Zengakuren: Cuando la juventud japonesa desafió a los cielos

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La juventud puede cumplir en importante rol en la lucha de clases, tal como muestra el desarrollo de los Zengakuren en Japón.

“(…) para el éxito de todo trabajo revolucionario serio, es necesario comprender y saber aplicar en la práctica el concepto de que los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el papel de vanguardia de la clase verdaderamente vital y avanzada. La vanguardia cumple sus tareas como tal vanguardia sólo cuando sabe no aislarse de la masa que dirige, sino conducir realmente hacia adelante a toda la masa. Sin la unión con los no comunistas, en los más diversos terrenos de la actividad, no puede ni siquiera hablarse de ninguna construcción comunista eficaz.” V.I Lenin. 1922. Sobre el significado del materialismo militante

“Hay que plantear ante la juventud obrera el problema de la revolución en toda su amplitud. Al dirigirse a la nueva generación, hay que saber hacer un llamado a su audacia y coraje, sin los cuales nada grande se ha logrado en la historia. La revolución abrirá las puertas a los jóvenes de par en par. ¡La juventud no puede no estar a favor de la revolución!” León Trotsky. 1935. Una vez más ¿A dónde va Francia? [1]

Japón: Relato de la tragedia

Concluida la Segunda Guerra Mundial Japón se vio sumida en la miseria. Con su derrota ante EE.UU el país del Sol Naciente pasaba a la historia por ser el laboratorio del imperialismo yanqui: con sus bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki en 1945, y posteriormente, al pasar a ser dominados por la Suprema Comandancia de los Poderes Aliados (SCAP), política que se extendió a través de la ocupación político-militar del territorio japonés, con el objetivo de transformarlo en un nicho para la proliferación de la expansión de su dominio en el globo. EE.UU preparaba así el tablero para la disputa del mundo para lo que se avecinaba como lo que ha sido históricamente llamando como “guerra fría”.

En la fotografía de izquierda a derecha: Douglas MacArthur, comandante supremo de la SCAP, designado por Harry S. Truman, seguido por Hirohito, después de haber renunciado a ser venerado como un dios.

Dicha ocupación se tradujo en la consumación de la Constitución Posguerra (戦後憲法, Sengo-Kenpō), redactada durante la ocupación aliada por veinte estadounidenses en una operación que se mantuvo en secreto hasta los años 70’s. Con esta Constitución EE.UU ponía a su favor la política interna y externa de Japón. Así “Japón fue ocupado, ocasionando en el archipiélago una caída de su economía, la desmilitarización y el desmantela-miento de antiguos grupos industriales”. [2]

El hundimiento de la potencia japonesa ha dejado a los EEUU como el amo indiscutido en el Pacífico. Al ocupar ellos solos Japón, tienden a transformarlo en su bastión principal en Extremo oriente. Restablecen ciertos sectores de la industria nipona; en particular la industria textil que funciona a pleno rendimiento, con la gran inquietud de Inglaterra y China. Ellos quieren hacer del Japón de nuevo el principal centro industrial de Extremo oriente. La posesión del inmenso mercado de la China es uno de los objetivos esenciales del imperialismo norteamericano. Para lograrlo, los EEUU ponen por delante el principio de “puertas abiertas”, es decir de la no división de China en zonas de influencias y la libertad de la iniciativa privada. La aplastante supremacía económica de los norteamericanos les permitiría así acaparar la totalidad del mercado chino. [3]

Por su parte EE.UU se escudaba planteando que a partir de esta ocupación (que el día de hoy llamarían “Ayuda Humanitaria”) avanzaba en mayores garantías sociales que habían sido negadas durante el dominio militar, [4] con el objetivo de avanzar en la transformación de la estructura socio-política de Japón hacia una de carácter Occidental y situarla como un bastión contra el avance de la URSS y como un bastión del capitalismo. Sin embargo, de la mano de la ocupación vinieron las violaciones masivas a mujeres japonesas por parte de los soldados estadounidenses, llegando a un promedio de 330 por día para la primavera de 1946. [5] Para enfrentar esta aberrante plaga de violadores, el gobierno de la Ocupación desarrolló una política de sistema de burdeles para el beneficio de más de 300.000 tropas bajo la categoría de “mujeres de confort”, un nombre desarrollado para la prostitución estatal, bajo la cual accedían miles de mujeres y niñas para obtener un poco de dinero para ellas y sus familias en con contexto social de miseria que azotaba cada día más al Japón. Nuevamente eran las niñas y mujeres pobres, campesinas y trabajadoras quienes debían afrontar esta aberrante realidad del imperialismo.

