UniCABA: lecciones para una nueva etapa

0
55


Primeras reflexiones luego de más de un año de conflicto. Para frenar los ataques digitados por el FMI y el Banco Mundial es necesario fortalecer una gran corriente de estudiantes y docentes de izquierda que se propongan superar las trabas que imponen las conducciones burocráticas de la CET (Coordinadora de Estudiantes Terciarios) y la UTE para construir una salida de las y los trabajadores.

La aprobación de la Ley por parte de los 34 diputados del PRO, sólo apoyados por la Iglesia -en una alianza de último momento- implica el fin de una primera etapa del conflicto. Como lo venimos desarrollando en distintas notas, el proyecto UniCABA es parte del plan de ajuste del macrismo planificado desde las oficinas del FMI y el Banco Mundial.

No sólo tiene consecuencias en el ámbito de la formación docente (al punto de haber provocado la muerte de Sandra y Rubén), sino que se propone poner la educación al servicio de un modelo laboral precarizador, al estilo de Rappi y los call center, y que sólo puede ser impuesto mediante represión sobre el pueblo trabajador.

Te puede interesar: ¿Por qué dicen que el Banco Mundial está detrás del cierre de profesorados?

Sería irresponsable negar que la sanción de la ley UniCABA, luego de haber tenido que desechar tres versiones, constituye una derrota. Un balance alegre nos desarmaría para enfrentar la segunda etapa de esta reforma, que consistirá en evaluaciones, estigmatización mediática y cierres de cursos, carreras o incluso profesorados, además de los traslados para garantizar nuevos negocios inmobiliarios, como con el Romero Brest.

Pero sí cabe aclarar que se trata de una derrota parcial, porque el Gobierno no logró imponer su proyecto original y lo tuvo que votar en completa soledad, entrando a escondidas de madrugada y en medio de un descomunal operativo represivo. Por todo esto, es urgente sacar las conclusiones necesarias para enfrentar los desafíos de fondo que se abren. Más aún en un contexto que, a mediano plazo, incluye medidas de mayor ajuste que son inevitables para cualquier gobierno que no rompa con el FMI y deje de pagar la deuda.

¿Cómo luchar?

En la mayoría de los terciarios a partir del anuncio del proyecto de ley se formaron comisiones de base, con cientos de estudiantes, para poder organizarse tanto dentro de los institutos como en actividades por fuera.

Muchos de esos terciarios ni siquiera tenían Centros de Estudiantes organizados. Éste es uno de los elementos más progresivos del movimiento de lucha, el surgimiento de un activismo en diferentes profesorados que cuestionaron el funcionamiento antidemocrático de las conducciones kirchneristas, imponiendo, por momentos, las asambleas y los mandatos de base como mecanismos de decisión.

Sin embargo, este proceso por abajo no logró convertirse en la dirección del conflicto, imponiéndose la impotencia o la adaptación. El CESGE, la CET y UTE (rectores, estudiantes y sindicato docente), todos organismos mayoritariamente ligados al kirchnerismo, fueron la dirección real del conflicto. En un principio la CET y el CESGE tuvieron mayor protagonismo y a medida que avanzó el año UTE fue adquiriendo más peso, hasta terminar estas últimas semanas dirigiendo de conjunto.

Otro aspecto a destacar es que el comienzo de la lucha de los profesorados estuvo marcada por las jornadas del 14 y 18 de diciembre del 2017 contra la reforma jubilatoria. Los estudiantes terciarios fueron parte de forma significativa de la dinámica abierta por esas acciones, que en un principio parecía en ascenso. Incluso allí un compañero del Joaquín V. González perdió el ojo frente a la brutal represión policial, lo que provocó un repudio generalizado.

El movimiento nace así viendo las medidas contundentes como algo necesario para enfrentar un sistema parlamentario de mayoría reaccionaria. Sin embargo rápidamente es contenido por las direcciones burocráticas, limando sus aspectos más radicales y desviando la fuerza en marchas que si bien fueron masivas (de marzo a junio de más de 10 mil estudiantes y docentes) no lograban ninguna visibilidad mediática y que se fueron haciendo, de este modo, cada vez más rutinarias. Así se disipó la fuerza del movimiento en acciones de autoconsumo.

Como contratendencia a esta orientación fueron hitos claves de la lucha los cortes en el Obelisco, que fueron impulsados mediante mandatos de base por la 9 de Abril, y el escrache en la Feria de Libro, propuesto por el activismo, el “abrazo” a la Legislatura cuando se votaba, entre otros. Sin embargo, si tenemos en cuenta que los enemigos a derrotar son el gobierno nacional, el FMI y el Banco Mundial, estuvieron muy lejos de lograr continuidad y masividad para estar a la altura de los ataques.

También pusimos a disposición las bancas del PTS-FIT, con Myriam Bregman y Patricio Del Corro, para denunciar desde adentro al PRO.

Antes de entrar a la votación legisladores del FIT

Desde nuestra corriente nos jugamos a confluir con los sectores más dinámicos, caracterizados por su perfil democrático y combativo. Con ellos incluso nos propusimos recuperar los centros de estudiantes con esta perspectiva, desde un acuerdo de independencia de los partidos patronales. Sin embargo, no logramos llegar con esta perspectiva a sectores mayoritarios de los profesorados, ni tampoco fortalecerlos en confluencia con otros sectores en lucha para dar una salida de conjunto a los ataques del Gobierno.

Una coordinación demasiado embrionaria

Una de las debilidades centrales del movimiento fueron sus límites para coordinar con otros sectores, más teniendo en cuenta que oportunidades no faltaron. Los pañuelos verdes se podían ver a dónde estuvieran los estudiantes, incluso los tomaron como ejemplo para pintar sus propios pañuelos rojos, pero la confluencia en las calles o dentro de los profesorados fue escasa. La votación por la negativa en el Senado, gracias a los dinosaurios del PRO, el PJ y el kirchnerismo, le puso fin a las movilizaciones de millones por el aborto, generando un clima de mayor pasividad en la segunda parte del año también en los profesorados.

