Wall Street le pinchó a Macri la burbuja del G20

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En el último mes la prima de riesgo de la deuda argentina se elevó 100 puntos. Los motivos no están en las turbulencias internacionales, aunque estas no ayuden. Aunque ajuste, Macri no puede asegurar los pagos de la deuda.

Aunque no lo repiten abiertamente como en otras ocasiones, en el gobierno siguen convencidos en que “lo peor ya pasó”, o casi. Algo similar dijo hace unos días la titular del FMI, Christine Lagarde, quien sostuvo que “la crisis será difícil durante los próximos meses, y luego habrá un giro”.

Los acreedores de la deuda no parecen tan convencidos de que sea así, al menos en lo que a ellos respecta que es la capacidad del gobierno de cumplir con sus compromisos de deuda. El riesgo país, es decir la prima de riesgo que paga la deuda argentina por encima de la de los EE. UU., estaba ayer en 729 puntos (llegó durante la jornada a 745). En el comienzo de la semana estaba en 698 puntos.

El gobierno aspiraba a la prolongar durante un buen tiempo el clima irreal creado por el G20, evento que le permitió a Macri mostrar el respaldo de los líderes de la mayor parte de los países presentes a su política. Poco importa para el gobierno que muchos de ellos sean altamente impopulares y sufran en sus países de fuerte rechazo en la implementación de agendas de ajuste y reformas neoliberales como las que ensayó Macri. El ejemplo más reciente es el de Emmanuel Macron, que esta semana debió retroceder en la aplicación de un aumento a los combustibles que golpeaba severamente sobre amplios sectores populares, antes la dura resistencia callejera que hace semanas paraliza Francia. También podríamos mencionar a Michel Temer, que dejará la presidencia de Brasil con una popularidad casi nula (apenas 3 % aprueba su gestión). O Donald Trump que acaba de tener una derrota en las elecciones presidenciales de medio término. Podríamos continuar la lista con buena parte de los presentes. Pero para Cambiemos, el “show” creó la expectativa de dejar atrás 2018 y empezar a apostar a las elecciones en un contexto más benévolo.

Pero Wall Street no cree en lágrimas; la emoción mostrada por Macri en la gala del Teatro Colón no ablandó los corazones de los acreedores internacionales, que tienen sus carteras llenas de títulos argentinos que este año se han desvalorizado al calor de la crisis. A pesar de haber hecho buenos negocios durante los dos primeros años de gobierno de Cambiemos, lo que prima ahora es el frío análisis de los números que proyecta la Argentina de acá hasta 2020 para responder con el bolsillo. Y acá las cuentas no cierran.

La Argentina contará con un considerable aporte de USD 22.800 millones de dólares que serán girados por el FMI durante 2019, que podrían alcanzar para cumplir los compromisos si se mantiene la tasa de renovación (roll over) de la deuda de corto plazo, es decir las Letes. Estas últimas rondan los USD 15 mil millones. Para cerrar las cuentas el gobierno calcula como condición una renovación del 60 %. Esto, que hoy parece cumplible, resultará más complejo a medida que nos adentremos en el año próximo. No solamente por el “riesgo político”, la explicación preferida por el gobierno para sostener que si no ganan las elecciones se viene el caos. El mayor motivo es que el gobierno no cuenta con dólares asegurados para afrontar sus vencimientos en 2020. El remanente del crédito del FMI para ese año serán solo USD 5.900 millones, y los compromisos superan los USD 30.000 millones. Por eso, ya durante el año próximo, y aun suponiendo que el gobierno cumpla las exigentes metas del acuerdo con el FMI, la renovación de letes podría generar ruidos y complicar la precaria estabilidad financiera.

Con este panorama, no sorprende que Carlos Melconian, ex funcionario y amigo del presidente haya dicho que “el plan de este Gobierno va a ser suficiente en términos de éxito si llega a la otra orilla sin disrupción macro financiera”. Su mejor escenario para 2019 es una econnomía cayendo 2 %, con inflación y desempleo en dos dígitos. Con amigos así…

La era de hielo

Aunque el dólar volvió a sacudirse la modorra y ayer cotizó por momentos arriba de $ 39, las señales que envía el Banco Central (BCRA) apuntan a que todo está en orden. El miércoles removió el piso de 60 % anual para la tasa de interés de la política monetaria, que es la que pagan las Letras de Liquidez (Leliq) que el BCRA entrega a los bancos para absorber pesos. Ayer la tasa de estos instrumentos bajó a 59 %.

El BCRA continua su política de eliminar pesos de circulación. Aunque el motivo declarado es el control de la inflación, las miradas están dirigidas a la cotización del dólar. El cálculo es que si no hay liquidez y las tasas que pagan los depósitos son lo suficientemente elevadas para alimentar la apuesta a la bicicleta financiera aunque estén en descenso (se mueven de la mano de las que pagan las Leliq), no habrá pesos que se vuelquen al dólar.

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El precio de esta política se palpa en la actividad económica, ya de por si golpeada por el efecto recesivo de la megadevaluación registrada durante 2018. Ayer se conoció que los despachos de cemento cayeron 16,6 % en noviembre frente al mismo período del año pasado y 6,5 % en relación a octubre. Se trata del registro más bajo para el mes once del año desde 2012. Es uno de los indicadores que adelanta una mayor caída en la obra pública y la construcción privada.

La corte de economistas afines al gobierno y su política de austeridad prometen una recuperación en “V”, es decir que a la abrupta y estrepitosa caída de los últimos dos semestres le siga una recuperación igual de marcada, a partir de marzo como mucho. Pero, si el clima ayuda, sólo el agro mostrará para ese entonces números positivos, que lo serán en comparación con la producción mermada por la sequía de la campaña previa. No hay motivos para esperar que el consumo, ni la obra pública, ni la inversión muestren números positivos. Con el actual costo del crédito y el impacto depresivo del ajuste fiscal, ni siquiera hay motivos para esperar que disminuyan su caída. Mucho menos si se reactivan las turbulencias financieras.

Por eso, los objetivos más realistas a los que puede aspirar Cambiemos para 2019 pasan por mostrar una ejecución a rajatabla de su plan fiscal (contra la cual podría conspirar el impacto de la caída económica sobre la recaudación) y evitar que el dólar se escape nuevamente del sendero trazado por la banda para su cotización, que a partir de diciembre aumentará en 2 % mensual, bajando del 3 % que se vino incrementando desde el 1 de octubre. Pero estos módicos objetivos podrían ser demasiado ambiciosos en un mundo donde siguen “pasando cosas”: EE. UU. reactivo nuevamente la disputa comercial con China, a menos de una semana de anunciada la tregua pactada en Buenos Aires, lo cual generó nuevas turbulencias en los mercados financieros globales. Donald Trump, otro “amigo” del Macri tal como afirmó la semana pasada al iniciar la reunión bilateral, también le pincho la burbuja del G20.

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