Y el pañuelo verde ¿de dónde salió?

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En el bondi, en el tren, en el colegio, en la facultad, en el trabajo, en la calle. En todos lados se ve el símbolo de la lucha por el derecho al aborto ¿Cuál es su origen?

El Encuentro Nacional de Mujeres

En el año 2003 al calor de las asambleas populares se inicia la Asamblea por el derecho al aborto, un espacio de autoorganización donde confluyen activamente miles de mujeres trabajadoras, del movimiento de desocupados, estudiantes, lesbianas, travestis, transexuales y de partidos de izquierda. Es allí donde se empieza a gestar el primer plan de lucha votado en el Encuentro Nacional de Mujeres para conquistar este derecho básico en la vida de las mujeres y cuerpos gestantes. Al calor de esta experiencia también emerge la organización de mujeres “Pan y Rosas”. Una de las medidas fue la perspectiva de nacionalizar la lucha por el derecho al aborto.

Con este proceso de origen, en el 2005 se crea la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, y su símbolo: el pañuelo verde triangular con una cinta doblada en diagonal blanca y el lema “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal, seguro y gratuito para no morir” que sintetizará la lucha del movimiento de mujeres sobre salud reproductiva hasta la actualidad.

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Símbolo de lucha

Que el elemento elegido sea un pañuelo remite a los que usan las Abuelas de Plaza de Mayo desde la dictadura militar hasta el día de hoy. El verde -según miembros de la Campaña- se eligió porque era un color visible “vacante” y –supuestamente- no asociado a otras banderas, ideologías o instituciones.

El símbolo apareció contundentemente para irrumpir en la escena este año, a partir de la última presentación del proyecto de ley y principalmente inundando las calles el 8 de marzo. Es que por primera vez este año se anunció el debate en el Congreso sobre el aborto legal. El reclamo masivo para que dejen de morir las mujeres pobres en abortos clandestinos y para que tengamos el derecho de decidir sobre nuestros cuerpos y no tengamos miedo de ir presas o morir si decidimos hacerlo, sigue ganando las calles.

Hoy montones de jóvenes mujeres y varones usan el pañuelo no sólo en las marchas por el aborto legal, sino en las facultades, los colegios, el transporte público. También se han visto pañuelos verdes en marchas como la que fueron contra el tarifazo, en contra del cierre de los 29 profesorados y en el 24 de Marzo. Incluso en conductores de programas de TV y en recitales como el pasado 30 de abril de Charly García.

Una marea verde que se extiende

El símbolo ya no representa solamente la lucha por este derecho elemental que deberíamos tener y que existe en otros países del mundo, sino que se convirtió en un símbolo de lucha de las mujeres. Tomado en sus manos también por los varones, en apoyo al reclamo y al movimiento de mujeres contra la opresión de género, mostrando la voluntad de apoyar una pelea que estamos protagonizando y que ven necesario hacer masiva y lo más hegemónica posible para enfrentar las instituciones eclesiásticas enemigas.

La marea verde significa la potencia que hay para que no nos movamos de la calle, exijamos la aprobación en el Congreso del aborto legal, seguro y gratuito, y esta experiencia nos fortalezca para continuar la lucha, cualquiera sea el resultado de la votación.

Porque así como las mujeres pobres y trabajadoras no deben estar condenadas a morir en caso de hacer un aborto clandestino, tampoco deben estar condenadas a hacerlo por ninguna violencia del Estado, ni por la miseria a la que arrojan a millones de mujeres y niñas este sistema y los acuerdos entre una pequeña sarta de parásitos que deciden hambrear al pueblo; como hoy lo llevan a cabo el Gobierno nacional con el FMI presidido por Lagarde, una mujer que poco le importan las mujeres que mueren de hambre por sus pedidos de más ajuste y más ataque contra los y las trabajadoras.

Es necesario para conquistar nuestros derechos y para impedir los ataques hacia nuestras vidas que el símbolo sea fuerza y que la fuerza sea lucha. Porque como decimos desde Pan y Rosas, nuestras vidas valen más, mucho más, que sus ganancias.



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