Tucumán: para un cura "es increíble cómo la mujer sufre la desprotección del macho"

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La frase fue pronunciada por el presbítero Berengel en una jornadas de prevención del cáncer de mama realizadas en un hospital público. Una muestra más de por qué hay que luchar por la separación de la Iglesia y el Estado.

El viernes 12 de octubre se realizaron las II jornadas de prevención del cáncer de mama en el hospital Centro de Salud Zenón Santillán. La misma estaba destinada a los trabajadores de la salud y comenzó con un sermón del presbítero José Antonio Berengel. El sacerdote, en su misa exprés, dijo barbaridades como “es increíble cómo la mujer sufre la desprotección del macho” en alusión a que el problema de la prevención de las enfermedades en las mujeres, en este caso el cáncer de mama, sean actividades realizadas por las mujeres.

Además, no solo aprovechó para introducir el lobby eclesiástico a favor del aborto clandestino, y puso al hombre en el centro de su sermón, diciendo que “los hombres ponen el pecho”.

En ningún momento hizo referencia a las condiciones materiales en las cuales las mujeres tucumanas se desarrollan y en donde forjan las percepciones corporales y del proceso salud-enfermedad, ni mucho menos a la reducción del presupuesto a los programas de salud sexual, sino utilizó un discurso culpabilizador.

La iglesia católica tucumana es el principal obstáculo que existe en la sociedad y en las instituciones de salud para el desarrollo del pleno acceso de las mujeres a la salud integral. Es la misma que se opone a la educación sexual integral, al cese de muertes de mujeres por aborto clandestino y a la ley nacional de salud sexual integral que lleva más 15 años de postergación en la provincia de Tucumán, y ahora está a punto de perder estado parlamentario (donde hay responsabilidad política particular del legislador y titular de Atsa, Reneé Ramírez).

Las metástasis de la iglesia católica en las instituciones públicas de salud se encuentran expresadas no solo por las misas que realizan con decoraciones de imágenes religiosas en su interior, sino también por la presencia de curas en los comités de ética y algunos como personal del hospital donde registran la asistencia con la huella dactilar. Los hospitales deben ser laicos y por lo tanto separar a la iglesia de la salud pública es un tarea elemental que tienen que llevar adelante el movimiento de mujeres y los sindicatos de la salud.



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