Sombras de la China: ¿cómo golpea a la Argentina la pelea comercial con Trump?

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En la última semana se evaporó la expectativa de una resolución rápida de la disputa comercial entre China y EE. UU. ¿Cómo impacta el conflicto en la Argentina?

Las últimas dos semanas registraron una escalada en la disputa comercial entre China y EE. UU. Los pronósticos de un avance rápido de las negociaciones −que siguen desarrollándose− que esperaban las grandes multinacionales y financistas, debió ser archivada. Las bolsas vienen teniendo un ataque de nervios, bajando y subiendo al calor de los indicios de agravamiento de la tensión y de los gestos de distensión, que se suceden diariamente. Lo cosa promete ir para largo y tener serias consecuencias, como analiza Paula Bach en este diario.

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El recrudecimiento llegó justo cuando el equipo económico había obtenido del FMI la autorización para vender dólares sin límite, en caso de que ocurra una escalada de la cotización del billete verde. En el gobierno confiaban en que esta era la clave para calmar la situación del dólar de acá hasta las elecciones, que es el único “largo plazo” en el que piensa el gobierno de Macri. Hace meses, desde que terminó el efímero veranito financiero que duró apenas un mes, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el presidente del BCRA Guido Sandleris, se dedicaron a tratar de convender al staff del organismo que preside Lagarde de habilitar esta posibilidad de intervención. La respuesta fue inicialmente una negativa tajante,lo que obligó al BCRA a intentar contener al dólar recrudeciendo la política incendiaria que se volvió “normal” en la Argentina de las turbulencias: torniquete monetario al mango y tasas de interés de más del 70 % para las Letras de Liquidez (Leliq). Como todo esto no hizo mella en lo más mínimo en la tendencia alcista del billete, empujada sobre todo por los datos de inflación descontrolada −los mismos que ahora llevan al gobierno a festejar como un gol de media cancha el 3,4 % de abril− Dujovne y Sandleris siguieron insistiendo. Primero consiguieron la habilitación para vender dólares del Tesoro, por casi USD 10.000 millones en subastas diarias. Esto no es formalmente una intervención del BCRA, porque los vende Hacienda, supuestamente para conseguir así los pesos que necesita para sufragar gastos en moneda local (operación que no tiene sentido, podría gastarlos sin necesidad de vender dólares para ello). Como esto no cambió en nada el panorama, y no solo siguió subiendo el dólar sino también el riesgo país, el FMI terminó concediendo. Fue a instancias del gobierno de EE. UU. que el organismo presidido por Christine Lagarde cambió de parecer.

Es otra muestra de la apuesta con todo de Donald Trump a facilitar la estabilidad de Macri y sus chances electorales en la medida de lo posible (que es cada vez más estrecha). Pero al mismo tiempo que realiza estos gestos, la batalla con China en la que está embarcado, en la cual lo comercial es más un campo de batalla que el objetivo real −que pasa por la primacía tecnológica en áreas clave− produce nuevas turbulencias, que en la Argentina de la crisis pueden rápidamente convertirse en huracanes.

Incertidumbre financiera

Un primer aspecto en el que ya viene repercutiendo la escalada comercial, es en el de la incertidumbre financiera. Con un torniquete monetario extremo, tasas de interés por las nubes, la liquidación de divisas de los exportadores (en abril llegó a USD 1.915 millones) y el BCRA habilitado para intervenir, la divisa apenas si desinfla su precio algunos centavos en los días calmos a nivel internacional, y los recupera cuando retorna el nerviosismo. Como ocurre desde que empezó la crisis en abril de 2018, los motivos internacionales operan acá de manera amplificada, con el peso hundiéndose mucho más que la mayoría de las monedas.

Menos dólares del agro

El contrataque de China contra EE. UU. pasó por poner aranceles, entre otros productos, a los granos que los farmers de los estados que votan por Trump le venden. Entre ellos, la soja está entre los afectados. En el último año, como resultado de las amenazas, se frenaron embarques y los estados agrícolas norteamericanos tienen niveles de stock sin precedentes. Esto repercute negativamente en los precios de los granos. La tonelada de soja venía de perder USD 40 dólares de su valor en el último mes; recuperó USD 20 entre el martes y ayer, pero así de fácil podrían esfumarse. Hace un año en Chicago valía USD 375 la tonelada, ayer cerró a USD 308.

La Argentina va encaminada a lograr una cosecha récord, pero el valor de la misma en dólares podría estar lejos de las expectativas del gobierno, que preveía exportaciones del agro por USD 28.000 millones. Confían en que la mayor parte de esas ventas se tranformen en dólares liquidados (algo que gracias a Cambiemos no es obligatorio) y que esto aporte dólares suficientes para abastecer la demanda generada por la fuga de capitales, que está siempre presente pero promete profundizarse más cerca de las elecciones.

La soja podría perder hasta USD 2.750 millones de mantenerse el desplome de los precios actual. A esto se sumaría una pérdida también en el maíz y el trigo, por USD 1.600 millones.

Contradictoriamente, para las urgencias del gobierno no necesariamente son todo malas noticias. La amenaza de peores precios puede ayudar a que los “chacrers”, propensos a especular con la venta aguardando ganar con el tipo de cambio, se apuren a vender para evitar una pérdida de dólares. De esta forma, aunque entren menos dólares, entrarían ya. Pero sería apenas un consuelo menor en el marco de un escenario cargado de problemas.

Lo peor no pasó

Como si fuera un funcionario más, el enviado del FMI Roberto Cardarelli, opinó esta semana ante los medios que “lo peor ya pasó”. Lo mismo que tantas veces dijeron Macri, Dujovne y Peña. Tuvo el mal tino de afirmar que había mejorías de la actividad para el primer trimestre, cuando ya los datos conocidos de la industria y la construcción muestran que esto no fue así; en marzo volvieron a caer fuerte ambas, evidenciando que no hay piso a la vista. Ayer la UIA informó una caía del 13,6 % en marzo, y 9,3 % de retroceso acumulado en el primer trimestre.

El plan “doble cero” (déficit cero y crecimiento cero de la base monetaria) con el que el gobierno viene intentando exclusivamente llegar a agosto (PASO) y octubre con algún viso de estabilidad, sigue fracasando en sus módicos objetivos, pero muestra un éxito contundente en hundir la economía, aumentar el desempleo y multiplicar la pobreza. Macri y Lagarde, con apoyo de todos los gobernadores, actúan como una asociación ilícita dispuesta a patinarse decenas de miles de millones de dólares y agravar este deterioro económico para crear una sensación de estabilidad con fecha de vencimiento para después de las elecciones. Total, el estallido no lo pagan ellos.



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