Una casta reaccionaria de 38 senadores se prepara para mantener en la clandestinidad a millones de mujeres

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La lluvia, por momentos torrencial, y el viento frío no evitaron que la movilización a favor del aborto legal fuera una de las más multitudinarias que puedan recordarse en la última década.

Centenares de miles de personas se manifestaron desde el Congreso hasta la Av. 9 de Julio y se derramaban por las calles laterales, hacia el norte; coparon los bares, los techos, las veredas e interrumpieron el tránsito colapsando las arterias principales de la Ciudad de Buenos Aires. Pero también lo hicieron en otras ciudades del país.

Sin embargo, el Senado decidió blindarse y desoír el grito de millones que quiere validar su primer triunfo de la media sanción arrancada a la cámara de Diputados con la movilización del 13 de junio. Por eso, de espaldas a millones de mujeres que quieren decidir y no quieren morir más en abortos clandestinos, la casta reaccionaria de macristas, radicales y peronistas está preparándose para rechazar el proyecto, tal como se lo exigió el mismísimo Papa Bergoglio.

La Iglesia, que cuenta con los millonarios recursos que le provee el Estado, ni siquiera pudo superar una relación de uno a diez, con los micros de feligreses que viajaron desde lejanas provincias o que fueron reclutados en las misas del domingo, entre las familias bien de los barrios de clase media alta de algunas localidades del conurbano. Ni siquiera lograron convencer a muchas mujeres: sus columnas celestes eran abrumadoramente masculinas, jóvenes sin novias ni amigas, señores que no convencieron ni a sus esposas ni a sus hijas, más allá de algunas monjas que -como es de esperarse- difícilmente sepan lo que es atravesar la experiencia de un aborto clandestino.

de espaldas a millones de mujeres que quieren decidir y no quieren morir más en abortos clandestinos, la casta reaccionaria de macristas, radicales y peronistas está preparándose para rechazar el proyecto, tal como se lo exigió el mismísimo Papa Bergoglio

Nuestros derechos no podrán conquistarse si no barremos a esa vieja y reaccionaria institución clerical que tiene una larga historia de apoyos a genocidios, masacres y dictaduras. En estos días, una frase circuló por las redes sociales que deberían tener en cuenta los parásitos que viven de los impuestos que paga el pueblo trabajador: “Imaginen si la Iglesia se organizara contra la pedofilia como lo está haciendo contra el aborto legal.” Pero no sucederá. La Iglesia siempre estuvo con los poderosos, por más que en ocasiones, se vista de caridad y pobreza. Las mujeres tenemos que tomar en nuestras manos la campaña por la separación de la Iglesia del Estado. ¡Fuera de nuestras vidas!

Para disimular su vergonzante rechazo al reclamo de millones de mujeres, ahora los senadores reaccionarios están ofreciendo propuestas de distintos proyectos de despenalización parcial del aborto. Pero todas esas propuestas dejan en pie el hecho incontrastable que millones de mujeres vienen denunciando y es que las más pobres seguirán muriendo sin atención médica adecuada y gratuita en los hospitales públicos, como hasta hoy. Esa es la razón por la que seguiremos insistiendo en que si no hay aborto legal, seguro y gratuito, no hay solución.

Faltan aún algunas horas para que terminen las exposiciones y se proceda a la votación. Sin embargo, el resultado ya parece cantado, dictado desde el Vaticano a sus fieles servidores de todos los partidos tradicionales mayoritarios que negocian con nuestros derechos. Pero en las calles, la lucha no termina en las próximas horas ni en los próximos meses: a esta marea verde no podrán pararla los personeros de la reacción oscurantista ni la casta de políticos que se desenvuelven en el Congreso como prepotentes patrones de estancia. Seguiremos movilizadas, para que nuestro derecho que ya está legitimado con nuestra lucha, sea ley.



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