Tsunami verde y lágrimas celestes: crónica de un primer triunfo

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Cuando se conoció el resultado histórico de la votación en el Congreso, el grito de alegría de la calle fue unánime. ¿Cómo se logró este triunfo? Además de los años de lucha previa, hay una respuesta en la contundente movilización del 13J. Repasemos.

“Emoción terrible, felicidad, euforia, revuelo de emociones que creo que nunca sentí hace muchísimo tiempo y un desahogo que era muy necesario en estos momentos de mierda para el país. Esto se logró por el movimiento de las mujeres, no tengo dudas. El gobierno no, no creo en eso. El movimiento de mujeres logró imponerlo en la agenda y logró que salga la votación, que también fue por presión de las mujeres, estoy convencida de eso”.

Florencia tiene los ojos llenos de lágrimas. Es la mañana del jueves 14 de junio y la Cámara de Diputados acaba de votar, por un estrechísimo margen, la legalización del aborto. Las últimas porciones de esa multitud verde que colmó las calles durante casi 24 horas esperaban expectantes, sobre Rivadavia y Callao, el resultado de la votación. Cuando estuvo, el grito de alegría fue unánime. ¿Cómo se logró este resultado cuando, al comenzar la sesión, no estaba claro lo que iba a salir? Además de la histórica lucha previa, hay una respuesta en la profusa y contundente movilización del 13J. Repasemos.

Foto: Enfoque Rojo

Tsunami verde

Promedia la tarde del miércoles 13 de junio y desde Rivadavia hasta Corrientes las calles explotan. Explotan sobre todo de jóvenes. Explotan de adultos, hombres y mujeres. Explotan de trabajadoras y trabajadores.

“Todos tenemos una mamá, una abuela, alguien que pasó por un aborto clandestino. Nos choca, lo vivimos de cerca, lo tenemos en el corazón. Es algo que se hace y que siempre se va a hacer. Es preferible tenerlo aprobado. Te dicen: ‘No querés tener hijos, dalo en adopción’ ¿Quién va a adoptar al chico? Los adoptan hasta el año, después los tenés que ver en la calle o que lo viole un cura, para eso es preferible que no”.

Las palabras pertenecen a Agustina, de 19 años. Marcha junto a su hermana Fiona, de 13 y su amigo Elías, de 17. Detrás de ellos, siguen cuadras colmadas de pañuelos verdes.

“Soy papa de dos nenas y si en algún momento mis hijas pasaran por esta situación estaría al lado de ellas en la decisión que tomen”, afirma Eduardo, que es docente y se agrupa con sus pares cerca del escenario montado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, en calle Perón.

De un lado a otro de avenida Callao se levantan carpas y stands de diferentes organizaciones y colectivos. Una de ellas pertenece al Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de la UBA y ahí se encuentran varias estudiantes haciendo carteles y charlando.

“Hicimos una asamblea en donde se votó adherir a la convocatoria”, comenta Mara, que, así, da un dato de cómo se construyen las convocatorias masivas. “A los legisladores les digo: ¡tienen que votar a favor de las mujeres, porque si no van a seguir cargando con los cuerpos de las que muere en la clandestinidad!”, grita Lucía al micrófono

En la esquina de Avenida Rivadavia, un inmenso cartel anuncia, como programa y deseo: los curas a laburar. Está firmado por la agrupación Pan y Rosas. Allí me encuentro con Daniela, trabajadora de Aeroparque, de la agrupación El Despegue.

“Yo no estaba de acuerdo. Empecé a cambiar de postura viendo el debate. Hoy a la mañana me levanté y reflexioné. No voy a discutir si está bien abortar o no, me corrí de mi eje, porque el aborto va a ocurrir igual y yo en particular que pienso en la vida del feto: el feto de todas maneras se pierde y es injusto que las que no tienen plata se mueran y encima se beneficie la mafia de los abortos clandestinos. Por eso vine de este lado”.

“Este lado” dice Daniela, porque hay otro. El Gobierno -materialmente- y el diario Clarín -fotográficamente- decidieron dividir la Plaza Congreso en dos partes iguales. Pero hasta la ley de la oferta y la demanda sabe que eso no es así: el pañuelo verde se vende a 50 pesos y para las 16 h ya está agotado. El celeste de los autodenominados pro “vida” se ofrece a 3 por 50. Y hasta te digo que el precio sigue inflado. Para las 20 h, Osvaldo, que los ofrece en la esquina de Moreno y Combate de los Pozos, todavía tiene un nutrido stock. ¿Cómo andan las ventas?, le consulto. No responde, solo me mira un poco desesperanzado.

