((VIDEO)) “No quieren viajar con nosotras porque dicen que tenemos olor, hablamos en guaraní y les da dolor de cabeza”

0
51


Entrevistamos en su casa a Mercedes, una de las trabajadoras domésticas de Nordelta cuya historia se conoció esta semana.

Nordelta: nuevas denuncia por discriminación – YouTube

La Izquierda Diario entrevistó en su casa a Mercedes, una de las trabajadoras domésticas del Nordelta que el 7 de noviembre protagonizó una verdadera rebelión contra la discriminación de los patrones y de la empresa MaryGo, la única que ingresa al predio de 23 barrios privados, y se niega a trasladarlas.

La denuncia, que originalmente se conoció por este medio , puso al descubierto la otra cara de este lujoso rincón de la provincia de Buenos Aires en el que viven familias pudientes y famosas, dueñas de empresas y negocios millonarios y vinculadas al poder político del país. El rechazo que despertó el hecho fue enorme, pero esa realidad es cotidiana y está llena de hechos como estos.

Te puede interesar: Trabajadoras domésticas de Nordelta se rebelan ante el desprecio patronal

Eso fue lo que contó Mercedes a La Izquierda Diario en una nueva entrevista que publicamos con su voz, su nombre y su imagen distorsionadas por cuestiones de “seguridad”, para que no sufra represalias que puedan poner en peligro su puesto de trabajo, ese sueldo con el que a duras penas trata de llegar a fin de mes. En la entrevista, Mercedes nos cuenta cómo es llegar a casa después de pasar el día limpiando esas mansiones por sueldos de hambre.

En su casita del conurbano bonaerense, donde vive con sus 5 hijos, Mercedes relata entre mates que empezó a trabajar hace 10 años como empleada doméstica. Que en todo este tiempo se cansó de ver, escuchar y sentir situaciones de maltrato. “Te hacen sentir que no vales nada. Los ricos nunca van a saber lo que se siente que te discriminen, o estar más de 12 horas sin comer”, afirma, y cuenta que “Me ha pasado de estar todo el día limpiando una mansión y llegar a mi casa y no tener gas, ni para darle de comer a mis hijos“.

Le preguntamos a Mercedes, qué fué lo que llevó a esas más de 70 mujeres empleadas del Nordelta a cortar uno de los tres ingresos que tiene el mega complejo. No duda en responder que fue “la discriminación”. “Estamos hartas de la discriminación. No quieren viajar con nosotras porque dicen que tenemos olor o hay compañeras que hablan en guaraní y a ellos le da dolor de cabeza“.

Recordemos que las trabajadoras cortaron el acceso a Nordelta porque la empresa de micros privados MaryGo, de la cual es dueño Nicolas Pascualini, no deja que ellas suban en los micros proveniente de la Ciudad de Buenos Aires, donde viajan propietarios. Después de esperar casi dos horas que envíen un micro para llegar hasta sus lugares de trabajo, y de ver pasar 4 colectivos semi vacíos “de Capital”, las mujeres bloquearon espontáneamente el ingreso al reconocido Nordelta.

Te puede interesar: Esto no es cuento: el hartazgo de “las criadas” de Nordelta

Para que los lectores tengan una idea, un boleto en MaryGo cuesta $30, mientras que en el transporte público está $15. Tal es el desprecio que sienten por ellas sus patrones, que no garantizan siquiera el transporte gratis para que las trabajadoras puedan llegar e irse en el horario que corresponde.

En el país, y en el mundo, hay miles de Mercedes que padecen este mismo trato, y por eso hay bronca. “Le digo a mis compañeras que no estamos solas, a veces naturalizan el maltrato, ¿no? y ellas dicen que ‘bueno, que ya la van a pagar’. Para mi es ahora”, dice Mercedes, y al dirigirse a sus compañeras es muy clara. “Les digo que está mal y que no se tienen que dejar maltratar. Que nos respeten los días laborales, los feriados”, subraya, y afirma con convicción que sabe que “no estamos solas. Somos muchas y se puede hacer algo para que cambie todo esto”.

Las empleadas domésticas son las madres de los estudiantes secundarios y de los jóvenes que tienen que abandonar la facultad para ir a trabajar. Son las operarias que expulsan las fábricas cuando ya “no sirven”, porque sus cuerpos “están rotos”, y tienen que ir a limpiar casas porque ya no consiguen volver a trabajar en la empresa. Son también las que se rebelan, porque están hartas de que sus vidas y las de sus familias no tengan bajo este sistema otro destino que el de la explotación y el maltrato.

Ese hartazgo que viene desde abajo puede convertirse en una fuerza imparable si se une al de otras trabajadoras y trabajadores, jóvenes y mujeres. Para aportar a organizar toda esta fuerza, también publicamos La Izquierda Diario y te invitamos a dejar tu testimonio y a contactarte con nosotros , para que la voz y los reclamos de las trabajadoras y trabajadores se haga oír con toda esa fuerza.

Ilustración: Romina Echevarría



Source link