El 2º Batallón, 5th Royal Gurkha Rifles, marchando a través de Kure poco después de su llegada a Japón (mayo de 1946).

De la mano de esta represión imperialista vino la censura y represión a cualquiera que se opusiera al gobierno de la SCAP, a EE.UU y a los gobiernos aliados, prohibiendo incluso la utilización de la palabra censura.

A la luz las divergencias estratégicas: La metamorfosis sociológica, la contraofensiva del imperialismo y el PCJ como bloqueo para la lucha

En este contexto la base social japonesa comenzaba a sufrir una metamorfosis que la llevaba a politizarse y organizarse cada día más: proliferaron los sindicatos obreros, y posteriormente los estudiantes constituyeron sus propios organismos de auto-organización llamados jichikai (Asociación de Residentes). Expresión de esto es la movilización que se desarrolló el 1° de mayo de 1946, en donde dos millones de personas salieron a las calles a manifestarse contra el gobierno, bajo la consigna “¡Abajo el Emperador!”.

Bajo este contexto el Partido Comunista Japonés se había hecho de un crecimiento explosivo después de su legalización y de la liberación de sus presos políticos por el régimen de Hirohito, pasando de contar con 6 parlamentarios en 1946, a 35 en 1949. Es en este proceso que el PCJ convoca a una huelga general para el 1° de febrero de 1947 bajo la demanda de mejores salarios. Sin embargo, el gobierno de McArthur amenaza con represión, prohibiendo la huelga general, ante lo cual el PCJ desconvoca la movilización ¿Por qué? Sobre esto volveremos más adelante.

Es en este intertanto que el movimiento estudiantil comienza a despertar de manera reactiva. EE.UU implementa el plan Doshusei [6] con el objetivo de mercantilizar las universidades, financiando la educación mediante empresas privadas y aumentando el costo de la misma exponencialmente. Mientras que por su parte los estudiantes comienzan a articularse entre ellos y académicos de izquierda defendiendo la autonomía de la Universidad ante la injerencia imperialista, decantando en jornadas masivas de movilizaciones que entre el 23 y 26 de junio de 1948, con 300 mil estudiantes y 116 universidades paralizadas, dan pie al surgimiento a la Unión de Todos los Gobiernos de Estudiantes (Zen Nihon Gakusei Jichikai So Rengou), más conocido por su acrónimo Zengakuren (全学連).

Las movilizaciones de estudiantes y trabajadores iban en ascenso. Es por esto que el 25 de mayo de 1950 el gobierno de McArthur promueve la “Declaración de la reconstrucción de la educación”, con el objetivo de occidentalizar la educación secundaria en Japón, a la par de una división entre académicos y alumnos universitarios, buscando ubicar a los primeros contra las organizaciones que se reivindicaban marxistas y de izquierda que proliferaban dentro del movimiento estudiantil y que se reunían dentro del Zengakuren. [7] Sin embargo, el gobierno no consigue controlar la situación y académicos y estudiantes responden con una movilización de 200 mil personas paralizando las universidades durante 26 días.

En este mismo año McArthur lleva adelante la política de la “Purga Roja”, la cual trasladó el modelo macartista y anti-comunista al Japón, con el objetivo de desarticular toda lucha que representase una amenaza para el asentamiento yanqui en el país peninsular y de profundizar en su línea política de hacer del país un bastión anti-comunista. Es por esto que ordenó al PCJ presentar la lista de todos sus afiliados, las huelgas son intervenidas y más de 20 mil obreros son despedidos de sus puestos de trabajo. Posteriormente, se ordena en la universidad la disolución del Zengakuren.

Pese a esto, los estudiantes demostraron nuevamente estar a la vanguardia movilizándose boicoteando las pruebas de acceso universitario en Hosei, además de movilizarse contra la policía en Waseda, con un saldo de 143 detenidos y 86 condenados por la justicia imperialista.

