Una semana frenética para el Gobierno, con todos los cañones apuntando a calmar al dólar

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El Banco Central elevó ayer 3 puntos los encajes y anunció un swap de divisas con el Banco de China por USD 4.000 millones. Son las últimas decisiones en una semana cargada de señales a los inversores.

El Banco Central (BCRA) continuó ayer con la batería de medidas que buscan contener al dólar. Después de la movida jornada del miércoles, en la que la divisa llegó a superar nuevamente los $31 y la autoridad monetaria subastó USD 1.600 millones para bajarla (adjudicando USD 781 millones), ayer aplicó un aumento de los encajes de 3 puntos porcentuales. El BCRA informó también que está “avanzando” en el acuerdo de un nuevo swap (canje de monedas) con el Banco de China, para reforzar las reservas por el equivalente a USD 4.000 millones.

Junto a estos anuncios, el BCRA realizó ayer una nueva subasta, ofreciendo USD 500 millones, resultando adjudicados USD 55 millones, con un precio promedio de $29,72.

De esta forma, la entidad que preside Luis Caputo continúa reforzando el torniquete monetario con el que busca contener el dólar, que ayer cedía 29 centavos y cerraba a $30,39 en el promedio de bancos difundido por el BCRA.

Absorbiendo los pesos que liberó el supermartes

Con el aumento de los encajes, que pasaron de 28% a 31% (obligando a los bancos a inmovilizar 31 de cada $100 que reciben de depóstos), el BCRA busca absorber una parte de la expansión monetaria generada por el vencimiento de Lebac del pasado martes. Ese día, como viene ocurriendo un martes cada 35 días, se concentró un fuerte vencimiento de pasivos del BCRA, y como cada vez que eso ocurre en los últimos meses, se agravan las presiones sobre el dólar.

Con el objetivo de reducir esos pasivos, que Caputo definiera el lunes en conferencia de prensa como “tóxicos”, la licitación para renovar fue por una fracción muy menor de los vencimientos del día. De $528 mil que vencieron, fueron renovados poco más de $ 201 mil millones. Esto significó una fuerte expansión de los pesos en circulación.

De los $ 327 mil millones que no fueron renovados, alrededor de $ 130 no estaban en manos de entidades financieras. De estos últimos, se estima que la mitad se habrían destinado ya a la compra de dólares ($30 mil millones), Letes ($ 23 mil millones), o plazo fijos ($ 8 mil millones). O sea que todavía habría $ 60.000 que podrán seguir volcándose a dólares en los próximos días.

Respecto de los $ 200 mil que el BCRA entregó el martes a los bancos por el vencimiento de Lebacs, el objetivo era captar parte de los mismos mediante Notas del BCRA (Nobac, que tienen un plazo de un año), y Letras de Liquidez (Leliq, a 7 días). Hasta ayer el BCRA había recuperado $ 120 mil millones de los bancos con Leliq. En cambio, la licitación de Nobac, con ofertas por $ 12 mil millones, se declaró desierta. De esta forma, en una semana el BCRA estará realizando nuevamente una fuerte expansión por las Leliq emitidas.

Con la decisión de elevar los encajes, el gobierno reduce fuertemente la liquidez de las entidades. De acuerdo al comunicado emitido ayer “considerando que cada punto de exigencia de efectivo mínimo en pesos representa aproximadamente $ 20.000 millones, la medida generará una absorción de liquidez de $60.000 millones”.

Con la contracción monetaria, el BCRA apuesta al mismo tiempo a calmar al dólar, que desde el jueves de la semana pasada puso fin a cinco semanas de precaria tranquilidad, y a contener a los precios, que con la inflación de julio registraron un crecimiento anual de 31,2%, por la vía de una reducción extrema del circulante.

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Blindando al blindaje

Luis Caputo prometió el lunes que el gobierno estaba dispuesto a vender todos los dólares que fueran demandados. No mentía. En esta semana el gobierno realizó cinco subastas de moneda extranjera, adjudicando más de USD 1.000 millones.

Lo hizo después de asegurar el aval de la misión del Fondo Monetario Internacional, que llegó el lunes al país a supervisar el cumplimiento de las metas.

