Tarifazos en carne propia: acá contás tu historia

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Hace una semana La Izquierda Diario lanzó una encuesta para conocer como afecta el tarifazo en el bolsillo y familia de nuestros lectores y nuestras lectoras. Aquí algunas historias de los “esfuerzos” que hacen las mayorías obreras y populares para llegar a fin de mes.

Septiembre 2018. El dólar supera los $ 40, la inflación anual se prevé en 45 % con su correspondiente aumento de precios, cinco aumentos de transporte en lo que va del año y como olvidar los siderales aumentos de los servicios como luz, gas y agua. Todo sube menos los salarios. Crecen los despidos, las suspensiones….y la bronca.

Viajar, alquilar, comer y pagar las cuentas mes a mes, se ha convertido en más que un “esfuerzo” para los de abajo. Ese “esfuerzo” que tanto le gusta mencionar al presidente Macri.

“Compramos segundas marcas de alimentos”, “calefaccionarnos menos”, “camino en vez de usar transporte”, “ya no usamos el auto”, “dar de baja el servicio de cable e internet”, “compro solo fideos y arroz”, “ya no mas salidas ni recreación”, “ropa no compramos hace tiempo ya”….. y la lista de “esfuerzos” para poder vivir, mejor dicho sobrevivir, continúa.

Numerosos testimonios llegaron a nuestro diario mediante una encuesta que lanzamos la semana pasada. Duras historias de vida que reflejan la manera brutal en la que se está encareciendo la vida de amplios sectores de la población y que se profundizará en los próximos meses porque la inflación y los tarifazos seguirán azotando los bolsillos.

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Somos boleta

Analey. Es docente y sostén de hogar porque su marido se encuentra desocupado, vive en Pavón (provincia de Buenos Aires). Su ingreso mensual es de $ 13.500, siendo el único del hogar. “No puedo vivir más así” sentencia y agrega que para poder pagar las cuentas compra “solo arroz y fideos”. Gas $ 1.400, luz $ 3.500 fueron los montos que pagó el último mes, quedándole $ 8.600 para pagar alquiler, otros servicios y vivir todo el mes.

Marcelo. Vive en City Bell y se dedica a la albañileria. Si bien no es fijo, tiene un ingreso promedio de $ 14.000. $ 6.000 fue el total que tuvo que pagar en agosto de luz, agua y gas (garrafa). En septiembre, el 43 % de su salario se lo llevaron los servicios.

María. Trabajó toda su vida como docente y hoy está jubilada. Vive en Luján y mensualmente tiene un ingreso de $ 17.000. Las últimas facturas de luz ( $ 3.000) y gas ($ 2.000) se comieron el 29 % de su jubilación. Después de toda una vida de trabajo María no puede disfrutar de ir al cine, al teatro o comprarse ropa, porque “privilegia” comer y comprarse los medicamentos que necesita.

Nicolás. Es obrero metalúrgico y vive en San Justo, partido de La Matanza. Tiene un ingreso mensual de $ 19.000. En agosto le llegaron facturas por $ 1600 (luz), $ 300 (agua) y $ 700 (gas). Solo los servicios se llevan el 13 % de su sueldo. Para poder llegar a fin de mes tuvo que dejar de salir con amigos y abandonar el consumo el carne.

Vanesa. Gana $ 7.000 y vive en Santa Fe. Por el tarifazo tuvo que dejar de comprarse ropa, salir y bajar considerable el nivel de su alimentación. De luz ($ 1.200), agua ($ 500) y gas ($ 500) pagó en total $ 2.200. El 31 % de su salario se lo comen las empresas de servicios.

Hugo. Es músico y docente. Vive en Carlos Tejedor (provincia de Bs. As.).Tiene un ingreso de $17.000 y gasta en luz, agua y gas casi $2.000. “Consumimos marcas de menor precio y en menor frecuencia; calefaccionamos menos; utilizamos mucho menos el auto”, nos cuenta.

Angela. Es jubilada y vive en Monte Chingolo. Su haber es de $8.000 y destina $ 2.000 al pago de servicios (luz $ 600, agua $ 200 y gas $ 1.200).

Héctor. Es peón rural en San Martín de Balcarce, prov. de Bs. As. Su trabajo es muy inestable. “Como no hay un sindicato de trabajadores rurales somos terriblemente explotados, nos pagan lo que quieren”, relata. Tiene a su cargo una hija con discapacidad, sus ingresos son de $ 6.000 y la mitad lo gasta en el pago de los servicios. “Compró por unidad lo que necesito. Ya no puedo hacer la compra para todo el mes”, finaliza.

Federico. Trabaja en un call center y vive en Villa Crespo. Cobra $ 11. 000. Le vino $8200 de luz, $ 1.800 de gas y $ 2.100 de agua. “Recorté todo”, dice.

Alejandra. Es empleada en Parque Patricios. Tiene un ingreso de 24.500 pero sólo de luz le vino casi $5.000. “Para la luz tuve que hacer un plan de pago porque no es un gasto que tenia programado, la tarifa anterior había sido de $ 1.000. Tuve que reducir gastos en todos los sentidos y para las compras hacer malabares”, describe.

Daniela. Es odontóloga. Vive en Almirante Brown, provincia de Buenos Aires. Tiene ingresos por $ 18.000 y entre luz, agua y gas pagó $ 14.000. Prácticamente “todo el sueldo fue destinado a pagar servicios”, señala.

Carolina. Vive Mendoza, es docente. Gana $ 5.000 mensualmente y el último mes destinó $ 4150 a pagar servicios (gas, luz, rentas y municipal). Y cuenta que tuvo que suspender “toda actividad extralaboral”.

Sandra. Es niñera en la Ciudad de Buenos Aires. Cobra $ 6.500 y pagó de luz $997, de agua $1200 y de gas $. 900. Casi la mitad de su ingreso. “Tomo menos colectivos y camino más. Compró solo en ocasiones de ofertas y con descuentos.

Tarifazos para muchos, ganancias para unos pocos

La contracara de estos bestiales tarifazos son las exorbitantes ganancias millonarias de las empresas concesionarias de los servicios públicos, que fueron privatizados durante los años 90 bajo el gobierno de Carlos Menem, y que de esa fecha a la actualidad así se han mantenido.

Pero los empresarios no solo llenan sus bolsillos con los tarifazos, sino también con los millonarios subsidios que les otorgó el Estado en ese momento y que hasta el día distintos gobiernos han seguido manteniendo sin ningún tipo de control ni auditorías. Y por si fuera poco, todos sabemos que el funcionamiento de esos servicios en muchos casos es pésimo y lamentable, llegando al extremo de poner en riesgo la vida de trabajadores y usuarios.

Los servicios públicos no tienen por qué dar ganancias para un puñado de capitalistas, sino que tienen que estar puestos en función de satisfacer las necesidades básicas de la población, y sobre todo de los sectores más vulnerados y pobres.

Pero eso nunca pasará si este esquema sigue vigente. Hoy se hace urgente la estatización de todos los servicios públicos, bajo control de sus trabajadores junto a comités de usuarios, los únicos interesados en que los mismos sean de calidad y no obtener ganancias por ello. Así como también la apertura de los libros de contabilidad de las empresas concesionarias, que se sepa a dónde fueron parar los subsidios millonarios, que por supuesto no fueron destinados a mejorar el servicio, sino a engordar los bolsillos de los empresarios, lo que se ve en el empeoramiento del servicio y las inaccesibles tarifas para las mayoría obreras y populares.



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