Vivir con medidor prepago: “Cuando se agota se apaga y tenés que volver a las velas”

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Ante los impagables tarifazos, crece en el conurbano bonaerense una cruda realidad donde las familias más pobres “juntan las monedas” para tener luz.

Vivir con medidor prepago: “Cuando se agota se apaga y tenés que volver a las velas” – YouTube

Realización audiovisual: Mariano Mancuso y Matías Pore

David, trabaja como docente precarizado en Merlo (provincia de Buenos Aires), y como la guita no le alcanza, porque muchas veces está varios meses sin cobrar, nos cuenta que hace changas, “o cualquier laburito para tener unos mangos más”.

Hace por lo menos un año y medio vive con el medidor prepago de Edenor, instalado en su casa. Nos cuenta, que después de que les llegaron boletas de entre 5 y 6 mil pesos, muchos vecinos optaron, ante la desesperación de no contar con energía eléctrica, por “colgarse”. Por eso la empresa “empezó a poner los aparatitos prepagos en todo el barrio” a los cuales se le carga saldo en kioscos y almacenes, de acuerdo a las posibilidades económicas de cada familia.

“Cuando se agota, se agota. No importa que sea la madrugada, no importa que sea de día, si vive una familia numerosa, no importa si tenes niños. Se apaga, te quedas sin luz y tenes que volver a las velas, o tenes que buscar otra alternativa”, relata crudamente David que cobra entre 12 y 15 mil pesos por mes. Su testimonio grafica cómo viven miles de familias en el Gran Buenos Aires.

Pero este sistema precario, instalado en los barrios más pobres, no es nuevo. Las primeras pruebas pilotos, que incumplían la regulación y legalidad de ese entonces, comenzaron en el año 2006. Sí, hace 13 años.

Pero en estos últimos, producto de los tarifazos y de la imposibilidad de pagar las boletas, la empresa aprovechó para que su instalación pegue un salto. Edenor informó que en 2018 colocaron 140.000 medidores prepagos; y que se proponen llegar a 250.000 hasta que finalice este año.

Los municipios sobre los que más ha avanzado este sistema son: Merlo, La Matanza, Moreno y Malvinas Argentinas, entre otros. Justamente los distritos donde los índices de pobreza (no sólo medida en términos de ingresos) son mayores a la media, y crecen con la crisis de una economía bajo la órbita del FMI.

“Los barrios donde se están instalando los medidores son los de mayor consumo eléctrico porque, como no tienen agua, usan bombas, y, como no tienen gas, usan estufas eléctricas. Entonces el consumo bimestral puede ser de 1.000 o 1.5000 kWh”, denunció Pedro Bussetti presidente de Defensa de Usuarios y Consumidores (DEUCO). Y agregó que “la luz es un servicio público y el Estado debe garantizar su acceso universal, entonces motivos económicos ajenos a la voluntad del usuario, como son la pobreza y la vulnerabilidad económica, no deberían ser una restricción en el acceso” (…) “que se deje de prestar el servicio a una familia que no llega a juntar cien pesos para hacer una recarga es una barbaridad”.

Por las calles de los barrios del conurbano bonaerense trascienden los relatos que grafican la dura realidad que viven familias enteras que dependen de un medidor prepago para tener luz. Hogares donde viven personas electrodependientes, a quienes se lo instalaron compulsivamente, poniendo en riesgo sus vidas. Padres y madres que juntan semana a semana algunos pesos para cargar el medidor, para que les aguante en la heladera la poca comida que tienen. O que deben elegir entre si prender las luces de noche, ver tele con sus hijos o conectar el lavarropas, de acuerdo al saldo que les quede.

Por ejemplo, Mónica, del barrio La Reja de Moreno, denunció públicamente que a veces la tensión nunca pasa de 190 kws, entonces se le queman los pocos electrodomésticos que tienen o directamente no funcionan. También son recurrentes las quejas por los cortes de luz en los barrios donde están instalados estos aparatos, ya que no están exentos de un pésimo servicio, como el resto de los usuarios. Y como si fuese poco, el costo de la energía se encarece cuanto más consumís. Insólito.

Como si la bronca que generase esta situación fuese poca, encima hay que escuchar al vocero de la empresa, Eduardo Mirabelli, que sin tapujos sostuvo que el medidor prepago “es una herramienta ideal porque pueden ir comprando energía en la medida de sus posibilidades” (sic).

Mientras millones no tienen derecho a acceder a un derecho elemental, la “fiesta de las empresas”, como lo relató David de Merlo, continúa. ¿Estas son las inversiones que prometieron a cambio de tarifas dolarizadas mientras se mantienen los subsidios estatales a estas privatizadas?

La investigadora británica Brenda Boardman fue quien en los ´90 habló por primera vez de “pobreza energética” o “pobres energéticos”, un fenómeno creciente desde hace décadas en Europa, del que no están exentos los países latinoamericanos como el nuestro. En Argentina ya es una realidad cada vez más preocupante.

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Lo paradójico, es que mientras rijan las reglas del juego capitalista, basadas en el lucro de unos pocos, los avances de la ciencia, la tecnología, la robótica y, en este caso, hasta el desarrollo de energías renovables, están al servicio de las ganancias de estas empresas, y no de terminar de una vez y para siempre con los crecientes “pobres energéticos”. No nos podemos resignar a aceptar esta insoportable desigualdad.

Para terminar con esta realidad hay que empezar por poner en cuestión la privatización de las empresas energéticas que llevó adelante el menemismo; saber qué hicieron con los millonarios subsidios que recibieron del Estado durante el kirchnerismo; y romper con los pactos contraídos por Cambiemos que estipularon tarifas dolarizadas.

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Esa es la base para avanzar en la nacionalización de las empresas energéticas, pero para ponerlas bajo control de sus trabajadores y usuarios populares. ¿O acaso no son ellos quienes más pueden conocer, saber y decidir democráticamente cómo dirigirlas en función de las necesidades y prioridades de la mayoría? Esta es la única salida realista para terminar con este negocio e invertir el dicho que dice que “las vaquitas son ajenas, y las penas son de nosotros”.



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