"Vamos a volver por la ley y por la separación de la Iglesia y el Estado"

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Compartimos el emotivo y combativo relato de Florencia, docente de Rosario que hizo lo imposible por estar el 8 de agosto en la plaza Congreso.

Foto: Julia Buzón

Desde ese 13J que nos ilusionó a todxs yo ya esperaba ansiosa el 8A. Soy docente de primaria (reemplazante), vivo atenta a que suene el teléfono para ir a trabajar y laburar todos los días de la semana, para llegado fin de mes poder cobrar un sueldo que permita cubrir mis necesidades básicas.

El día lunes, previo al 8A, recibo un llamado en donde se me ofrecía un reemplazo que comenzaba ese día y no se sabía hasta cuándo iba a durar, acepté sin pensarlo, es trabajo y quien conoce el de un docente sabe lo cruel y precarizado que es, y ni hablar de un reemplazante como en mi caso, no podía darme el lujo de rechazarlo.

Cuando cuelgo, automáticamente sentí una angustia tremenda, no iba a poder viajar a copar las calles del Congreso. Sin embargo, cuando llegó el día previo a la votación, no pude con mi genio y decido viajar junto con dos amigas luego de la jornada de trabajo, dos amigas que podían zafar de sus laburos (el resto no pudo como cientos de compañerxs).

Sacamos pasajes con la empresa “General Urquiza” para el día 8/08 a las 19:30, súper ansiosas porque llegue ese momento. Al fin y al cabo me sentí privilegiada ya que miles de compañerxs docentes no pudieron viajar porque ni Ctera ni Amsafe convocaron al paro, mucho menos a que el tema se debata en las escuelas, cosa que sí hizo la Iglesia, adoctrinando a miles de estudiantes. Nombro a estos gremios porque son los vinculados a la educación, pero hay que tener en cuenta que tampoco otros gremios dirigidos por el kichnerismo pararon.

En la mañana del 8A me despierto con la información de que choferes de la empresa con la cuál viajábamos estaban de “paro por falta de pagos”, a las corridas me voy a la estación de colectivos para ver qué solución encontraba, llego y me encuentro con la ausencia de todo el personal y carteles que decían “sin atención”, clarísimo está que no solo era mi trabajo el precarizado y manoseado sino el de muchos. Entonces traté de pensar rápidamente en otra solución, se me ocurrió viajar en mi auto (arriesgándome bastante). Viajamos con muchísimo viento por el cual hizo que todo el viaje estuviera tensa, “apretando” más que sosteniendo el volante, y sumado a eso mucha lluvia.

Llegamos a Capital las 22, nos dirigimos a la casa de una amiga en “Agronomía” a 40 minutos en colectivo del Congreso, dejo el auto y salimos a tomar un bondi que nos lleve a la plaza. Eran las 23 y no había parte del cuerpo que tengamos secas (llovía una bocha). Ya en Congreso la bancamos con fogatas (renegando con las maderas mojadas) pero aun así el fuego agarraba, y no solo nos zafaba a nosotras sino a todxs los que pasaban y paraban para arrimar sus manos, los ojos nos ardían y lagrimeaban constantemente por el humo, pero eso no hacía que nos alejemos, el frío era peor.

Desconectadas de todo, algunas sin batería otras sin señal, no sabíamos cómo transcurría todo dentro del senado, (no teníamos sonido, escenario ni animadores como los militantes de la iglesia), obviamente todo subvencionado por el Estado, ese mismo Estado responsable de los 500.000 abortos clandestinos que mujeres se practican por año. Encima ya se había dado a conocer que senadorxs del bloque del FPV como Larraburu que anteriormente habían manifestado votar a favor del proyecto de ley, se habían dado vuelta como una media e iban a votar en contra del mismo, las intenciones eran claras: “continuar con el aborto ilegal como fue durante los 12 años del gobierno de Cristina”. Solo el Frente de Izquierda votó de conjunto a favor de la legalización y se la jugó con todo para que la ley salga.

Foto: Julia Buzón

Luego fumarnos el show de la policía de Larreta y Macri formándose en hileras detrás de nuestras vallas con actitud prepotente como si fueran a prepararse para reprimir (alentando a unos poco giles, a tirarles cosas como sucedió), los bomberos apagándonos las fogatas, clima tenso, grupos de personas corriendo alejándose por miedo (no fuimos la excepción) nos retiramos unos 100 metros y nos paramos a ver desde el lado de afuera de un bar la transmisión de la votación. Para enterarnos ya casi siendo las 3 de la mañana que 38 senadorxs de Cambiemos y el peronismo decidían sobre nuestros propios cuerpos y votaron a favor del negocio sucio de la clandestinidad, a favor del aborto clandestino, con el lema de salvar a las dos vidas, se cagaron en la de miles de mujeres.

¿Me entienden cuando digo que la democracia para mí no estaba ahí adentro, y sí en las calles? Vos que estuviste ahí ¿me entendés? Vos que no pudiste ir por tener que presentarte a tu trabajo y copaste la facultad de humanidades en Rosario ¿me entendés?

¡VAMOS A VOLVER POR LA LEY Y FUNDAMENTALMENTE POR LA SEPARACIÓN DE LA IGLESIA DEL ESTADO!



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