Mientras tanto, el PCJ se encontraba esperando a que la ocupación yanqui cesase para proponerse una práctica que desafiase al gobierno —después de todo eran afines a seguir la política estalinista que llevó adelante la III Internacional burocratizada que se basaba en respetar el acuerdo de Yalta y Postdam que definía la repartición del mundo entre los tres vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

Fue así que el 1° de mayo de 1953, tres días después de proclamarse la independencia del Japón, el PCJ se propone asaltar el palacio imperial con apenas 20 mil estudiantes y trabajadores. El saldo fue catastrófico. Mil doscientos trece arrestos y mil cuatrocientos setenta heridos y dos estudiantes muertos producto de la represión policial. Sin embargo, el PCJ no se queda de brazos cruzados. Las masas lo responsabilizan de la catástrofe y pasan de tener 35 representantes en el parlamento en 1949 con 2.984.780 votos, a perder la totalidad de ellos para 1953, bajando a 896.765 votos. [8] Es así que en su V congreso, realizado en 1955, el PCJ estipula como el parlamentarismo y la disputa legal como única vía para avanzar hacia la conquista del socialismo. Se consolida así la reaccionaria teoría estalinista de la “revolución por etapas”.

Amanecer de una juventud radicalizada: De la universidad al cielo

Por su parte el movimiento estudiantil rechaza los postulados del PCJ y condena a la URSS como cómplice de los ataques imperialistas de EE.UU. Todo esto mientras la lucha física en las calles se recrudece cada día más entre estudiantes y policías. Surgen así las primeras fracciones del Zengakuren, que no conformes con la política de la URSS, se disponen a levantar sus propias formas de organización, dando nacimiento a la fracción Anti-Yoyogi, denominada así por el parque Yoyogi, en donde el cual el PCJ realizaba sus mitines y concentraciones.

Es así que a la luz de las divergencias estratégicas se conforma lo que se conoce como “Nueva Izquierda”, la cual es la expresión de los nuevos agrupamientos políticos por fuera de la política parlamentarista del PCJ. Es aquí en donde sectores que se auto-proclamaban como maoístas y “trotskistas” desarrollaron sus propias fracciones al interior del Zengakuren, ubicándose como la vanguardia en las calles, y radicalizando cada vez más al movimiento estudiantil. Icónicas son las imágenes de los estudiantes que hicieron de los cascos y de los palos de madera sus uniformes de combate contra la policía, a través del planteamiento estratégico de las “guerrillas urbanas”. Sobre este debate estratégico volveremos más adelante.

Bajo esta radicalización que traspasó toda frontera universitaria los estudiantes planteaban la necesidad de unificarse junto a la potente clase obrera nipona. Es así que el mismo Zengakuren y sus fracciones internas desafiaron al gobierno al momento en que éste se propuso llevar adelante el Tratado de Cooperación Mutua y Seguridad (Nichibei Anzen Hoshô Jôyaku) —abreviado comúnmente como Anpo—, el cual situaba a Japón como una carne de cañón ante cualquier conflicto bélico bajo el cual se fuere involucrado EE.UU. Es así que el Anpo despertó un gran descontento no sólo en los estudiantes, sino que le permitió al Zengakuren buscar puentes de unidad con el movimiento obrero.

Expresión de esto es el conflicto desarrollado alrededor de la base militar estadounidense de Sunagawa, la cual para su construcción incluyó la expulsión de 100 familias obreras de sus casas. Ante esto, el Zengakuren levantó un campamento aledaño a la base militar en conjunto con las familias obreras para organizar la resistencia. Es así que para octubre de 1955 acuden aproximadamente quinientas tres mil personas a levantar barricadas y fuertes.

Es en este contexto que sectores socialdemócratas y el PCJ levantan el Consejo Popular (Anpo Joyaku Kaitei Soshi Kokumin Kaigi), con el fin de impedir la revisión del Anpo por parte del gobierno, planteando una táctica que actúe con el objetivo de desactivar al movimiento radicalizado y protagonizado por los estudiantes que cada día tenía más tensos a los imperialistas estadounidenses y a los gobernantes japoneses. Por esta razón el Consejo Popular, pese a integrar al Zengakuren en su interior, este sesionará en reiteradas ocasiones a espaldas del organismo estudiantil con el objetivo de evitar la propagación de la radicalización.

