Vuelve el FMI: Dujovne no pudo dar precisiones, pero se viene más ajuste

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En un martes de corrida cambiaria y hundimiento del Merval el presidente anunció que buscará un acuerdo con el organismo internacional. También habló Dujovne sin dar mayores detalles.

En una viraje desesperado frente a la corrida cambiaria, el Gobierno decidió tomar rumbo a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Luego de un mensaje grabado del presidente Mauricio Macri, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, realizó una conferencia de prensa en la cual no logró dar mayores detalles sobre el tipo de acuerdo al que llegarían con el organismo.

Fue una muestra de la improvisación que atraviesa la política económica y monetaria frente al cambio de las condiciones internacionales y las limitaciones internas que afronta el Gobierno con el rechazo social a los tarifazos y los problemas en la coalisión Cambiemos.

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El ministro afirmó que optaron por el gradualismo y dio un panorama positivo que no se corresponde con la realidad del país que atraviesa por una aceleración inflacionaria y fuertes déficits, tanto fiscal como comercial.

Dujovne, además, analizó que hubo un cambio en la situación internacional y “las monedas se deprecian contra el dólar, del cual la Argentina forma parte”. Por lo cual, “estamos expuestos a la volatilidad de los mercados”.

Dujovne señaló que el Gobierno buscará “financiamiento preventivo y están en conversaciones con el FMI”. El ministró afirmó que Christine Lagarde, la titular del FMI, apoya el programa gradual.

Ante la pregunta sobre qué condicionamientos puso el FMI, el ministro no pudo dar detalles. No sólo eso. Indicó que “El Fondo aprendió de las lecciones del pasado”, según Dujovne. Se trata de una particular interpretación de las bondades del organismo internacional.

Dujovne sostuvo que la meta de inflación “no es un pronóstico” y no va a ser alterada. Con la corrida cambiaria de las últimas semanas, los supermercados y otros sectores económicos comenzaron a remarcar precios.

En realidad para lo único que mantienen las metas es para el salario. Para el resto hay vía libre: tarifazos para las privatizadas, para los que compran Lebac 40%. La devaluación va a acelerar la inflación que ya venía en alza.

Los que viven de su salario pierden con la devaluación porque impacta en la inflación, que los propios funcionarios admitían off the record, durante las semanas previas, que se contentaban si no pasa el 25 % anual. Y esto es lo menos: durante el fin de semana, analistas económicos comenzaron a decir que la inflación puede alcanzar un nuevo nivel cercano al 30 %.

El viernes último el equipo económico anunció ajustes en la obra pública por $ 30.000 millones, además de suba de la tasa de interés de referencia del Banco Central e imposiciones de tenencias de dólares a los bancos, pero no logró calmar a los “mercados”, en donde impera la desconfianza sobre el capital político del macrismo para llevar adelante su plan de ajuste.

Los mismos especuladores que el Gobierno entronizó dándoles un lugar central en el esquema económico le patearon en contra. En el diario La Nación de día domingo, Joaquín Morales Solá indicó que: “Podrá decirse que estos mismos sectores financieros consideraban a Macri el genio infalible de la nueva política latinoamericana. Y que se fugaron no bien el Presidente tropezó con un obstáculo”.

Entre los principales ganadores de la corrida están los especuladores: hay al menos dos grandes bancos internacionales que se llevaron más de U$S 2.000 millones del país, luego de haber hecho grandes ganancias financieras. Muchos analistas indicaron que JP Morgan es uno de esos. Se trata, nada más y nada menos, que el ex empleador del ministro de Finanzas, Luis Caputo

El jueves pasado, la revista Forbes tituló que “Puede que sea momento de salir de la Argentina”. En los últimos días, la calificadora Fitch Ratings bajó el panorama de la deuda argentina. La consecuencia es que se va a limitar o cobrar más caro el endeudamiento, una ficha clave en el ajedrez de Cambiemos.

El día lunes, fue Moody’s, otra calificadora, que alertó por el “alto riesgo” de falta de liquidez de empresas argentinas. Esto se reflejó en la caída de las cotizaciones de los papeles de empresas argentinas en Nueva York y Buenos Aires.

Durante las últimas semanas, el Banco Central perdió más del 10 % de sus reservas y el dólar trepó casi 10 %. Ante la corrida cambiaria, que hoy se reflejó también en hundimiento del Merval por segundo día consecutivo, el oficialismo decidió virar hacia una acuerdo de características indifinidas con el FMI, que seguramente conducirá a nuevos ajustes.

La reforma previsional votada en diciembre estuvo inscripta en las recetas que propone el organismo internacional en beneficio del gran capital.

El diario Clarí dejó trascender que el acuerdo con el FMI podría alcanzar a U$S 30.000 millones. En 2001 el “blindaje” fue de U$S 40.000 millones y el hundimiento de la economía igual fue inevitable. Las condiciones no son las mismas que en el fin de la Convertibilidad, pero las consecuencias van a ser similares.

Muchos se agarraron los bolsillos la semana pasada al ver a Domingo Cavallo, el padre y el sepultador de la Convertibilidad, en los medios. La situación es diferente a la de 2001. En primer lugar, no hay un esquema de convertibilidad y ahora hay muchos menos dólares en los bancos que entonces: la “gente” aprendió que son unos chorros que les robaron los ahorros.

En 2001 casi no había inflación y lo que sí había era un déficit fiscal muy importante, igual que ahora. Pero hoy el rojo comercial externo es muy superior al de entonces: en 2001 “gracias” a la crisis, Argentina tuvo superávit porque cayeron las importaciones debido a que faltaban dólares.

También hay aspectos que se pueden comparar con el Rodrigazo o el fin del alfonsinismo, pero la actual crisis tiene entidad en sus propios términos. Y en este punto, lo más significativo de la aparición de Cavallo, además de que su figura en sí misma es el fantasma del 2001, es que él tiene plena conciencia de lo que significa que los “mercados” pierdan confianza en el Gobierno: es lo que pasó en aquel momento.

Cuando se avance en el acuerdo con el FMI, seguramente se conocerán nuevas rondas de ajuste contra el pueblo trabajador.

Frente al avance del capital financiero cada vez más profundo sobre las condiciones económicas del país, hay que oponer al partido de Wall Street y los organismos internacionales, el no pago de la deuda externa.

La crítica situación hace más necesario que nunca el planteo de nacionalización de la banca y la constitución de una banca única bajo gestión de los trabajadores. Es para que no confisquen los ahorros del pequeño ahorrista, como hicieron Fernando De la Rúa y Carlos Menem al principio de su mandato, o no estafen a los que depositaron dólares como hizo Duhalde.

Se trata de que los bancos y el capital financiero dejen de ser el vehículo de la fuga de capitales y la presión por más ajuste y se constituyan en una herramienta para atender cosas más importantes como el crédito para la vivienda y terminar con el déficit habitacional, o construir la infraestructura para que les llegue el gas, las cloacas, el agua y la electricidad a todos.

La plata que ganaron en poquitos días los especuladores podría tener un mejor destino.

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