El gran conflicto docente y estudiantil que cruzó a las universidades nacionales tuvo poca llegada en el movimiento de los profesorados. La interestudiantil, en la que sectores de terciarios participaron, fue un gran paso adelante pero quedó como un hecho aislado que no tuvo continuidad; cuando la conducción de Conadu, aliada a la de Ctera y UTE, firmó una paritaria a la baja traicionando las movilizaciones y tomas que estaban en plena alza.

Los conflictos obreros entre los que destacaron los del Astillero Río Santiago, los mineros de Río de Turbio y los trabajadores del subte fueron tomados como ejemplo, con orgullo, por miles de estudiantes y aún así no pudieron concretarse acciones en común. Incluso los ataques generalizados como parte ajuste del macrismo, desde la reforma jubilatoria, hasta la votación del presupuesto nacional, no fueron ocasiones para sumar fuerzas y unificar los reclamos.

El colmo de este auto-aislamiento se dio en la marcha del 9 de mayo en donde las conducciones kirchneristas se negaron a terminar la marcha en una concentración común con quienes en ese mismo momento se estaban manifestando en el Congreso contra los tarifazos y el acuerdo con el FMI.

Las burocracias, una vez más, tuvieron un rol central para evitar que las coordinaciones se desarrollen. Empezando por las CGT y las CTA con su negativa casi total de impulsar planes de lucha contra el gobierno, continuando por las de los sindicatos que firmaron acuerdos desfavorables como en el Subte o los sindicatos docentes, y terminando por sus versiones específicas en terciarios. La CET no buscó coordinar con los trabajadores por abajo, incluso se opuso de forma tajante a realizar asambleas unificadas entre profesorados, o unir los diferentes niveles en los normales.

Las repetidas negativas no son fruto de un errores u olvidos, son parte de la orientación consciente de garantizar la gobernabilidad de Cambiemos y buscar orientar las luchas en función de las elecciones del 2019. Sembrando una esperanza falsa en que una victoria del kirchnerismo revertiría las consecuencias sufridas, cuando ningún gobierno en los últimos 40 años de democracia lo hizo.

Para enfrentar el plan de conjunto del macrismo, el movimiento tendrá que buscar todas las formas de unir por abajo lo que las burocracias dividen. Por ejemplo, mientras realizábamos el acampe en la Legislatura, miles de enfermeros marchaban a pocas cuadras contra el mismo enemigo, la confluencia puede surgir en cualquier momento si hay una agrupación con la suficiente influencia para lograrlo. De conseguirse, nadie podrá frenar la potencia de esa unidad.

Fortalecer corriente docente estudiantil para vencer

Una de las primeras tareas es superar los métodos burocráticos que imponen las burocracias estudiantiles y docentes para enfrentar al macrismo. El rechazo de los mandatos o delegados por curso y asambleas comunes en el movimiento estudiantil se expresa en el sector docente con la falta de convocatorias de asambleas por escuela o plenarios que organicen al conjunto de la docencia desde la conducción de UTE.

Frente a esto es necesario construir una corriente que pueda mostrar decenas de ejemplos de organización desde abajo, en el camino de imponer métodos democráticos de organización para construir un plan de lucha para vencer.

Otro debate importante es qué unidad necesitamos. Para nosotros es un callejón sin salida construir mayorías a cualquier precio. No sirve seguir el camino de corrientes como Patria Grande o Cienfuegos que, con tal de llegar a puestos en el Estado, plantean la necesidad de tranzar con la militancia antiderechos celeste ligada a las cúpulas del Vaticano que desde hace años boicotean la implementación de educación sexual, atacan al movimiento de mujeres que lucha por conseguir el derecho al aborto seguro, libre y gratuito, hostigan a las disidencias sexuales y ahora le dieron el único apoyo público al proyecto UniCABA.

En este sentido queremos dejar en claro que no hay salida para el pueblo trabajador fomentando la estrategia electoral del kirchnerismo que ya admite que no van a romper con el FMI y pagará la deuda ilegal e ilegítima en vez de invertir ese dinero en educación, salud y trabajo. Mucho menos impulsará la separación de la Iglesia del Estado.

Queremos una educación pensada y organizada por quienes la sostienen todos los días: las y los trabajadores de la educación, les estudiantes y las familias obreras. Queremos una educación que priorice los valores de la solidaridad colectiva, que desarrolle una perspectiva crítica de la sociedad de clases para fomentar la conciencia sobre la desigualdad, opresión y explotación propia del capitalismo.

Entendemos que sólo podrá darse íntegramente en los marcos de una sociedad gobernada por la clase trabajadora y donde los medios de producción estén en manos de quienes son los creadores de la riqueza social. Por eso queremos cambiar de verdad el mundo, expropiando a los expropiadores y rompiendo las cadenas del capital. Por ello, la lucha por la transformación de la educación es al mismo tiempo la lucha de la clase trabajadora por su emancipación.

Queremos otra sociedad para otra escuela y luchamos por otra escuela, hacia la conquista de otra sociedad. Esta pelea no puede darse sino a través del mismo proceso mediante el cual la clase obrera se organiza y toma conciencia: la construcción de su propio partido político en alianza con los otros sectores oprimidos. Te invitamos a debatir nuestra propuesta de un partido unificado de la izquierda revolucionaria y socialista, y construir esta perspectiva en el movimiento terciario y docente con nosotros.

Fotografías: Enfoque Rojo



Source link