La juventud estudiantil: su potencia de fuego y sus límites. Los nexos entre la vanguardia, las masas y la dirección

Concurrían en este sentido años sumamente convulsivos para la lucha de clases a nivel internacional, sobre todo en el año 1968. Con el triunfo de la revolución cubana a cuestas, y con la victoria parcial de Vietnam sobre EE.UU, la izquierda se encontraba en un momento de inflexión teórica-estratégica. Es así que proliferaron corrientes políticas “sustitucioncitas” como el guevarismo que planteaban que una pequeña vanguardia organizada y armada, sumada a situación de descontento con el gobierno y precariedad en las masas, bastaba para realizar una revolución a través de los focos guerrilleros, sean rurales o urbanos.

Sectores de trotskismo conocido como “el trotskismo de Yalta” no quedó ajeno a esto. Y es que se amparaban en una excepción hecha regla de la teoría-programa de la Revolución Permanente, en donde Nahuel Moreno, referente del trotskismo centrista, afirmaba que: “Hoy tenemos que formular que no es obligatorio que sea la clase obrera y un partido marxista revolucionario el que dirija el proceso de la revolución democrática hacia la revolución socialista”. [9]

Sin embargo, no puede tratarse más que de excepciones. Justamente porque los procesos librados en Cuba y en Vietnam no pueden contrapesar las decenas de derrotas en las semicolonias desde 1948 hasta la actualidad, lo que no hace más que confirmar justamente la teoría-programa de la Revolución Permanente.

Es en este sentido que podemos encontrar a fenómenos espontáneos de una masa heterogénea y policlasista como lo son los estudiantes. Y es que si algo demostró el 68 a nivel internacional, es que la juventud tiene una potencia de fuego indiscutible. Sin embargo, esta potencia de fuego no puede pensarse por fuera de sus percutores ni por fuera de un arma que haga uso de esta potencia.

Sobre esta contradicción, Daniel Bensaïd plantea sobre el movimiento estudiantil francés que:

“La dirección de la lucha recayó de forma inesperada en los estudiantes, el único grupo democrático activo que gracias a su actividad tuvo una gran influencia sobre las masas, y en consecuencia igualmente sobre los acontecimientos. Los estudiantes podían combatir sin ninguna duda valientemente en las barricadas y para su honor fraternizar con los trabajadores, pero eran totalmente incapaces de señalar la dirección para la continuación de la revolución.” [10]

Sin embargo, como un problema vital para esta contradicción debe incorporarse el papel que cumple la organización revolucionaria al interior de los conflictos. Si se afirma que el movimiento estudiantil jugó el papel central y protagónico en el 68 japonés y en toda su experiencia previa, no es producto de la “inmadurez del proletariado” como afirman los stalinistas hasta el día de hoy, quienes prefirieron quedarse de brazos cruzados a esperar el desarrollo de uno de los capitalismos más brutales que ha dado a luz el siglo XX para pensar la posibilidad del socialismo “el día de mañana”. No. Esto se explica por “la decadencia de la burguesía y la deficiencia del factor subjetivo”. Y es a través de este factor subjetivo que se deben plantear puentes entre las masas y la vanguardia, buscando establecer a través de la misma paciente y minuciosa intervención en la realidad, escuelas de guerra que permitan que activistas y cuadros despunten en una consciencia revolucionaria y fusionarse así con la organización revolucionaria. Es esta la relación que permite un programa transicional militado en la práctica y en la lucha. Un programa de éstas características hubiese contemplado la unidad de las luchas entre el movimiento estudiantil japonés y el mismo movimiento obrero. De ser así, el movimiento estudiantil pudo haberse articulado como una potente vanguardia que no sólo se hubiese conformado con romper con el corporativismo y con activar al movimiento obrero, sino que poner en pie un frente único obrero defensivo que luchase bajo los métodos de la lucha de clases contra los planes del imperialismo de hacer de Japón de un bastión capitalista y anti-comunista.