Pero aunque esta flexibilidad le permitió al gobierno mostrar voluntad de aplacar al mercado asegurando la oferta de divisas, sin abandonar formalmente la flotación libre que deja la fijación del tipo de cambio en manos del mercado, la pregunta es si tiene espalda para cubrir una demanda que se muestra insaciable, y que sigue apostando al aumento de la cotización de la divisa.

No sorprende entonces el anuncio de un nuevo blindaje para las reservas. Como no bastó con el FMI, el BCRA negoció un nuevo canje de divisas con el Banco de China. Según dio a conocer ayer, estarían “avanzadas” las negociaciones para un canje de monedas por el equivalente a USD 4.000 millones.

Para la situación argentina, se trata apenas de monedas. Desde el 31 de julio la entidad que preside Caputo perdió USD 3.355 millones. Por eso, este refuerzo de las reservas podría requerir próximamente tratativas adicionales con otros bancos centrales (como la Reserva Federal de EE. UU.), o con bancos privados.

El “modelo M” golpeado en sus centros de gravedad

Para mostrar que la hoja de ruta comprometida con el FMI seguirá cumplida a rajatabla al menos en su pata fiscal (los compromisos de inflación y reservas ya están con pronóstico reservado), el gobierno debió tomar esta semana una de las decisiones más resistidas por Mauricio Macri: frenar el esquema de reducción mensual de las retenciones para las exportaciones de harina y aceite de soja. La reducción de 0,5 puntos mensuales en la alícuota se mantiene para el grano, pero esto no bastó para evitar el descontento del “agropower”, uno de los sectores más privilegiados por el gobierno.

Es el último coletazo, y además el menos grave, de las turbulencias que dañaron todos los puntos centrales en los que se concentra la apuesta del gobierno para la economía.

Ante el fracaso de la “lluvia de inversiones”, una ilusión con la que Cambiemos llegó al poder que nunca tuvo demasiado asidero en la realidad, el endeudamiento y el estímulo a la entrada de capitales fueron dos patas claves del “modelo”, lo que tuvo sus resultados en 2017. Esto se cortó con el deterioro del panorama financiero internacional desde comienzos de año, que acá se tradujo en la estampida de los inversores descartando todos los activos de un país que acumula un déficit de cuenta corriente de 5% del PBI, y que en los últimos años tuvo un ritmo frenético de endeudamiento, la mayor parte del mismo en moneda extranjera (y que debe ser repagado con exportaciones que hoy están en caída o con más deuda externa).

La necesidad de acelerar el recorte fiscal por el acuerdo con el FMI, y los cuadernos de Centeno están pegando en la otra pata en la que se recuesta el gobierno: la obra pública. Una apuesta central de este año, y sobre todo de 2019, era compensar los recortes en el gasto del Estado, con el avance de los proyectos de Participación Público Privada.

Pero la mayor parte de los potenciales participantes son miembros prominentes de la patria contratista que hace buenos negocios (y negociados) con todos los gobiernos de turno. Esto pone en alerta a los potenciales financistas de los proyectos, poco reacios a prestarle a los contratistas para obras que podrían entrar en destino incierto si quedaran implicados en las investigaciones judiciales que impulsa Bonadío, más allá del sesgo marcado del juez por concentrarse en los funcionarios kirchneristas. El gobierno aseguró que no habrá freno de ninguna obra en tanto no haya condenas judiciales. Difícil que esto alcance para que los bancos se embarquen en otorgar financiamiento de obras abundante, al menos no sin cobrar tasas más altas de lo habitual, más aún en un contexto de turbulencias financieras.

La mancha venenosa de los cuadernos también se extiende a otro sector clave para el gobierno, como es la energía. Marcelo Mindlin, dueño de Pampa Energía que avanza como un pacman en el sector eléctrico y compró a Angelo Calcaterra la firma constructora de los Macri, recibe varias menciones en las hojas manuscritas del chofer de Baratta, aunque Bonadío no consideró hasta ahora necesario llamarlo a declarar.

Las decisiones del tesoro y el BCRA se mueven en el día a día que marcan los vaivenes del dólar, y concentran todos los esfuerzos en enviar garantías a los inversores y especuladores. Lo que exigen, y el FMI es el encargado de asegurar, es que avance el plan de guerra acordado contra el pueblo trabajador.



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