bronca que nos produce que Santiago no pueda estar con nosotros o siquiera saber dónde está o Cómo está. Y ahí estábamos, todos juntos en San Telmo, cantando por los 30.000 detenidos-desaparecidos, pero también por él.

El “reci” siguió, y después nos fuimos para nuestras casas. Yo me fui sintiendo y pensando muchas cosas.

A Santiago Maldonado lo desaparecieron por protestar, por solidarizarse con el pueblo mapuche, e ir en contra de los intereses de esos empresarios para los que Macri gobierna.

Lo desapareció la gendarmería, que sabe bien cómo reprimir y perseguir a los jóvenes y trabajadores, lo desaparecieron en democracia hoy a Maldonado, como hace casi once años a López luego de declarar contra el genocida Etchecolatz.

“Debe estar tomando té en la casa de la tía” decía Aníbal Fernández por López.

“No tenemos certezas de que Maldonado haya estado en el momento de la represión” dijo Patricia Bullrich a pesar de lo declarado por los testigos.

El encubrimiento, las mentiras y las pistas falsas, son un factor común, pero NO quiero que la desaparición forzada de Santiago sea también otro monumento a la impunidad.

Ya muchas veces dijimos, gritamos y cantamos “Nunca Más”, por Luciano Arruga, Jorge Julio López y Santiago Maldonado.

Sin embargo, esa noche con cientos de pibes alrededor mío pidiendo por la aparición de Santiago, me di cuenta que la fuerza está ahí, en la juventud que no tiene nada que perder.

No le debemos nada a este sistema que nos margina, nos explota y nos reprime, este sistema que desaparece. En nuestras manos está la posibilidad de fortalecer y hacer masivo el grito por Santiago y ante cada ofensiva del gobierno responder con organización en las calles, para que aparezca con vida.

Porque, como dice la canción, a esta juventud “la van a escuchar gritando” por los 30 mil, por Luciano, por López, por Santiago.



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