Lágrimas celestes

Y la verdad es que las cosas no andan muy bien del otro lado de Avenida Rivadavia. Por empezar: hace mucho más frío. Se han montado dos ambiciosos escenarios que, sin embargo, están rodeados de pocas personas. Personas que además tienen curiosas opiniones, como Claudia, que compara el aborto con la desaparición forzada de personas y parece muy entusiasmada con describir ciertos procedimientos macabros aprendidos en un documental norteamericano de los años ’80. No me crean a mí: escuchen el audio (la música de fondo sonaba realmente, no fue un intento de parodia).

Shockeada por tales declaraciones, sigo indagando. “Estamos por el tema de las despanzación (¿?) del aborto. Nosotros estamos a favor de la vida… de las dos vidas… Ni siquiera creemos que debería haber un debate”, dice Marisa, muy democráticamente, desde una organización llamada Comunidad Redentor, de San Lorenzo. Afirma, a su vez, que vino mucha gente “del interior”.

Mientras que una pantalla gigante devuelve testimonios de gente que “logró nacer” y desde el escenario piden que “bajen todos a la calle, salgan de las veredas”, para poder sacar una foto, me pongo a hablar con Graciela.

¿Por qué estás acá?, le consulto. “Amo la vida, amo a los niños, inclusive (¿?) a los más débiles. ¡No puede ser que no quieran un hijo! No es cuestión de desear o no desear. En la vida tenemos muchos deseos y algo que a veces no quisimos, después lo amamos. No es cuestión de quitarle la vida al otro”.

¿De qué congregación sos?

“Hija de la inmaculada”.

Me va quedando un poco más claro quién organiza la movida. Para las 23 h, vuelvo a pasar por el escenario que está montado en Belgrano y Entre Ríos. Apenas quedan tres hileras de personas: al parecer, la vida del feto no vale una medianoche.

“Estoy acá porque es la única forma de manifestarse por los valores que uno considera que son buenos. Somos la voz de las personas que no tienen voz… Disculpa, ¿puedo empezar de vuelta? Me mareé”, dice Joaquín, del grupo misionero San Lucas. Le digo que sí, que diga lo que quiera, y dice lo mismo.

En mi búsqueda de gente que no esté afiliada a grupos eclesiásticos u ONGs con nombres de apóstoles, me encuentro con tres chicos que portan curiosos carteles.

“Estamos acá para defender a las dos vidas, creemos que el aborto es un asesinato, que no debería ser legal”, articula muy correctamente Federico, que al micrófono dice ser “independiente”. Cuando apago el grabador uno de sus amigos me confiesa off the record que están vinculados a un partido político “del palo liberal”. Me piden no mencionar el nombre de la organización en la nota, porque “no quieren quedar pegados”. Alta moral.

Para la una de la madrugada, en el bando pro “vida” ya no queda ni el Espíritu Santo. Habrá que ir a divertirse a otro lado, me digo, y vuelvo con “las verdosas”, como dicen los tuiteros del Gobierno.

Madrugadas de lucha

Entre las 23 h y el comienzo de la madrugada, el tsunami verdoso no se detiene. Muchos estudiantes secundarios planificaron llegar directamente a la noche, para pasarla entera de vigilia. “No nos vamos hasta que se vote a favor y si no se vota hay que prender fuego todo”, dice Lara, que está acompañada de cinco compañeros y compañeras de su escuela.

No importa si andas por Uruguay, por Rodríguez Peña, por Mitre, por Corrientes o por Callao: la calle es un hervidero de jóvenes y grupos de amigos y amigas tomando una cerveza, un vino o una gaseosa, o acercándose a algún fueguito para obtener calor. La incertidumbre por la votación se mezcla con un clima de fiesta y libertad: la ciudad es nuestra, se escucha como un eco, detrás de los tambores de las murgas que cantan “dale a tu cuerpo alegría tortillera”.

