Sí, quiero: se cumplen 9 años de la sanción del Matrimonio Igualitario

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Hace nueve años se cumplen de la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario, más de 20 mil parejas de las disidencias sexuales pudieron dar el sí, a pesar de los sectores conservadores y clericales que aún hoy se siguen oponiendo.

Nuestro país no solo fue el primer país de Latinoamérica con esta demanda democrática, sino que fue el primero en contar con una Ley de Identidad Sexual, dos grandes conquistas en el camino de la lucha contra la homofobia, la transfobia, la lesbofobia y discriminación todo tipo de orientación y/o elección sexual, pero que no subsanan la desigualdad material.

No quiero

Estamos en el país que la disidencia sexual se puede casar, pero vivo en la Ciudad donde Mariana Gómez tiene un año de prisión porque se estaba besando con su esposa en el subte. Estamos en el país de la Ley de Identidad, pero seguimos marchando contra los crímenes de odio y la persecución policial hacia las travestis y trans.

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Bergoglio sigue mandando a los niños gays a psiquiatras, escuchamos barbaridades del gobernador Olmedo, Juan Luis Manzur sigue siendo un enemigo de las mujeres oponiéndose a la Ley de Educación Sexual.

Estos discursos nada tienene que envidiar a lo que sucedía nueve años atrás. En la televisión, Chiche Duhalde afirmaba: “El matrimonio es una institución formada por un hombre y una mujer, y una mayoría circunstancial no puede modificarlo”.

La senadora justicialista Negre de Alonso iba aún más lejos. Abogaba por una ley de unión civil que excluyera explícitamente la adopción por parte de parejas homosexuales. “Acá [mostrando un manual de educación sexual del Ministerio de Educación] hay niños y niñas desnudos, y dice cómo construir el cuerpo. Me preocupa qué va a hacer la ESI. Vamos a tener que enseñar qué es ser gay, lesbiana, travesti, transexual”, advertía.

No quiero que este tipo de discursos de odio siga siendo moneda corriente, para eso es fundamental seguir levantando la consigna en nuestras banderas y en cada lugar de estudio y trabajo: “separación de la Iglesia del Estado”.

Sí, quiero

Al escribir estas líneas pienso mucho en Néstor Perlongher, uno de los fundadores del Frente de Liberación Homosexual, y en el militante Marcelo Benítez, dos maricas clasistas.

  • Tuve el honor de entrevistar a Marcelo y su postura frente al matrimonio igualitario me interpeló.
  • Nene, en los setenta no queríamos ser parte de esa institución -me dijo intempestivamente.

    – Yo tampoco Marcelo, pero quiero tener el derecho a decir que no -le respondí.

    Existimos y queremos una igualdad ante la ley, pero también ante la vida.

    Este año la Asociación Internacional de Gays, Lesbianas, Bisexuales, Trans e Intersexuales -en inglés International Lesbian and Gay Association- informó que en el año 2019 la diversidad sexual es ilegal en 70 países.

    Los discursos de odio encuentran sus raíces en personajes como Donald Trump, Vladimir Putin o el propio Jair Bolsonaro. Sin embargo, las calles también han sido testigos de masivas movilizaciones contra el avance de la derecha América Latina, como sucedió en Brasil o incluso en nuestro país este pasado 28 de junio.

    Este aniversario nos encuentra en un año electoral donde en todas las listas de Cambiemos, el Frente de Todos y hasta Lavagna contemplan a personajes que llevan en sus cuellos el pañuelo celeste. Ese pañuelo que no es solo defensor de la clandestinidad del aborto sino también un asérrimo enemigo de la disidencia sexual. Quienes lo defienden dicen que la ESI es hacer “ideología de géenero”, que pervierte a los niños y tilda de enfermos a las personas LGTBI.

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    Desde el Frente de Izquierda Unidad siempre peleamos por los derechos de trabajadores y sectores oprimidos, estuvimos en la calle para pelear por la Ley de Matrimonio Igualitario y hoy seguimos haciendo lo mismo por el derecho al aborto seguro y gratuito.

    Entonces, sí quiero, seguir peleando contra todo tipo de odio y discriminación hacia las personas ue vivimos nuestra sexualidad e identidad fuera del cinturón de la heteronorma. Para que exista una plena libertad sexual hay que pelear contra este sistema que no quiere que seamos socialmente iguales y humanamente diferentes.



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