¿Y vos qué harías si te lo cruzás a Macri?

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Llegó el domingo, único día que quedaba en la semana para descansar un poco y salir a dar una vuelta. ¿Quién hubiera pensado que todos los planes se iban a interrumpir cuando frente a mí pasara Macri junto a Awada? Con pocos instantes para reaccionar, ¿vos qué harías?

Nada podía fallar: día primaveral y solcito. Agarré mi bolso, metí un libro, auriculares y me fui a Plaza Francia, a pispear la feria (solamente a ver, obvio, porque todavía no cobré e incluso si lo hubiera hecho no me alcanza). De paso aproveché para invitarla a mi vieja y verla un rato.

Paseamos, chusmeamos los puestos y cuando llegamos a la puerta de la Iglesia, al lado del cementerio, paramos porque no se podía pasar. Levanté la cabeza para ver qué pasaba. Una camioneta negra, gente muy bien vestida saliendo, y ahí lo vi: pelo gris plateado, sonrisa inconfundible de costado, agachando la cabeza para meterse rápido en la camioneta. “¡Es Macri!”, dije casi gritando sin querer. Me dio bronca y sin saber qué hacer le empecé a decir cosas medio fuerte, como para que lo escuche él pero también el resto. Y ahí se sumaron varias mujeres alrededor diciendo “sinvergüenza”, “cómo te da la cara”, “no hay quién te de perdón por todo lo que nos estás cagando” y más cosas por el estilo.

No se me pasaba la bronca. Seguimos caminando y en mi cabeza repetía “¡Cómo me va a venir a cagar el Domingo! ¡Ni relajar en paz te deja, que va y se aparece!”.

También pensaba en qué hacer… que podría hacer. Como gustarme, me gustarían un montón de cosas. Por ejemplo, gritarle todas las responsabilidades y cargos de cómo está pisándole la cabeza a los laburantes, a las mujeres, a los estudiantes y a los jubilados que, como mi vieja, cobran la mínima después de haber laburado toda la vida como docente.

Pensé, “que mal que aún a pesar de todo lo que está haciendo, y de que cada día hay más bronca, y más “desencantados” pueda pasearse con su grupo de élite caminando entre nosotros sin que sea un escándalo. No tendría que poder pisar ni la vereda de los abucheos!”

También se me ocurrieron algunas cosas más radicales, que no voy a describir y no porque me falten ganas. Lo único que iba a lograr en esas condiciones era terminar sola en un calabozo de Tribunales respondiendo preguntas de Patricia Bullrich. Y así, no lograba mucho.

Porque el tipo encarna una política, y una política que es defender a una clase: la de las patronales del campo, la industria, y las financieras nacionales o multinacionales. Los que todos los días te basurean, que mientras revientan a algunos de laburo en fábricas, oficinas talleres, o en campo, a otros les niegan el trabajo.

Entonces hay cientos que pueden ayudarlo a jugar su papel. Macri no está solo. No está solo en su partido y no está solo en su clase, que también puede apoyar otras opciones si les conviene. Ya dijo Cristina en su momento que durante el kirchnerismo “se la llevaron en pala”. Ellos no dejan de ganar, con uno o con otro. Pero individualmente no podemos hacer nada. La bronca hay que transformarla en organización para barrer con todo y poner en la mesa las necesidades de los trabajadores, mujeres y sectores populares y cómo nosotros opinamos que tiene que organizarse la economia, la salud, la vivienda y el trabajo.

Hay muchos que dicen que no se puede hacer nada hoy, que solo queda esperar y ver si con elecciones algo mejora. Yo no creo eso. Creo que hay mucha bronca y mucha necesidad pero la contienen, porque las organizaciones que deberían salir no salen, ni te van a bancar. Su plan es que cada uno se rebusque hasta donde pueda. ¿Y los que quedan en el camino?

Hagamos un ejercicio entonces. Pensá cuántas veces en un día te gustaría sacar para afuera esa bronca. Cuando te llega una factura de luz que no podes pagar; cuando estuviste al lado de tus abuelos o tus viejos bancándolos porque de la miseria que cobraban, en diciembre votaron robarles más aún; cuando no podes cargar la sube y estás calculando día a día, semana a semana; cuando ves en los diarios cómo los burócratas en sillones de sindicatos -que andá a saber hace cuánto no van a laburar y viven de tu guita- no mueven ni un dedo reclamando salarios y mucho, mucho menos, llamando a todos a salir a las calles contra el ajuste; cuando ves que las pibas más pobres y jóvenes son las que siguen muriendo porque el aborto es ilegal; cuando bancaste frío y lluvia junto a millones de mujeres sólo para ver a esos dinosaurios del Senado arrodillarse frente a la Iglesia; cuando ves a tus amigas que sostienen a sus hijos solas y no llegan ni por las chapas a fin de mes o quincena; cuando tus amigos tienen que dejar de estudiar por laburo o por falta de él; cuando ves que en la tele le echan la culpa a los que vienen de otros países a laburar, como si eso los hiciera más criminales que los que afanan devaluando el peso; cuando a tu hermano lo siguen pateando cada tres meses de taller en taller, de call center en call center, o termina agarrando la precarización del reparto por apps.

Seguro que la última vez que te pasó alguno fue hace un rato. Bueno, ahora imaginate que te lo cruzas a Macri en uno de esos momentos.

Vos, ¿qué harías?



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