Es así que para pensar estratégicamente la victoria no podemos prescindir del propio planteamiento táctico de un frente único obrero. La gran articulación de las masas en lucha, es decir, el movimiento obrero dinamizado con la potencia del movimiento estudiantil japonés, pudo haber abierto la posibilidad de echar abajo los tratados imperialistas y al mismo gobierno burgués de Japón. En este sentido, para hacer de Japón una fortaleza socialista, se debió avanzar de mínima en la conformación de una organización revolucionaria que se propusiera un gobierno obrero y socialista en ruptura con el capitalismo y el imperialismo yanqui, y superar a la dirección del Partido Comunista Japonés que asentado en la teoría de revolución por etapas se posó cómodamente en el Consejo Popular. Sin embargo, no cualquier organización, sino que de una organización que buscase “aprovechar todas las manifestaciones de descontento, en reunir y elaborar todos los elementos de protesta, por embrionaria que sea”, para despertar así a cientos de trabajadores y estudiantes que se propusieran no sólo acabar con la injerencia imperialista, sino que un propio gobierno obrero en ruptura con el capitalismo, que amplificara esta lucha a través de tribunos populares en cada fábrica, lugar de estudio, e incluso a nivel parlamentario, con el objetivo de darse un canal al odio de las masas y apuntarlo contra el orden capitalista.

En palabras de Lenin (1902):

En nuestros días podrá convertirse en vanguardia de las fuerzas revolucionarias sólo el partido que organice campañas de denuncias de verdad ante todo el pueblo. (…) Para lograr que las personas ajenas nos consideren una fuerza política debemos trabajar mucho y con tenacidad a fin de elevar nuestro grado de consciencia, nuestra iniciativa y nuestra energía, pues no basta con pegar el marbete de “vanguardia” a una teoría y una práctica de retaguardia. [11]

En definitiva, levantar una organización que a través de su práctica política se propusiese unificar las luchas, amplificarlas y direccionarlas a derribar el capitalismo para conquistar un gobierno obrero que se proponga armar a la clase obrera ante la ofensiva imperialista, en desarmar a las organizaciones burguesas, contrarrevolucionarias y paramilitares, instaurar el control de la producción sobre la compleja situación económica en Japón, impulsar un impuesto progresivo sobre los ricos y destruir la resistencia de la burguesía contrarrevolucionaria.

Es en este mismo sentido que Bensaïd afirma que: “los estudiantes no pueden responder por sí mismos a los problemas que afrontan; son incapaces de una línea independiente del movimiento obrero.” La política sustitucionista, y la política etapista del Partido Comunista fueron un bloqueo para el desarrollo de una política que no se quedara recluida en la vanguardia y que se enraizara en las masas para aumentar su potencia de fuego. En definitiva, el aspecto devaluado por las organizaciones que intervinieron en este significativo proceso de la lucha de clases, fue el de combinación entre la conspiración y las acciones de masas. No se puede pensar una revolución triunfante por fuera de estos elementos.

Ser o (y) no ser Ícaro: Conclusiones estratégicas del fenómeno de la juventud del país del sol naciente

En Japón los estudiantes fueron vanguardia. Sin embargo, la vanguardia no se mantiene estática en el tiempo. Esta debe avanzar a constituirse o fusionarse con una organización revolucionaria o se ve condenada a su retroceso y perder su valor de vanguardia. Es en esta sintonía que bajo la política sustitucionista el movimiento estudiantil pasó de cumplir un papel estratégico de ser una vanguardia táctica a ubicarse a sí misma como vanguardia estratégica, sustituyendo el papel central de la clase obrera: la fuerza motriz de la revolución.

Es sobre esta contradicción vital que Bensaïd afirma que: “Puede suceder que en razón del fracaso o de la debilidad de la vanguardia estratégica, una vanguardia de sustitución, una vanguardia táctica, tome momentáneamente su lugar. Pero esa disociación no puede eternizarse. El movimiento estudiantil no puede repetir sin cesar su papel de Mayo sin arriesgarse a estallar; su base social se lo prohíbe. Sólo puede jugarlo en una perspectiva de unión a corto plazo con la clase obrera en lucha.”

Es por esta razón que la única forma de superar esta contradicción que plantea el papel de la vanguardia estudiantil pasa por su fusión con una organización revolucionaria, en su enraizamiento en la clase obrera, y en su intervención en la realidad como factor subjetivo para armarse de cuadros probados en la lucha de clases que permitan abrir el paso de la lucha estratégica por el triunfo de la revolución obrera y socialista.

