Sor Juana Inés de la Cruz, poeta del amor, la vida y el erotismo

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Hoy 17 de abril se cumplen 323 años de la muerte de Sor Juana Inés de la Cruz una de las mayores representantes de las letras hispanoamericanas y de las escritoras más prolíficas del siglo XVII.

Juana Inés Ramírez de Asbaje y Ramírez de Santilla era su verdadero nombre; nació en el Estado de México y, aunque no está muy claro, generalmente se cita el 12 de noviembre de 1651 como su fecha de nacimiento.

Desde muy pequeña Sor Juana Inés de la Cruz mostró sus habilidades en la escritura y la lectura, siendo considerada por muchos una niña prodigio. A los tres años aprendió a leer y a escribir, y a los ocho años ya había escrito su primera loa eucarística, además de haber aprendido latín en 20 lecciones.

Más tarde, a sus 14 años de edad, fue nombrada dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Ya a esa edad había sido reconocida en la corte virreinal de Nueva España por su erudición, inteligencia y su habilidad en la composición de poemas.

Fue una mujer entregada al conocimiento y su vocación por el mismo pudo más que la “vocación” matrimonial: “Vivir sola… no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”, escribió Juana.

Así, una de sus decisiones que la encaminaron en su vocación intelectual fue la de ingresar, en 1669, al convento Orden de San Jerónimo en donde permaneció el resto de su vida dedicada a cultivar y disfrutar sus aficiones intelectuales.

Según el recuento histórico que hace Octavio Paz sobre sor Juana Inés de la Cruz, ésta se habría convertido en monja principalmente “para poder pensar”. Señala el escritor que en el caso de Inés de la Cruz, “se trata de una sociedad de valores culturales masculinos, lo que le obliga a neutralizar su sexo para poder acceder a ese privilegio masculino que es, en ese momento, el conocimiento”.

Su celda en el convento se volvió un laboratorio, en el que realizó experimentos científicos; una biblioteca, con más de 4 mil volúmenes de los que aprendió sobre teología, astronomía, pintura, lenguas y filosofía, además de componer obras musicales y escribir una extensa obra que abarcaba desde poesía y teatro hasta filosofía y estudios musicales.

Asimismo, su celda también fue punto de encuentro con filósofos, escritores, poetas e intelectuales de su época.

El personaje de sor Juana Inés de la Cruz resulta interesante por sobresalir y trascender como poetisa intelectual en una Nueva España en donde la curiosidad y el acceso al aprendizaje eran reservados al clero masculino que excluía a las mujeres.

Tanto destacó sor Juana Inés de la Cruz en el campo de la literatura que, a 323 años de su muerte, su trabajo y su legado siguen teniendo reconocimiento internacional.

Su figura como poetisa intelectual que se enfrentó a las dificultades patriarcales de su época, en donde las mujeres no accedían a la educación, también continúa generando interés y reconocimiento. Ella se enfrentó a las autoridades religiosas de su convento que con ella eran más exigentes que con sus contemporáneos varones.

Los poemas de sor Juana la consagraron, más que como una monja, como una poeta del amor, de la vida, de los desamores y del erotismo.

El retiro de las letras por parte de sor Juana es originado, según Octavio Paz y otros investigadores, por el enfrentamiento que tuvo con el obispo de Puebla en 1690.

Dicho obispo había tachado de “demasiado mundanos” los escritos de sor Juana y le había dicho que se dedicara a la espiritualidad y la religión dejando de lado los asuntos seculares a los hombres, ya que las mujeres no dejaban de ser “súbditas”.

En consecuencia, la respuesta de Juana fue un manifiesto titulado “Respuesta a sor Filotea de la Cruz” en el que defendía el derecho de la mujer a la educación.

Dos años después sor Juana vendería su biblioteca y el dinero sería donado a los pobres, para luego firmar con sangre su renuncia a las letras. Este retiro de las letras sería interpretado por distintos historiadores como la solución al conflicto ideológico y político de una mujer intelectual que, en una sociedad patriarcal y ortodoxa, es constantemente presionada por su actividad.

Más tarde, sería el 17 de abril de 1695 que sor Juana Inés de la Cruz moriría a causa de la enfermedad de la época, tifus.

Fue pues la vida de sor Juana una vida de múltiples enfrentamientos con los conservadurismos de su época a la vez que fue una vida de logros. Su obra es, a la vez, el cierre de la gran poesía del barroco español, como el avance hacia la poesía moderna ya que introdujo elementos que anticiparon a los poetas de la Ilustración del siglo XVIII.



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