Foto: Enfoque Rojo

Las mayores concentraciones de gente se ven sobre el escenario de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, que está montado en Perón y Callao, y sobre la esquina de Rivadavia y Callao, donde se concentran las organizaciones de la izquierda y todo aquel que quiera seguir la sesión en vivo desde pantalla gigante. Transitar cualquiera de estos dos puntos es como tratar de cruzar el campo en un recital de los Rollings Stones: no se puede. Por momentos se atascan núcleos de personas sobre las veredas, queriendo pasar inútilmente de un lado a otro.

Hay quienes ya tienen encima varias madrugadas de lucha. Son mujeres trabajadoras que se organizan contra viento y marea. Aprovecho el impass de la noche para charlar con algunas de ellas.

Por ejemplo, con Cynthia Bernabitti, trabajadora despedida del Hospital Posadas que, además de contarme las cosas que se viven en el Hospital con respeto al drama del aborto clandestino, toma nota de que la movilización “es una demostración de fuerzas. Si seguimos así y en las calles, juntos trabajadores y trabajadoras, podemos ganar todos nuestros reclamos. A las conducciones sindicales les diría que de una vez por todas dejen de dormir en sus sillas, que están para defendernos y no para aquietarnos”.

Dentro de una de las columnas a donde se agrupan compañeras de Pan y Rosas y el Partido de los Trabajadores Socialistas (uno de los integrantes del Frente de Izquierda), me encuentro con Agustina Chaves, trabajadora del subte, sector que fue seleccionado por el Gobierno para atacar específicamente, en busca de disciplinar a todos los que quieran luchar.

“Somos un sector que tiene una lucha muy importante, que tiene que ver con la organización en base a asambleas y plenarios donde los trabajadores decidimos. Gracias a eso se consiguieron cosas como la jornada de 6hs y el fin de la tercerización. Había muchísimas mujeres tercerizadas. Conquistas como esta nos sirven no solo para estar más tiempo con nuestras familias, sino también para ser parte de jornadas como esta, para ser parte de la lucha del conjunto del movimiento de mujeres. Hoy estamos peleando por este reclamo tan sentido del derecho al aborto, pero peleamos también por nuestras condiciones de vida. Las mujeres somos las que primeros padecemos esta crisis. Es importante que los sindicatos tomen estas demandas, que la marea verde inunde los sindicatos”.

Un primer triunfo y a seguirla

Con este tipo de charlas va pasando la noche. Cada una, cada uno, aguanta hasta donde puede en medio de la helada. Algunas van y vuelven, otros y otras se van porque tienen que trabajar: cosa seria esto de que no haya paro de las centrales sindicales. La cosa es que mientras el bando pro aborto clandestino ya no se hace oír más que a través de sus representantes en el Congreso, las calles siguen teñidas de verde.

Así llega la mañana del jueves. Sobre Rivadavia y Callao la movilización, expectante, mira la sesión en vivo. El clima de tensión crece: falta poco, falta poco. Caen rumores de que sale, de que tal o cual se dio vuelta. Nadie se anima a afirmar nada. De repente, se conoce el número: la calle estalla.

Video publicado por Tiempo Argentino

Llantos, emoción, abrazos. Incluso esta cronista recibe abrazos de gente totalmente desconocida. Basta acercarse y preguntar ¿qué sentís?

“Alegría, mucha alegría, siento que se está construyendo un camino para que la mujer no sea más un objeto, que no sea solo un cuerpo, sino que es todo, es integral y puede decidir por su cuerpo y no por el dinero que tenga en el bolsillo, o su familia. Que realmente seamos iguales, las que tienen y las que no tienen, las que tienen educación, las que no tienen, las lindas las feas, las gordas, las flacas, todas”, dice Lorena y me conmueve con su empuje.

¿Qué conclusiones sacar de semejante jornada? La calle también tiene una respuesta:

“Mucha confianza en la lucha, cero confianza en el Congreso. Toda la confianza en la lucha, en la calle, en la fuerza desde abajo”, me dice Gabriela entre lágrimas.

“Esto se logró por la lucha en la calle y por las compañeras que vienen luchando hace años. Esto muestra que lo que pasa en las internas de palacio se resuelve acá, en la calle. Es una enseñanza para todas las luchas que vienen, para todas las que faltan”, resume Corina y me quedo con esto. Porque se viene la próxima batalla: el Senado. Y de vuelta nos encontraremos movilizadas, a por más.



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