UNAJ y UNQ: multitudinario abrazo ¿Cómo la seguimos?

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Miles de trabajadores, docentes y estudiantes mostraron su fuerza contra el recorte presupuestario. Los trabajadores en lucha de Coca Cola se solidarizaron aunque no se les cedió el uso de la palabra. Importante debate con el kirchnerismo y las corrientes estudiantiles para democratizar las decisiones y darle continuidad a la pelea.

En el día de ayer, una multitud se hizo presente en el abrazo a la Universidad Arturo Jauretche y la Universidad Nacional de Quilmes, en solidaridad con el reclamo docente y estudiantil por el recorte presupuestario que aplicó la gestión macrista, con la complicidad de los gobernadores. Entre los participantes se encontraban docentes, estudiantes y trabajadores de las universidades, gremios como AdiUNQ, Suteba, ATE, los despedidos de Coca Cola en lucha, trabajadores papeleros, y organizaciones sociales, de derechos humanos y políticas como el PTS en el FIT encabezado por Carla Lacorte.

Vale destacar que el recorte presupuestario a la educación pública es de 3.000 millones de pesos. Faltan ejecutar 11 millones de pesos en la UNQ, mientras hay 1.400 millones de pesos menos para todas las universidades. A su vez se detuvieron todas las obras universitarias y no hubo ningún aumento para los docentes en relación a la inflación que está sufriendo el país. La jornada de ayer demostró la fuerza con la que cuenta el movimiento obrero-estudiantil, que organizado democráticamente puede parar el ajuste.

¿Cómo seguimos? Hablemos de “unidad”

La lucha no es sólo por la educación pública, sino contra el ajuste que se está padeciendo a lo largo de todo el país. Por eso es de gran valor la solidaridad entre trabajadores, docentes y estudiantes, como la que tuvieron los trabajadores despedidos de Coca-Cola, quienes mientras luchan por su reincorporación se solidarizan y defienden la educación pública. Pero ayer les fue negada la palabra por las agrupaciones y las gestiones kirchneristas de la universidad que llevaron adelante la jornada a micrófono cerrado. Lamentablemente, las agrupaciones estudiantiles Hagamos lo Imposible y el Túnel, quienes se encontraban como representantes de los gremios estudiantiles, avalaron esta postura.

Estas actitudes no son inocentes, el peronismo se juega a que la única respuesta que podemos dar al ajuste en curso (¡y del cual son cómplices!) es que tenemos que votar bien el año que viene. Luego del multitudinario abrazo tanto en la UNQ como en la Jauretche, no sólo no se pudieron expresar las voces de trabajadores, docentes y estudiantes, sino que no se planteó ningún plan de acción que una y fortalezca la defensa de la educación pública. La “unidad” contra el ajuste tiene que ser más que una lista electoral en el 2019.

Sabemos que los diputados y senadores que votaron en contra de la legalización del derecho al aborto, son los mismos dinosaurios que votaron el ajuste a los jubilados, y que acordaron el presupuesto a la baja de la educación pública. El derecho a la educación, a que las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo, al trabajo y la jubilación digna tienen los mismos enemigos. Los estudiantes tenemos que contagiarnos de la fuerza que mostró el movimiento de mujeres, para organizarnos junto a docentes y trabajadores contra del acuerdo con el FMI, del pago de la deuda, luchando por el derecho al aborto y ahora exigiendo la inmediata separación de la Iglesia y el Estado.

Por eso es necesario organizar grandes asambleas y comisiones que comiencen en cada universidad pero que lleven a coordinar acciones entre las universidades para pelear un mayor presupuesto universitario. El recorte es producto de una política del gobierno en función del pago de la deuda ilegítima y fraudulenta así como el acuerdo con el FMI que favorece a los especuladores. Hay que dejar de financiar a la iglesia católica ¡Que esa plata sea para educación! Tampoco podemos conformarnos con el financiamiento de empresas privadas hacia la universidad por medio de los post-grados pagos. Para que la universidad sea pública y gratuita, los fondos deben provenir del Estado.



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