Los Zengakuren constituyen hasta el día de hoy un ejemplo de lo que pueden hacer los estudiantes en lucha. Sus intentos de unificación con el movimiento obrero, sus combates con la policía y sus series de planteamientos tácticos que permitieron hacer retroceder al gobierno japonés son parte de un largo hilo de historia de la lucha de clases que los jóvenes debemos tomar en nuestras manos hoy en día para pensar y organizar un horizonte sin opresión y explotación. Aprender de las derrotas, sacar lecciones, debatir abiertamente sobre los planteamientos estratégicos nos permite una aproximación a la planificación de la victoria, y a hacernos parte de la larga historia de revolucionarios y revolucionarias que han dado su vida por la conquista del comunismo en el presente. Traer ese ímpetu revolucionario y efervescente es una tarea estratégica de primer orden para pensar el socialismo en el siglo XXI.

Para finalizar estos apuntes y aproximaciones a un balance histórico quisiera cerrar con una cita del viejo revolucionario ruso León Trotsky:

“Sólo el entusiasmo fresco y el espíritu beligerante de la juventud pueden asegurar los primeros triunfos de la lucha y solo estos devolverán al camino revolucionario a los mejores elementos de la vieja generación. Siempre fue así y siempre será así.”

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[1] Trotsky, León, ¿A dónde va Francia? / Diario del exilio, Una vez más ¿A dónde va Francia?, Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP León Trotsky, 2013 (Obras Escogidas 5, coeditadas con el Museo Casa León Trotsky).

[2] Laborde Carranco, Adolfo A. (2011). Japón: una revisión histórica de su origen para comprender sus retos actuales en el contexto internacional. En Claves del pensamiento, 5(9), 111-130. Recuperado en 30 de marzo de 2019, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-879X2011000100007&lng=es&tlng=es

[3] II Congreso de la IV Internacional, (1948) La lucha de los pueblos coloniales y la revolución mundial. Traducción inédita al español realizada por el CEIP LT de la versión publicada en Les Congrès de la Quatrième Internationale, Tomo 3 (1946-1950), R. Prager compilador, Ed. La Brèche, 1988, Francia. Recuperado en 31 de marzo de 2019, en: http://www.ceip.org.ar/La-lucha-de-los-pueblos-coloniales-y-la-revolucion-mundial

[4] Laborde Carranco, Adolfo A. (2011). Op. Cit.

[5] Svoboda, Terese (2008). Race and American Military Justice: Rape, Murder, and Execution in Occupied Japan. The Asia-Pacific Journal, Volume 6, Issue 5. Recuperado en 31 de marzo de 2019, de https://apjjf.org/-Terese-Svoboda/2737/article.pdf

[6] Tome Mosquera, Héctor (2018), Zengakuren: cuando Japón encabezó la revolución en las universidades. Ecos de Asia. Recuperado en 31 de marzo de 2019, en: http://revistacultural.ecosdeasia.com/zengakuren-i/

[7] Lagos Matus, Gustavo. Mac Arthur y la transición de Japón a la democracia. Recuperado en 31 de marzo de 2019, de https://revistaei.uchile.cl/index.php/REI/article/download/15119/29130/

[8] Dower, John W. & Tetsuo, Hirata (2007), Japan’s Red Purge: Lessons from a Saga of Suppression of Free Speech and Thought. The Asia-Pacific Journal, Volume 5, Issue

[9] Recuperado en 31 de marzo de 2019, de: https://apjjf.org/-John-W.-Dower/2462/article.html 6. Nahuel Moreno, “Escuela de cuadros” – Argentina, 1984. Crítica a las Tesis de la Revolución Permanente de Trotsky, pág. 39.

[10] Bensaïd, Daniel & Scalabrino, Camille (1969) El segundo aliento. Problemas del movimiento estudiantil. Recuperado en 31 de marzo de 2019, de: http://danielbensaid.org/El-segundo-aliento?lang=fr

[11] Lenin, Vladimir Ilich (1902) Qué Hacer. Recuperado en 06 de abril de 2019, de: https://www.marxists.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/qh3.htm



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